LORETTA LYNN

Loretta Lynn, la hija del minero

 

         A sus 60 años, y cuando estaba un tanto olvidada, la gran dama del country Loretta Lynn ha encontrado en Jack White, de The White Stripes, su gran valedor para un regreso por todo lo alto, Van Lear Rose

Se ha extendido el rumor de que éste es tu disco de despedida.

         – No, no lo es. Sin ir más lejos, ahora mismo estoy trabajando en una serie de canciones religiosas. Hasta ahora sólo había grabado un disco de canciones navideñas, A Country Christmas, de 1966, justo cuando llegué a Nashville, así que pensé que tenía que ponerme a escribir algo en ese sentido. 

¿Cómo fue el encuentro con Jack White de The White Stripes?

         – Trabajamos en Nueva York juntos y hemos estado hablando mucho por teléfono. Jack vino un día a verme y le preparé a él y a Meg pollo y pan casero. Pasamos un gran día. Me preguntó si tenía intención de grabar algo y, cuando le contesté que sí, dijo que quería producirme. La verdad es que lo iba a hacer yo. Es mejor que lo haga otra persona, especialmente un chaval de su edad. Con él grabé todo de una toma y casi no le añadimos nada después. Con Owen Bradley, el legendario productor de Nashville con el que trabajé tanto, tenía que cantar todo tres o cuatro veces. Aunque también es cierto que he visto mucho de Owen Bradley en Jack White mientras acababa el trabajo de producción del disco. Es un gran productor, tanto que le dejé hacer lo que quisiera. 

La canción “Story Of My Life” es una visión con humor del negocio de la música. ¿Te llegaron a pagar por la película Quiero ser libre (Coal Miner’s Daughter), tu biografía?

         – Eso me gustaría saber a mí. Habría que preguntárselo a mi antiguo manager para asuntos de negocios. Todo el mundo hace dinero, mucho más de lo que nunca hubiera imaginado que se pudiera hacer. Ha sido así toda mi vida. Y he trabajado duro, ¿sabes? Es bastante extraño mirar atrás y ver lo que ha pasado. ¿Si haría las cosas de diferente forma? No lo creo. Hubiera jugado mis cartas de la misma forma en que lo hice entonces. 

Eras ya una gran estrella a los 27. ¿Tenías entonces un plan en mente?

         – He estado cantando para niños desde que tenía 14 años -a los 18 ya tenía cuatro hijos-. Mi marido Oliver Doolittle llegaba de trabajar y me escuchaba cantarles a mis hijos para dormir “White Christmas”, que era la única canción que conocía. Una noche dijo que me iba a llevar de gira, que era mejor cantante que todas las cantantes que estaban por ahí ganando dinero, que íbamos a dar conciertos durante dos años, construirnos una casa nueva y que no volveríamos a trabajar. Era su sueño. No pensaba que en dos años no seríamos capaces de comprar nada. No es así, hay que trabajar duro. Pero creo que ese sueño fue lo que hizo que sucediera. Él pensaba que lo podía hacer y yo hice lo que estaba en mis manos para demostrar que podía hacerlo. Oliver creía tanto en mí que no hubiera soportado haberle decepcionado. 

Ayudaste a cambiar el papel de la mujer en la música country.

         – Cuando Patsy Cline estaba aquí, ella podía pelear por mí. Cuando se murió, yo hice algo por ella. Pensé en quién iba a ayudarnos entonces, y creo que pensar en ella me dio la fuerza necesaria. Tenía que mantener esa llama viva. Patsy no hubiera estado orgullosa de mí si hubiera bajado la guardia. Hasta el propio Owen Bradley me dijo: “Eres la única cantante que no teme llegar, decir las cosas como son y marcharse. Quiero que sigas siendo así toda tu carrera.” Owen ya no está aquí, pero nunca le he decepcionado. 

Háblanos de tu trabajo como duetista con Conway Twitty.

         – Conway era el mejor amigo de mi marido. Nunca tuvimos ningún problema en el estudio. Cada vez que entrábamos allí, salíamos con una canción. Conway era uno de los mejores cantantes que he oído jamás. Cuando estoy sobre el escenario, pienso en él y le digo a la gente que cantar era todo para lo que vivía Conway. Cuando sufrió el aneurisma en el estómago estaba de camino hacia el hospital a ver a mi marido. Vi llegar el bus y bajé a encontrarme con él, y lo que vi es que lo estaban metiendo en una camilla. Quería centrar sus ojos en mí, pero sólo salía sangre de su boca. El conductor del autobús tuvo que decirle a mi marido aquella noche que su mejor amigo acababa de morir. Yo lo quería mucho. Fue muy desagradable. 

Van Lear Rose es muy autobiográfico. ¿Has dicho ya todo lo que tenías que decir?

         – De ninguna manera. Aún no he acabado con este mundo. Créeme, hay muchas cosas que me gustaría decir. Ya me conoces.

Xavier Valiño

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