LOVE SHINES

Love Shines

 

 

 

Este verano, Ron Sexsmith hizo una pequeña gira por España. En persona pretendía aparentar una cierta confianza adelantando que ya no sufría la crisis personal que se reflejaba en el documental Love Shines (entonces inédito en España). A continuación preguntaba cuánta gente iría a verlo, si se conocían algo sus discos, quién los distribuía. Vamos, que las dudas de Love Shines, película que se incluye dentro del Festival In-Edit que estos días se celebra en Barcelona y que se puede ver en toda España durante tres semanas en filmin.es, seguían estando ahí por mucho que lo negase.

 

 

 

Es consustancial a él. Está en su persona y no puede negarlo ni ocultarlo. Puede que eso también ayude a que se le valore. No está cegado por la fama, se muestra honesto cómo es y, sobre todo, sus canciones respiran sus dudas, su desazón, su melancolía, su verdad.

 

 

 

Cuando el canadiense supo que pretendían hacer un documental sobre él, le extrañó, pero dejo hacer. Durante varios años las cámaras de Douglas Arrowsmith le siguieron. Recogieron sus inquietudes, imágenes de su infancia, su temprana paternidad a los 20 años, sus años locos a los treinta, su dificultoso ascenso hasta convertirse en un cantautor respetado y, también, instantáneas de sus conciertos (incluyendo su triunfal actuación en el Masey Hall de Toronto, su sueño desde niño, aunque ese día se mostrase más preocupado por si aparecería su hijo que por cualquier otra cosa).

 

 

Pero todo cambió en el guión del documental cuando sus dos anteriores discos (Time Being y Exit Strategy of the Soul) no llegaron a ningún lado. Sexsmith entró en una crisis que le llevó a pensar en abandonar la música. Por suerte, sus más allegados le convencieron para darle una última oportunidad y hacerlo, además, a lo grande. Así que con sus ahorros y un adelanto de su editorial se decidió a grabar su nuevo disco con Bob Rock, uno de los más exitosos productores norteamericanos y, en principio, ajeno a su obra (es más conocido por su trabajo con figuras del heavy y hard rock como Metallica o Aerosmith).

 

 

 

Ambos persiguieron entonces la idea de conseguir un cierto éxito para Ron, pero sin que ello implicase renuncia alguna, y menos a lo que es su fuerte, la composición, algo que por fin lograron con Long Player Late Bloomer. Con este planteamiento surgido de la realidad de la vida del cantautor, el documental pasa de la crisis a la grabación que ponga fin a las dudas, pero ni siquiera así Ron Sexsmith recobra la total confianza. Sí, vemos a un artista frágil, inseguro, pero ese es precisamente el mérito de su obra y lo que le da a la película una carga emocional que en un principio ni buscaba ni sospechaba encontrar. No es extraño, pues, que la película acabe reconociendo que “resulta más fácil ser mejor humano en canción que en la vida real”.

 

 

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