LOS DUQUES DE MONTERREY

Los Duques de Monterrey, albariño y guacamole

 

 

Antes de editar Chili con grelos, su primer álbum como Los Duques de Monterrey, sus dos artífices han venido formando parte de un buen montón de proyectos que se han cocido en Vigo en las dos últimas décadas. Linda Lamarr ha pasado por Pussycats, Thee Tumbitas o Heroínas e Indy Tumbita ha estado, además también, en los Villanos de Boraville, Los Profesionales, The Passadenas, The Tora Tigers, Pedrito Diablo & Los Cadáveras o Joao Tomba. Hablamos con Linda dudando entre el mezcal y el licor café para acompañar la charla.

 

Además de su estilo inconfundible, ¿qué tiene de especial Los Duques de Monterrey?

– Que nos flipa… patinar, je, je. Lo especial es que somos el único grupo que practica el narcocorrido de batea, género que combina la nostalgia revolucionaria del este con la subcultura rockanroliana del oeste. Tal engendro solo podría tener su origen en Galicia, escenario de todas nuestras canciones.

 

¿Cómo fue el debut, De asuntos perros? ¿Alguna curiosidad? ¿Algún eco desde Latinoamérica?

– De momento no nos hemos prodigado demasiado. Aun así, creo que ya deberíamos estar destrozando hoteles o comprándoles limusinas a nuestras madres. En fin, no ha ocurrido eso, pero sí ha habido buena acogida por la comunidad latina, que sabe lo que vale un peine. También tocamos con Milladoiro –gran orgullo– y su público se enganchó completamente con nuestro repertorio.

 

¿Seguís manteniendo la misma banda de entonces?

– La banda somos el Duque y yo, la Duquesa, acompañados siempre de Paco Serén, corsario en excedencia y master de los ruidillos. A partir de este núcleo duro, siempre nos hemos rodeado de excelentes músicos: Zopilotes Txirriaos, Andrés Cunha, Emilio Iniesta, Lucas Fernández, Nico Lysergic, Charlie Bass, David Rodríguez, Borja López, Alberto Sánchez o Glen Gib.

 

A la hora de componer, ¿hay que pensar que van a ser canciones para este proyecto o salen de forma natural?

Pues no necesitan de ninguna elaboración especial, simplemente que algo inspire una nueva canción y, llegado ese momento, ya sabes naturalmente si pertenece al mundo Joao, al de Heroínas o al de Duques.

 

Las letras trazan paralelismos entre lo que sucede en México y en la Ría de Arousa con el narcotráfico, en ambos casos provocado por la corrupción y la miseria. Ambos son lugares idílicos transformados en infiernos donde la injusticia hace que sea difícil distinguir entre el bien y el mal, ¿no? Supongo que eso es lo que da mucho juego en las letras.

– Estoy tan de acuerdo con estas palabras que parece que yo misma las hubiese redactado. Por otro lado, pienso que el crimen es un factor revolucionario en potencia en tanto que desafía la ley hecha por los opresores que pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino.

 

Ahí están Rosi, la reina de la coca, que nació en un barrio de Vigo y acabó al frente de un cartel allende los mares; Don Pedro, que se negó a pasar de los negocios del tabaco a los de la coca y fue asesinado a manos de su hijo Pedrito… Lo mejor es que se recogen los hechos sin más, sin tomar partido. Supongo que esa era la idea desde el principio, ¿no? ¿Algún límite os habéis puesto en lo que se cuenta?

De nuevo no puedo estar más de acuerdo con esas palabras. La veracidad es la única máxima a seguir

 

¿Hay alguna otra versión que incluyáis en vuestros directos?

– Sí, hacemos clásicos variados, pero no voy a reventar la sorpresa. Es mejor que nos vengáis a ver y lo disfrutéis en directo.

 

Chili con grelos se titula el disco. ¿Sería ese el menú perfecto para acompañar la escucha del disco o hay otras opciones? ¿Y con qué se acompaña mejor este suculento menú, con una botella de tequila o de aguardiente?

– El maridaje del amargor de nuestro grelo con la acidez de los sabores cítricos de la comida mejicana resulta perfecto. Si a esto unimos la conjunción del aguardiente de hierbas y el mezcal o tequila pueden saltar chispas. Por no hablar del chile de Padrón, la filloa con guacamole, o el Chapo Miñancos.

