La portada de Sgt. Pepper

La portada de Sgt. Pepper, de Suecia a Chelsea

 

 

Cuando el martes 28 de julio de 1964 Roger Wallis salió de su casa hacia el Hotel Foresta de Estocolmo, no tenía ni idea de que su paseo iba a cambiar el mundo de la música, más concretamente el del diseño de las portadas del rock. Wallis, un británico nacido en 1941, se había mudado a Suecia en 1962, convirtiéndose en en el arreglista y conductor de una orquesta llamada Mercblecket compuesta por estudiantes de la Facultad de Económicas. Tras probar primero con marchas militares, los chavales acabaron registrando cuatro temas de los primeros Beatles en un curioso EP titulado Mercblecket Beats The Beatles.

 

Aquel día de julio, Mercblecket había sido citada en el aeropuerto de Arlanda para recibir a The Beatles a su llegada a Suecia interpretando sus canciones con esos curiosos arreglos. McCartney se interesó por lo que oyó al bajarse del avión, así que Wallis fue a buscar una copia y volvió al hotel donde se encontraban los Beatles para regalársela en mano a McCartney. Tres años más tarde, cuando el 1 de junio de 1967 se editó Sgt. Pepper’s, Wallis descubrió que la portada era sospechosamente similar a la suya. Lo tomó como un halago.

 

En 2016 un coleccionista sueco se encontró con una copia de aquel EP y empezó a atar cabos. En ambos discos aparecen en un primer plano un bombo con el nombre del grupo y varios de los músicos vestidos con uniformes de banda militar, mientras que alrededor se sitúan algunos de sus héroes. Siempre se ha atribuido la idea de la portada de Sgt. Pepper’s a Paul McCartney, quien dibujó un primer un boceto en el que posaban con atuendo de banda de música callejera e instrumentos de viento en un salón de estilo Eduardiano, delante de una pared con un póster de Brigitte Bardot y varios trofeos y retratos, mientras que en otro aparecían rodeados de amigos y autoridades junto a una alfombra floral con el motivo de un reloj. Solo el sabe si tuvo presente la carátula de Mercblecket cuando hizo aquellas ilustraciones o estaba en su subconsciente.

 

 

En cualquier caso, McCartney delegó el diseño para ese disco al colectivo holandés The Fool, integrado por Marijke Koeger, Josje Leeger y Simon Posthuma, quienes poco después se hicieron cargo de la boutique del edificio de su discográfica Apple. A un amigo de McCartney, el galerista y marchante de arte Robert Fraser, no le convenció la imagen de una montaña con varias criaturas extrañas que habían propuesto, ya que le parecía una Disneylandia psicodélica, así que le sugirió a McCartney que lo rediseñara uno de sus artistas, Peter Blake, y su mujer, Jann Haworth.

 

Paul les explicó su idea y ellos le pidieron al grupo que les proporcionaran una lista de personas que quisieran ver entre ese público. Los más productivos fueron John Lennon y Paul McCartney, mientras que George Harrison sugirió una lista de gurús indios y Ringo declinó la propuesta, indicando que estaría de acuerdo con lo que los otros tres presentasen.

 

Así, la banda Sgt. Pepper’s, vestida por el diseñador mexicano Manuel Cuevas, aparecería rodeada de un collage de rostros célebres, como si fuesen contemplados por un grupo de seguidores formado por parte de los héroes de The Beatles y otra gente notable. Su discográfica, EMI, insistió en que debía de contactarse con cada uno de ellos, y se aseguró también de que The Beatles indemnizaría a la compañía por valor de varios millones de libras en caso de pleitos. Wendy Hanson, la secretaria de Brian Epstein, se encargó de obtener el permiso legal de todos ellos, aunque no consiguió contactar con cerca de la mitad; aun así, el grupo decidió arriesgarse y seguir adelante. Epstein no confiaba en la idea y antes de tomar un vuelo, con la premonición de que iba a morir en un accidente, le escribió una nota a su socio Nat Weiss en la que le indicaba: “Cubrid Sgt. Pepper’s con un envoltorio marrón”.

 

Al final, tres de los personajes que había escogido John Lennon a modo de comentario social irónico se quedaron fuera: Ghandi, vetado por la discográfica EMI para que no perjudicase las ventas en el mercado indio, Jesucristo, para no levantar más suspicacias entre los cristianos tras aquellas polémicas palabras de Lennon en las que aseguraba que The Beatles le superaban en popularidad, y Hitler, que fue retirado de la imagen en el último minuto. La misma suerte corrió el actor americano Leo Gorcey después de que exigiera 400 dólares por aparecer en la imagen. El actor mexicano Germán Valdés, más conocido como Tin Tan, prefirió no aparecer y envió en su lugar una representación del árbol de la vida de Metepec.

 

Mae West, tras rechazar estar presente porque “no pintaba nada con una banda de corazones rotos”, acabó aceptando después de que el grupo le enviase una carta firmada explicándole la idea. Shirley Temple fue oscurecida tras pedir escuchar previamente el disco antes de dar su consentimiento. John Lennon quiso incluir al antiguo baterista del grupo, Pete Best, aunque en lugar de su retrato consiguió que la madre de este le prestase unas medallas de la familia. Elvis Presley, previsto inicialmente, no apareció. Más sorprendente es la inclusión del boxeador Sonny Liston, quien tras asistir a un concierto del grupo en 1964 había comentado: “Mi perro toca mejor la batería que ese tipo”.

 

La sesión de fotos tuvo lugar en el estudio del fotógrafo Michael Cooper en la Calle Flood, del barrio londinense de Chelsea, en tres horas del 30 de marzo de 1967. Tres colaboradores (Nigel Hartnup, Trevor Sutton y Andrew Boulton), buscaron imágenes de los personajes elegidos, hicieron los recortables a tamaño natural, los pegaron sobre cartón duro y los colorearon a mano. En el set se produjo más de una confusión entre los presentes, incentivada por el hachís que consumían, costándoles distinguir los personajes reales, los de cera y los recortables. Nigel Hartnup tomó las fotos subido en una escalera, con la cabeza contra el techo e intentando mirar desde arriba a través del disparador de la cámara: “¡Echad atrás a Aleister Crowley, adelantad un poco a Marilyn, moved a Karl Marx a la izquierda!”, gritaba para evitar que se viesen los reflejos en las figuras.

 

El álbum incluyó, además, un juego de recortables de cartón: un bigote, galones de sargento, dos insignias, una tarjeta y una imagen del grupo como la banda del Sargento Pepper. Evidentemente, todo aquel montaje no podía ser barato: la discográfica estaba acostumbrada a pagar entre 25 y 75 libras por la fotografía de una portada, mientras que en este caso la factura ascendió a unos 4.000 euros, que se repartieron Robert Fraser y Michael Cooper, dejándolo solo 300 a Peter Blake. Nada, por cierto, para el anónimo diseñador de Mercblecket Beats The Beatles.

 

 

 

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