LOS CORONAS 2009

Los Coronas, sobre las olas del surf hispano

 

 

 

Sex Museum por un lado y Los Coronas por otro. Proyecto paralelo con el surf como motivo principal. Después de muchos años de existencia, Los Coronas empiezan a obtener el merecido reconocimiento. El baile final… de los locos y los cuerdos es el disco que están presentando en gira por todo el Estado.

 

Son muchos años ya como Los Coronas. ¿Se aprecia un mayor reconocimiento últimamente?

          – Sí. Creo que lo hemos conseguido por una mezcla de tocar mucho, de hacerlo cada vez mejor y, sobre todo, porque las películas de Tarantino han puesto de moda y han dado a conocer un estilo que durante años ha sido totalmente desconocido… ¡el surf instrumental!

 

¿Con qué disco pensasteis que habíais dado un acercamiento a un mayor público?

          – Tal vez sea éste, aunque más que por el disco, por el momento. Con los anteriores discos nos costaba hasta conseguir las direcciones de los periodistas para enviarles los discos, ahora se ponen ellos en contacto.

 

En este nuevo disco hay un homenaje a Fernando Fernán Gómez. ¿Qué queríais reivindicar con él?

          – Su actitud es más rocanrolera que la de todos los rockeros españoles que puedan llenar una plaza de toros juntos. Su grito "A la mierda" es el mejor purgante para echar la estupidez fuera, un grito con el que todos nos podemos identificar, porque siempre hay alguien cerca o alguna situación que se lo merece. Resumiendo, en España hay tres tipos de personas: los que merecen que se les mande a la mierda, los que no tienen narices para hacerlo y Fernando Fernán Gómez. Cuando eres un tío tan grande como él, la estupidez que hay alrededor te hiere, y él es uno de los pocos que tiene las pelotas de dejar claro lo que siente. Y en voz muy alta.

 

¿Y con la versión de Kraftwerk? No es un grupo que uno situaría en la órbita del surf.

          – A mí el riff me parece muy surfero, con un poco de reverb y algo de eco suena a película del Oeste. Seguro que alguno de los miembros de Kraftwerk tiene fotos de cuando era pequeño vestido de vaquero.

 

Está a medias con “Ryders In The Sky”, y también hay una versión de “Libertango”. ¿Qué otras versiones hacéis últimamente y cuáles habéis probado y nunca han salido?

          – El otro día metimos el “Wipe Out” en medio de otra y quedó muy bien. Lo seguiremos probando una temporada a ver qué tal queda. También solemos hacer “Peter Gun”. Sabemos que un concierto entero de instrumentales se puede hacer pesado y, de vez en cuando, metemos alguna chorrada que conozca el público no especializado para recuperar la atención, depende del día. Hemos hecho versiones de los Ruts, de Metallica, de la Creedence o Tony Joe White en plan instrumental para refrescar un poco el cerebro del oyente. Los comentarios más escuchados de la gente que venía a nuestros conciertos en los primeros 10 o 12 años eran: "¿Y el cantante?" o "Se me hace muy pesado un concierto instrumental entero". Eso nos hizo probar de todo: gogós desnudas, un bailarín rapero quemándose a lo bonzo, un hipnotizador en el escenario, un trompetista con una cabra -al final el trompetista se quedó y nos comimos a la cabra-, un tío que recitaba poesía, otro que contaba chistes entre canción y canción… De todo.

 

 

 

 

¿Qué canción os gusta más de este último álbum y cuál está resultado mejor en directo?

– No sé, aún está demasiado reciente.  A mí ahora no me gusta ninguna… Es coña.

 

Dentro de poco estaréis en el Festival americano South By Southwest en Texas. ¿Ilusionados?

          – Sí, hay bastantes ganas, por viajar, por comer filetes de brontosauro tejano, por ver conciertos, tocar en superestadios y microgaritos… Hay muchas ganas, la verdad. A ver si lo hacemos más habitualmente.

 

¿Cómo surgió vuestra participación ahí?

          – De rebote: iba a ir otro grupo, no pudo y nos llamaron a nosotros. Una vez supimos que íbamos, nos movimos un poco y empezamos a conseguir conciertos fuera de lo que se organiza desde España. Ahora tenemos incluso una televisión y un par de conciertos cada día, no está nada mal.

 

¿Cómo se recibe fuera un grupo español tocando surf?