 

 

Por cierto, no sé si conocíais el libro de Jesús Ordovás sobre Siniestro total llamado Apocalipsis con grelos.

– Pues sí, sé de su existencia pero no lo he leído. Este Julián Hernández siempre nos está imitando, je, je. En fin no puedo dejar de emocionarme siempre que se cita a la reina madre.

 

El disco coincide en su edición con la emisión de la serie Fariña en TVE. ¿Ha sido casualidad? Por cierto, ¿la habéis visto? ¿Os parece que recoge bien cómo era aquella época de principios del narcotráfico en Galicia? ¿No os propusieron formar parte de su banda sonora? Sería lo lógico.

– La verdad es que no somos tan listos para elaborar estrategias tan sofisticadas como hacer coincidir la edición del disco con la emisión de una serie de éxito. No entramos en la banda sonora y me parece una decisión acertada por parte de los responsables. ¿Qué pinta una banda de narcocorridos gallegos en una serie sobre narcotráfico gallego? Sería redundancia o sobredosis. Menos mal que siempre está el amigo Ferreiro y otras viejas glorias para solucionar la papeleta. En cuanto a la serie, he visto poco pero reproduce tal cual esa época y ese ambiente. En los años 80 en Galicia, como en el PP, la fiesta no se acababa nunca.

 

Me parece de justicia poética que el primer grupo que haga este tipo de música en España sea de Galicia, que siempre ha tenido una relación más directa con Latinoamérica. ¿Os veis como parte de una tradición que pasaría por las orquestas de las fiestas y que continuaría en el precedente del rock latino, Víctor Coyote?

– Gran parte de mi familia, como la de muchos gallegos, está desperdigada por toda América, de Nueva York a Buenos Aires pasando por México, Cuba o Venezuela. Tras peripecias variadas, guerras civiles y hambrunas, fue en América donde encontraron su destino. Adoro ese continente aun a pesar de sus contradicciones. Y con respecto a lo de la tradición, suscribo el pangalegoamericanismo de Víctor Coyote, incluyendo a Portugal. “El día que Galicia mire a Portugal, ese día voy a bailar”. Las orquestas antiguas también son santo de nuestra devoción (Los Tamara…) pero no esas orquestas de saltimbanquis al estilo de la Panorama.

 

¿Qué otras referencias o influencias no tan evidentes aparentemente marcarían vuestra música y vuestros textos?

Las referencias en Duques son vastas y variadas, y no siempre relacionadas con la música. El objeto de atención es la realidad de nuestra tierra reflejada aquí en asuntos de narcotráfico, que siempre son más vistosos, pero que a la vez encierran la misma perversión que el chantaje a los ganaderos o el clientelismo de los caciques. Nos inspira Velázquez, que finge retratar al monarca de manera neutral cuando realmente el cuadro contiene más mensaje. Igualmente influyente sería Bertolt Brecht y su teatro distante, Buñuel y sus contradicciones, Chavela Vargas, las poses de María Félix o Inma Summac, el marxismo, Beiras y Fraga, Trosky y Mercader, Frida Kahlo y Maruja Mayo y todo el rock que nos ha acompañado a lo largo de nuestras vidas, querido Elvis, queridos Cramps, queridos Ramones, queridos Pistols o queridos Lobos. Paro aquí u ocuparía el espacio de varios Rutas.

 

La imagen también es una parte importante, me imagino. ¿Os resulta fácil conseguir lo que queréis representar? ¿Se combina bien con vuestra procedencia del mundo del rock?

– A través del reclamo de la estética se inocula el germen de la ideología y, una vez propagada la infección, el público toma partido. Si nos es fácil.

 

Por último, supongo que esta aventura se presta a malentendidos y situaciones pintorescas. ¿Alguna anécdota que nos podáis contar?

– Hay anécdotas curiosas, como la de un tan pequeño como fanfarrón narco local que pretendía que le escribiésemos su narcocorrido. Por supuesto, le interrogamos entonces acerca de su historial delictivo y, al saber que no pasaba del menudeo y de cuatro hostias de barrio, le propusimos componerle en su lugar una cumbia.

 

 

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