LES CÉVENNES, FRANCIA

VIAJES


Les Cévennes, caminos de literatura y castaños

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Era el 22 de septiembre de 1878. El entonces joven y casi desconocido escritor Robert Louis Stevenson partía a pie de Monastier-sur-Gazeille acompañado de un burro llamado Modestine. Doce días, 220 kilómetros y muchas aventuras después, llegaba a Saint-Jean-du-Gard. Su diario de la larga caminata, publicado por primera vez en 1879 bajo el título de Viajes en burro por Las Cévennes, ha sido desde entonces objeto de lectura y admiración por parte de generaciones de lectores, al igual que otros libros suyos como La isla del tesoro o El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde. 

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Hoy, aquella mítica aventura se puede seguir tal cual se desarrolló, al pie de la letra –y nunca mejor dicho-. En los últimos años todo ha sido preparado en el Parque Nacional de Les Cévennes para que el viajero camine por la misma ruta que Stevenson, con o sin burro.

En 1994 se creó la Asociación del Camino de Robert Louis Stevenson, con el objeto de cubrir las necesidades de una ruta que tiene un incesante y particular peregrinaje desde finales del siglo pasado. Así, hoy en día, en los 49 establecimientos que se encuentran en las 21 poblaciones por las que pasa la ruta se ofrece alojamiento, comidas, alquiler de burros, caminatas guiadas, etc.

Pocos recorridos hay en Francia con una historia tan curiosa como ésta. Pero no es el único en un país que tiene por principio desde hace bastante tiempo mantener una red de caminos perfectamente señalizados para todos aquellos que quieran practicar el senderismo.

En el Parque Nacional de Les Cévennes, los senderos han marcado la vida diaria durante siglos: caminos por los que se accede a las tierras cultivables o a los pastos, rutas militares y vías de peregrinación. Hasta nueve caminos de gran recorrido -Grand Randonnée- se hallan dentro de los límites del parque, con trayectos que van de 3 a 6 días, aunque si se mencionan aquellos que de larga duración que cruzan el parque en alguna dirección, el número se eleva hasta 21.

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También están perfectamente señalizadas cuatro rutas a caballo: Aigoual, Hautes Cévennes, Monte Lozere-Boues y el circuito de 160 kilómetros a Florac. Otras dos rutas, en el Monte Aigoual y alrededor de Meyrueis, están pensadas para las bicicletas de montaña. No es todo: aquellos que buscan caminatas de menos de diez kilómetros, perfectas para completar en una jornada -Petite Randonnée-, tienen más de 300 totalmente indicadas que parten desde distintos puntos del Parque. Todo esto convierte al Parque en la zona de Francia con mayor número de sendas señalizadas.

 Pero, ¿qué es Les Cévennes? Este Parque Nacional, reconocido como tal en 1985, es el único que Francia tiene en las montañas del Sur. En esta región la piedra y el agua se unen para crear un universo auténtico y muy especial de montañas y valles bendecidos por el sol del Mediterráneo. Una red densa de ríos impetuosos, llamados Gardons, ha fragmentado el paisaje en mundos cerrados. Los castaños o las terrazas de piedras secas son el escenario por el que aún caminan los pastores trashumantes.

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En sus valles y montañas conviven 41.000 habitantes con un pasado cultural más que importante. Además, desde la fecha de su protección definitiva, se ha convertido en la zona de Europa en la que se ha producido el mayor enriquecimiento biológico.

Con la reducción de las zonas de cultivo y la recuperación de los bosques y páramos, en los últimos años han vuelto numerosas especies a la zona, como nutrias, pájaros carpinteros, lechuzas, buitres, ciervos rojos o castores. Hoy, entre las 2410 especies del parque se pueden encontrar 70 clases de mamíferos, 195 de pájaros, 31 de reptiles y anfibios, 23 de peces y más de 1800 de insectos.

En el punto más alto del Parque, el Monte Lozere a 1699 metros, la vegetación es la típica del círculo polar. En las zonas bajas, influidas por la cercanía del Mediterráneo, crecen especies más habituales de los trópicos secos. Aparte de las 48 especies endémicas y protegidas del parque, lo más llamativo es la presencia continua de castaños, una producción que se remonta a más de mil años atrás y que contribuye a forjar definitivamente el paisaje.

En el Parque se han delimitado también once rutas turísticas, que cubren todos los puntos de interés. Además de varios chateaus -monumentos artísticos similares a los castillos-, se pueden visitar pueblos perfectamente conservados como St. Enimie o La Canourge, que algunos llaman la Venecia francesa.

Dos reservas totalmente protegidas guardan sendas reservas de lobos y bisontes, esta última la única que hay en Europa. En St. Laurent se pueden contemplar numerosas huellas de dinosaurios. Y la cueva de L’Aven Armand es lo suficientemente grande como para cobijar en su interior la Catedral de Notre Dame. Por si no fuera suficiente, también se puede practicar esquí de fondo, piragüismo, espeleología, escalada, pesca… No está nada mal para un parque que alguien pensó que era mejor recorrer en burro.

Alojamiento:

– Camping naturista La Combe de Ferrière: tan escondido y pequeño que no se escucha un ruido. Web: http://www.la-combe.com

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