LOVING VINCENT

Loving Vincent

Dorota Kobiela y Hugh Welchman (Karma)

 

 

Difícil no valorar esta película por el reto que ha supuesto: hay en ella más de 65.000 óleos pintados a mano durante más de dos años por 120 artistas de varios países, entre ellos dos españolas. Cada escena se inspira en un cuadro de Van Gogh, así hasta recoger 100 de ellos. Pero no solo eso, sino que primero se filmaron las escenas con actores reales y, luego, se encargó a los pintores que rehicieran al óleo cada uno de sus fotogramas, hasta 10 por cada segundo de película.

 

Lo que queda claro en esta cinta épica en su realización es la devoción que todos los implicados demuestran por la obra del pintor holandés. Y eso es lo que transmite la pantalla, con unas imágenes deslumbrantes desde el primer fotograma y que piden ser visionadas una y otra vez.

 

Lo menos relevante es la historia escogida para darle consistencia: el hijo del cartero amigo de Van Gogh en Arlés recorre el pueblo de Auvers, donde Van Gogh pasó sus últimos días, intentando recrear los últimos días del artista y los posibles motivos para su suicidio. No es más que una excusa para disfrutar con los sentidos cada uno de esos miles de cuadros dispuestos en celuloide, a pesar de la incómoda sensación de temblor que desprende la técnica empleada.

 

 

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