LAMBCHOP

Lamchop, alma rural

 

         Is A Woman es el sexto disco del grupo que mejor ha entendido que el country y el soul no siguen caminos tan dispares. Después de Nixon, su disco más orquestado, vuelven con un álbum mucho más básico

“Tiene gracia,” comenta Kurt Wagner, el líder del grupo. “Realmente quería hacer un disco tranquilo, pero resulta que te tienes que olvidar de todo eso y prestar atención a todo lo que está sucediendo a medida que lo vas escuchando.”  Tiene lógica, si se piensa detenidamente, que los discos de un tipo con el nombre como el líder de Nirvana, Kurt Cobain, y el apellido del compositor de ópera más grandilocuente, Richard Wagner, sean apreciados mejor cuanto más antisocial sea su volumen. 

Además, las insinuaciones sepulcrales de Lambchop nunca han sido más difíciles de resistir que en Is A Woman. Para él, las virtudes de su disco más complejo hasta el momento no son motivo suficiente para sentirse amparado por. “Espero que la gente no se sienta decepcionada,” confiesa un inseguro Kurt Wagner. 

Es cierto que, en el camino, se ha perdido cierta parte del encanto soul que tenía Nixon, su anterior disco, el más accesible y, al mismo tiempo, el más agradecido. Aún así, el grupo no quería repetirse. “No podríamos haber seguido con el mismo interés, tanto nosotros mismos como el resto del mundo, si siguiésemos en la misma línea. Quién sabe si habríamos desaparecido ya.” 

Hasta ahora, la escasez financiera había obligado a Kurt Wagner a dar conciertos en solitario y en acústico, o con muy pocos músicos -tal y como lo vimos en el Festival Internacional de Benicassim-, respaldado a veces por música pregrabada que suplía el papel de los músicos reales -hasta la decena en los discos-. “Desde luego que no soy muy partidario de esa forma de actuar: es como un padre que se va de vacaciones sin su mujer y sus hijos. Pero no podíamos salir de gira todos. Si lo hubiéramos hecho, no estaríamos aquí.” 

Así que, con la intención de volver a capturar parte de la vieja flexibilidad del grupo, han decidido que la música vuelva a lo básico. Desde luego, resulta tentador pensar en Kurt Wagner en una reunión con el resto de sus músicos anunciando “voy a hacer esto sólo con un piano.” 

Por suerte, parece que el proceso ha sido algo más orgánico que todo eso. “Nos preguntábamos qué pasaría si sonaba a los Carpenters y, a continuación, otro de nosotros se preguntaba qué pasaría si sonaba a Ray Charles. Sí es cierto que cuando pusimos el disco entero por primera vez nos preguntamos dónde se había metido el resto de la banda.” 

“A medida que el grupo se ha hecho más grande,” explica Kurt, “se ha vuelto más difícil imponer mi voz por encima del sonido una vez que ha sido compuesta la canción. Da igual que sea porque cubrimos todos los espectros del libro o porque yo no tengo una voz que se proyecta como la de Pavarotti, pero es así.” 

Al recuperar parte del sonido abierto, en el que se manifiesta tanto su presencia como su ausencia, algo que siempre ha estado en el corazón mismo de la música de Lambchop, Is A Woman le da a su talento como compositor espacio para respirar de nuevo.  

“Las notas que no tocas importan tanto como las que tocas,” insiste Kurt. “Es como cuando pintas un objeto: estás dibujando el espacio alrededor tanto como el objeto en sí mismo. De hecho, hay un tipo de dibujo en el que formas la imagen simplemente pintando el espacio alrededor de las cosas. Al principio parece extraño, pero a medida que vas profundizando en ello, los dibujos tienen una presencia y una fuerza antes impensable.” 

Hasta hace dos años, Kurt Wagner trabajaba colocando suelos. Ahora, a sus 43 años, parece haberse decidido por fin por la música. “Lo dejé por lo habitual: problemas de espalda, en las rodillas, en los pulmones. He estado haciendo ese trabajo durante catorce años.” 

Más de una canción ha recogido sus experiencias en la, hasta ahora, su profesión. “Es cierto. Por ejemplo, en “The Militant”, de 1995, me inspiré en cuando unos compañeros de trabajo encontraron escrito en el cemento mojado las letras KKK.”

Curioso que, en una aventura en la que la mayoría de la gente sueñan con el momento en el que puedan llamarse profesionales, Kurt Wagner parece haber desarrollado algún tipo de objeción mental al respecto. “Supongo que el venir de una ciudad en la que tanta gente trata de ser un escritor de canciones es lo que ha hecho que piense de otra forma.” 

Por fin salió la clave. Está claro que la procedencia del grupo ha marcado su música. Kurt Wagner ha vivido los últimos años en la capital del country, Nashville, y en una de las capitales del soul, Memphis. Su sonido refleja, como nadie, el alma de ambos sonidos. “He vivido mucho tiempo en ambos lugares. Me mudé a Memphis cuando tenía 17 años y viví allí durante diez años. Creo que, en general, Nashville es considerada la capital de la música country, pero también tiene detrás una bonita historia de rhythm & blues que pocos parecen recordar.” Desde luego que ellos no la olvidan. 

Xavier Valiño

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