          – Depende. Los españoles tenemos fama de ser muy malos haciendo rock, no se cómo nos lo habremos ganado… En los festivales te ponen al principio, hasta en el Azkena,  y cuando arrasas al típico grupo europeo de "pintillas retro e instrumentos vintage" ya no te hablan más y te retiran el saludo. Es divertido, una especie de reto. Llegas, te lo curras a saco, das un pedazo de concierto dejándote la piel, y el resto de los grupos ya no te habla porque notan que eres un arrogante lleno de amor propio y ganas de picarse con cualquiera de los grupos que tocan. Y te vas tan contento al hotel. Al menos yo, que soy un poco hijoputa. Si encima eres más alto que ellos y tocas mejor un estilo que se supone que no dominas porque España es como Turquía para ellos, mejor. A ver que tal en Texas, aunque los americanos son más curiosos y menos prejuiciosos que los centro-europeos. Y seguro que más altos. Todo hay que decirlo, en r'n'r nos dan mil vueltas a todos los europeos, incluyendo ingleses y nórdicos.

 

Y en nuestro Estado, ¿hay receptividad al surf?

          – Cada vez más. Al principio nada, pero a base de Pulp Fiction y luego Kill Bill y Death Proof, el surf se ha convertido en algo bastante ‘cool’. Hasta los hardcoreros se han tirado al surf, ahora solo faltan los indies.

 

¿Creéis que hay lugar para más grupos surf aquí? ¿Cuáles destacaríais?

          – Claro, como es algo muy independiente o underground, hay un hueco enorme. Veo más complicado que se convierta en algo muy popular y de gran repercusión. Están muy bien Imperial Surfers, Malignos y Pataconas por ejemplo.

 

¿Se puede decir que la evolución en el grupo ha pasado por acercarse algo más a un sonido hispano?

          – Sí, y era necesario apostar por algo personal y distinto a las miles de bandas de surf que hay por el mundo, la mayoría tocando incluso las mismas versiones de los mismos clásicos. De cualquier modo, al meter más influencia del pasodoble o flamenco tomado directamente de las raíces españolas y no de la reinterpretación que hacen los americanos, sabemos que nos la jugamos. El surf instrumental es algo muy hispano, al menos en la raíz, y muchos de los clásicos de surf de los 60 son directamente canciones tradicionales españolas con un ritmo rocanrolero como hacen los Trashmen con “Malagueña” o Dick Dale con “The Wedge”. Esto es probablemente lo que más tira para atrás aquí del surf. Un americano ve muy vacilona la influencia hispana, como Lee Hazlewood o Love en los 60 y Calexico ahora, pero esa influencia a un español le suena demasiado a Paco de Lucía, Pepe Pinto o los Amaya, precursores del rollo gafapasta. Dentro de un año te diremos si hay o no receptividad. El poner al día toda esa influencia sin caer en la pachanga facilona y los pelos de punta es aún una asignatura pendiente y hay que conseguirlo. Alguien tiene que hacerlo primero y nos ha tocado a nosotros. Por lo menos mezclar un pasodoble o un fandango con r'n'r es algo que intentaron hacer en los 60 por ejemplo los Pekenikes, y eso da una referencia, aunque no se parezca a lo que nosotros hacemos. Aunque era otro régimen…

 

¿Tiene que ver en ello el papel más relevante cada vez en vuestro sonido de la trompeta?

          – Sí, pero para hacer todo más complicado tenemos un trompetista ruso, ucraniano más exactamente. Con la trompeta buscamos darle un toque entre mexicano fronterizo y pasodoble de corrida de toros, y todo con guitarras llenas de reverb y una base rítmica súper-rockera. Aunque parezca imposible, la cosa funciona.

 

¿Cómo está yendo la gira actual?

          – Muy bien, aunque nuestra gira actual empezó hace 8 años porque nunca dejamos de tocar. Somos músicos al viejo estilo, todo el día tocando, viajando, siempre en movimiento. No cambiaría esa vida por nada, el rollo de gitanos nómadas del r'n'r viajando siempre, y como una familia peleándonos todo el día.

 

¿Qué podemos esperar de vuestros conciertos en Galicia?

          – Pues ver a cinco tíos que llevan años haciendo lo mismo, tratando de superase y dando lo mejor de ellos mismos, que no es poco. Y mucho r'n'r, con un batería loco, un trompetista ucraniano al que sólo le falta la cabra, un profesor universitario lleno de tatuajes y un par de pecadores melenudos que sólo encontrarán su redención extendiendo su mensaje de rock por estos mundos de Dios. Es una mezcla de vendedores de elixires mágicos con predicadores y contorsionistas, todo con música surf súper reverberada. Vamos: una gran farsa con música de fondo.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de estos años en el mundo de la música?

          – Ni me acuerdo. Ya tengo cierta edad y a veces cuando subimos a la furgoneta pregunto que dónde está el cantante… Se me va la olla, como para acordarme de anécdotas. Otro día se lo preguntas al universitario.

 

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