KEANE

 Keane, siniestros cuentos de hadas

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Hace dos años, en abril de 2004, tuvimos la oportunidad de hacer a Keane la primera entrevista que concedieron a un medio en España, incluso antes de que se publicara su disco de debut. Tras escuchar aquellas canciones, les comentamos que creíamos que antes de que hubiera pasado un año habrían vendido millones de discos y llenarían estadios.

 

Su respuesta mostraba que ellos no lo tenían del todo claro: “Por ahora no pensamos en grandes recintos y premios. Incluso en nuestro país estamos empezando. Queremos tocar en todos los sitios y siempre que podamos, para que nuestra música se escuche y convenza a la gente. Ya hemos conseguido mucho más de lo que jamás hubiésemos imaginado, así que lo haremos lo mejor que podamos y seremos felices así”. Ahora, con la edición de su segundo álbum, Under The Iron Sea, Keane son uno de los principales grupos del momento. Y, sí, todo aquello que no era difícil aventurar se ha cumplido. Revisamos con ellos su historia.

 

¿Qué recordáis ahora de vuestros primeros tiempos y de la ciudad en la que crecisteis? 

– Crecimos y fuimos al colegio juntos en una pequeña ciudad llamada ‘Battle’ (Batalla) del sur de Inglaterra. No hay mucho que hacer en Battle, pero a finales de los 80, durante los días de colegio que pasábamos jugando al fútbol, descubrimos la música, como la mayoría de los chicos, y muy pronto ya estábamos intercambiando discos y artistas. Tim tomó algunas lecciones de piano en el colegio, pero se cansó pronto de las escalas interminables y de la música clásica, así que dejó de intentarlo y descubrió que con lo que había aprendido, podía tocar las canciones de Buddy Holly. Y así fue el comienzo de un período en el que tocaría las canciones que le gustaban en un teclado Casio, programaría un secuenciador de tamaño bolsillo e intentaría escribir canciones que tocar para sus amigos. Tan pronto como Richard empezó con la batería, ambos se pusieron a tocar juntos, reclutaron a un guitarrista, Dominic Scott, y poco después a mí, Tom, como cantante.

 

¿Teníais muy claro que os ibais a dedicar a esto?

– Música era todo cuanto queríamos hacer. No teníamos a nadie que nos enseñara aparte de las cintas de nuestros walkmans y nuestros libros de canciones de los Beatles, de modo que nos llevó un tiempo aprender a tocar y componer. Hacia 1999 nos trasladamos a Londres para buscar un contrato discográfico y conquistar el mundo. Dos años después, sin contrato, y con un miembro menos, el guitarrista, los tres huimos de nuevo al campo, destrozados y desanimados, sufriendo los efectos de dos años pasados en trabajos sin futuro de día y en húmedas salas de ensayo de noche.

 

¿Cuándo empezasteis a ver la luz y cuándo dejasteis las guitarras de lado?

– Llegó la salvación, como siempre, en forma de música. Nos surgió una oportunidad de irnos a una desvencijada granja de Francia y grabar algunas maquetas. Nos olvidamos de las líneas de guitarra y fueron emergiendo nuevos sonidos de forma gradual. Los pianos y los teclados fueron tomando forma y la voz de Tom encontró el espacio que necesitaba. Regresamos a casa ansiosos por tocar nuestras nuevas canciones para la gente. En enero de 2003 se nos dio la oportunidad de publicar un disco con el legendario sello independiente Fierce Panda, cuyo jefe nos había visto tocar en el 12 Bar Club de Londres. Regresamos a Battle y grabamos “Everybody’s Changing”. La canción fue single de la semana en un programa de radio de la BBC. Se vendieron 500 copias y casi no podíamos creerlo. Estuvimos de gira por el Reino Unido por primera vez, tocando en casas llenas de gente y en habitaciones vacías. El dinero que ganábamos en una noche lo metíamos en una fiambrera de plástico, y con ello nos pagábamos la comida y la gasolina del día siguiente. 

 

Todo cambió con el primer disco, Hopes And Fears, algo que se veía venir. 

– Sí, firmamos un contrato que nos ofrecía un completo control sobre nuestra música y, a finales de 2003, nos metimos a grabar el disco, que apareció en mayo de 2004. Después, la gira continua en la que nos embarcamos nos llevó alrededor del mundo durante otros dieciocho meses.

 

¿Fue difícil enfrentarse al segundo disco?

– Bueno, la gira se cobró su precio. Necesitábamos regresar al estudio y a casa. Durante todos los descansos que pudimos encontrar desde 2004, habíamos grabado varios trozos de canciones y, en octubre de 2005, nos metimos de nuevo en el estudio. Lo hicimos entre el Soho de Nueva York y, también, cerca de Battle.

 

¿Qué pretensiones teníais?

– Escribimos Under The Iron Sea porque necesitábamos un disco que nos hiciera sentirnos vivos de nuevo. Hemos intentado enfrentarnos a todos nuestros peores miedos, analizarnos a nosotros mismos de forma implacable, analizar la relación de unos con otros, con los demás y con el mundo entero, y además hemos hecho un viaje a los lugares más oscuros que podemos encontrar.

 

Hay una cierta oscuridad que no había en el primer álbum.

– La atmósfera creada durante la composición y la grabación del álbum fue increíblemente intensa, y las canciones y el sonido resultantes los reflejan muy bien. En las canciones creamos una especie de siniestro cuento de hadas sin final feliz, un sentimiento de confusión y aletargamiento que está representado por un oscuro lugar que se halla bajo un impenetrable mar de hierro. Para expresar todo esto hemos creado canciones con un sonido completamente nuevo, poniendo un viejo piano eléctrico y varios sintetizadores analógicos a través de varias combinaciones diferentes de efectos de guitarra vintage, creando así paisajes musicales que van desde la percusión a enormes y opresivos muros de distorsión. Además, compusimos, cantamos y actuamos con una intensidad, un ímpetu y una furia que es casi irreconocible en nuestra música anterior.

 

Llama la atención la colaboración con el escritor Irvine Welsh.

– Fue importante que este álbum tuviera además una importante presencia visual, y el comienzo de ello fue la colaboración con Irvine Welsh en “Atlantic”, que encontró su propia inspiración en nuestra música. Su película se hace eco de la importancia de esa identidad visual por la que nosotros hemos luchado.

 

Xavier Valiño

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