KATE BUSH

Kate Bush, el mundo sensual

 

Hoy en día hay pocos artistas que sepan sacarle a un estudio el rendimiento que le extrae Kate Bush. En sus veintisiete años de trayectoria profesional, desde que hiciera su entrada en 1978, a la edad de diecinueve años, con el clásico “Wuthering Heights”, Kate Bush se ha forjado una reputación inigualable en cuanto a ambición musical, sonidos pioneros, contenido emocional y originalidad.

 

El hecho de que hayamos tenido que esperar más de una década para el lanzamiento de su octavo álbum, Aerial, no ha hecho más que incrementar el ambiente de misterio que la envuelve. “Estoy realmente conmovida por la gran expectación que he notado en la gente”, dice Kate Bush. “El que hayan esperado de esa forma me hace sentir verdaderamente privilegiada”.

 

Aerial, su primer álbum desde Red Shoes en 1993, confirma que, aunque larga, la espera ha merecido la pena. Como era previsible, se trata de un álbum atrevido y de amplias miras, rebosante de atmósferas, misterio, pasión e intrincados detalles auditivos, con la sorpresa añadida de que se trata de un álbum doble.

 

“Era consciente de que la cantidad de material acumulado durante mi ausencia probablemente no cabría en un único disco, así que decidí dividir el resultado en dos, dando lugar a mi primer  álbum doble”, comenta la cantante y compositora.

 

El primer disco, llamado A Sea Of Honey, incluye siete canciones, desde el evocador primer single “King Of The Mountain”, hasta la emotiva lectura de una larga sección de la serie infinita de números “π”, pasando por el pícaro y hechizante “How To Be Invisible” y la conmovedora conclusión impresionista de “A Coral Room”. El segundo disco, A Sky Of Honey, es una pieza conceptual de nueve partes, cimentada sobre motivos recurrentes de luz y el canto de aves, siguiendo el curso de un día desde la tarde hasta el amanecer, pasando por el crepúsculo y la noche.

 

“Lo que me ha gustado de hacer dos discos”, explica la creadora de Aerial, “es que me ha permitido jugar tanto con el estilo semiclásico que tanto me gusta, con los elementos de espacio y música acústica, así como con la música moderna de grupo con mucha batería”.

 

Durante estos doce años, lejos de la vida pública, Kate Bush ha dividido su tiempo entre la preparación de canciones para Aerial y su hijo Bertie, nacido en 1998. “Sólo podía trabajar a ratos”, explica sobre su larga ausencia, “algo que nunca había hecho antes. Siempre había trabajado a base de pasarme catorce horas al día en el estudio. No he podido permitirme el lujo de emplear el tiempo de la misma manera. Así que había muchos períodos en los que no hacía casi nada. Pero, en cierta manera, ese tipo de restricción me ha beneficiado, ya que me ha obligado a distanciarme de mi trabajo continuamente”.

        

Tras ser recomendada a EMI Records por David Gilmour, de Pink Floyd, como una adolescente prodigio y prolífica de dieciséis años con aproximadamente doscientas composiciones propias, Kate Bush disfrutó de tres años de desarrollo artístico antes de su lanzamiento a un mundo desprevenido. Tras el lanzamiento de dos discos en 1978, The Kick Inside y Lionheart, y su innovadora gira europea ‘Tour Of Life’ al año siguiente, Kate Bush coprodujo en 1980 Never For Ever.

        

Después llegó The Dreaming en 1982. El disco, en el que invirtió un año y que muchos todavía consideran el mejor de su carrera, demostró su enfoque casi cinematográfico en el arte de la grabación. Hounds Of Love, un conjunto de incisivas canciones pop con mucho ritmo, entre las que se encontraban la épica “Running Up That Hill (A Deal With God)” y la majestuosa “Cloudbusting”, llegó tres años más tarde. Tras él aparecieron The Sensual World, en 1989, y The Red Shoes, en 1993.

        

Y, después, silencio hasta Aerial. La lista de créditos del octavo disco de Bush revela nuevas colaboraciones con los baterías Steve Sanger y Peter Erskine y el percusionista Bosco D’Oliveira, además de otros nombres más conocidos como Gary Brooker (fundador de Procol Harum, al órgano Hammond), el guitarrista Dan McIntosh, el batería Stuart Elliott (que ha aparecido en todos sus discos), los bajistas Eberhard Weber y John Giblin, y el bajista e ingeniero de grabación Del Palmer. De esta forma, con el paso de los años, Kate Bush ha ido reuniendo a su alrededor algo así como una estrecha familia musical.

 

“Había un ambiente de diversión además de trabajo”, comenta su autora sobre las sesiones de grabación de Aerial. “Creo que esto es muy importante, porque a veces plasmar una idea puede ser muy difícil y frustrante. No es un proceso fácil. Me encanta trabajar con viejos amigos, es muy agradable”.

 

Un detalle conmovedor para los participantes en Aerial es la inclusión de parte del trabajo más reciente del arreglista de orquesta Michael Kamen, quien participó en todos los discos de Bush desde Hounds Of Love, y que falleció pocas semanas después de que sus contribuciones al disco fueran completadas en los estudios de Abbey Road en octubre de 2003. “Lo que más me gustaba de Michael era que su trabajo era muy visual”, asegura Kate Bush. “Hizo un trabajo fantástico. Cuesta creer que ya no se encuentre entre nosotros”.

 

Ahora, con el lanzamiento de Aerial, Kate Bush continúa la tradición de los discos dobles innovadores. “Solían encantarme los álbumes dobles de mis artistas preferidos”, comenta. “En cierta manera, tenía menos que ver con gastar dinero en un objeto. De alguna forma, era más como una declaración personal  que decía: ‘aquí está mi música’”. Y así es, desde luego.

Xavier Valiño

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