LE PUNK

Le Punk, exóticos a su manera

LE PUNK 3

 

         Venían de grupos rock, pero hace cosa de unos cinco años montaron Le Punk con la intención de mostrar su pasión por las músicas arrabaleras y pensar más en “seducir a la gente a pie de obra y menos en los pantalones para hacer el video”. Tras un primer álbum, La logia de la canalla, regresan con No disparen al pianista.

 

¿Había alguna idea antes de grabar el segundo disco para marcar distancias con respecto al primero?

– No había ideas preconcebidas, pero a medida que íbamos componiendo nos dábamos cuenta de que nos alejábamos más de los tangos y nos acercábamos a la música europea.

 

¿Algo que no queríais repetir?

– No. Yo pienso que los discos tienen su vida. Casi todos los discos molones tienen cosas feas que también forman parte de su personalidad. La grabación de La logia de la canalla fue un proyecto muy humilde, con poquito dinero, y eso condiciona también. Cuando aparece una discográfica y paga la factura del estudio, puedes hacer más cosas, probar más. Cada disco aprendes.

 

¿Cuál fue el papel de Fino Oyonarte, de Los Enemigos y Clovis, el productor?

– Alguien que desde fuera del grupo aporta su punto de vista. A veces, pese a trabajar mucho las canciones, pierdes algo de perspectiva, ves las canciones desde tu instrumento, por decirlo alguna manera. Era necesario que alguien estuviese con nosotros, además nuestra experiencia en estudio no es muy grande.

 

¿Qué canciones son la que más os gustan del disco y cuáles están funcionando mejor en directo?

– En mi caso cambio de canción preferida cada semana o así. En general, las canciones funcionan mejor en directo siempre. Supongo que tiene que ver con que somos un grupo de directo pero cada una funciona de una manera. Creo que también depende de los sitios donde tocas, de tu estado de ánimo, en fin… Mi canción preferida hoy es “La Piedra”.

 

¿El acercamiento a la música balcánica que se muestra más ahora viene más del cine que de la música de allí?

– Sí, o por lo menos nos empezamos a interesar por ella a través de Kusturica.

 

¿De donde os viene ese amor por esas músicas más arrabaleras, como el tango, la música balcánica, el swing, la milonga y tantos otros estilos?

– Esas músicas son quizá mas orgánicas, están pensadas para ser compartidas pese a que las letras, la mayor parte de las veces, sean tristes o melancólicas, pero de alguna manera no hay artificios detrás de ellas. De acuerdo que todas tienen, o tuvieron, su estética asociada, pero quizá solo quieren fascinar mientras suenan, no hay foto asociada, mercadotecnia…. Quizá por esa razón, esa gente que hizo esas músicas, o que las hace, piensa más en seducir a la gente a pie de obra y menos en los pantalones que se pondrá para hacer el video.

 

¿Cómo se entienden estas músicas desde vuestra procedencia, más del rock, con grupos como Buenas Noches Rose, Yoghourt Daze, Perros de Paja, Pereza y Bru Culebra?

– Ése es nuestro pasado, venimos de allí. Quizá detrás de las composiciones, independientemente del ‘lenguaje’ o ‘el estilo’ que se utilice para comunicar, hay la misma motivación. Pero en un momento sentí que me encarcelaba yo mismo en una estética musical. Uno es lo que es, de donde viene, pero sobre todo es lo que quiere ser. La música es un paisaje grandísimo; a mí me apetecía ver otros sitios, aunque es cierto que la primera canción que me flipó de verdad era un blues, y eso me gusta.

 

¿Por qué pensáis que hasta ahora el rock ha sido poco permeable a otros estilos?

– Porque a menudo cae en manos de mediocres que enseguida teorizan sobre lo que está bien y lo que está mal, como en casi todas las músicas. Pero siempre ha habido gente que ha hecho lo que le ha dado la gana, y tratar de hacer lo que te da la gana es uno de los pilares básicos del rock and roll, o por lo menos yo lo veo así.

 

Supongo que será difícil hablar de grupos actuales por aquí con los mismos referentes, si exceptuamos puntuales acercamientos de Bunbury, Mastretta o Los Rodríguez, ¿no?

– Es verdad que somos un poco raritos. A lo mejor el resultado no es parecido, pero seguro que hay mas gente haciendo música con la misma filosofía.

 

El primero que se me ocurre es Malevaje. Además habéis contado con Antonio Bartrina. ¿Los seguíais?

– Antonio Bartrina, el hombre que hacia tangos en la época de la ‘movida’ madrileña, un tipo genial, una gran referencia para nosotros. Cuando le invitamos a cantar y vino fue un alegrón. Yo primero le escuché a él y luego a Gardel. A menudo escucho sus discos, me encanta, fue un placer.

 

¿Y de fuera de España?

– Tenemos alguna cosa por Polonia y Alemania para principios de mayo. Trataremos de meter la cabeza como sea allí. Las veces que hemos estado, la experiencia ha sido muy buena. En España, la gente nos pregunta sobre la música centroeuropea y allí nos dicen que sonamos muy mediterráneos… En fin, mola, parece que a todos les parece exótico, a su manera.

 

¿Cuáles son vuestros descubrimientos más recientes?

– La verdad es que llevo un mes escuchando bandas sonoras. Hace unos días escuché una maqueta de un fulano llamado Pablo Galiano, una especie de cantante mex y maldito, y se me pusieron los pelos de punta. Me gustan las cosas delirantes, estoy harto de mierda insustancial.

 

Supongo que en casa escucháis muchas otras cosas, y que además cada uno tendrá sus gustos. ¿Podéis aclarárnoslo un poco?

– Hay sitios donde coincidimos, claro, pero sí es cierto que nos peleamos en la furgoneta por la música. Hoy me he duchado escuchando Mötley Crüe y he desayunado escuchando Nino Rota… Pero una buena canción es una buena canción. Quizá lo de los Crüe ha sido un ataque de nostalgia.

 

Me imagino que vuestra música está muy pensada para ser interpretada en directo, ¿no?

– El directo es para nosotros lo más importante.

 

Por último, ¿cuál ha sido el mejor y peor momento hasta ahora del grupo?

– El mejor fue el viernes pasado: tocamos en Madrid y el sitio se llenó. El concierto estuvo muy bien, a la gente le encantó, nosotros acabamos y nos emborrachamos, como Dios manda; fue muy divertido. El peor momento fue el sábado, el día siguiente…

Xavier Valiño

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