JJ CALE 2009

JJ Cale, desde el porche en Tulsa

 

El rock & roll es una profesión que no perdona. Devoramos a nuestros jóvenes, nos olvidamos de los mayores y siempre queremos más de todo. Hacerse mayor y seguir siendo relevante en el juego del rock es la Piedra Filosofal, y JJ Cale puede ser que lo esté haciendo mejor que nadie, con el permiso de Neil Young o Bob Dylan.

 

“Recuerdo cuando hice mi primer álbum en 1972 (Naturally). Temía 32 o 33 años entonces y pensé que era demasiado viejo”, sonríe Cale. “Cuando me veo haciendo esto con 70 años me pregunto adónde voy, qué hago, si lo que debería estar haciendo es descansar tirado en mi hamaca”.

Para algunos, la música es un hobby o, si tienen suerte, un trabajo o una pasión; para JJ Cale ni siquiera fue una elección: la música es todo lo que ha conocido. Es su vida. Nacido como John Weldon Cale en Oklahoma City, Oklahoma, el guitarrista, cantante, compositor, multi-instrumentista, productor e ingeniero tras la mesa de mezclas, esto es lo que ha hecho durante 50 años. Su décimo sexto álbum, Roll On, acaba de editarse. Es su primer disco desde To Tulsa And Back del 2004, e incluye doce nuevas canciones, entre ellas la que la da título, grabada con Eric Clapton, editado después de su colaboración con éste el 2006 en The Road To Escondido.

Aunque algunos temas parecen salidos de sus discos anteriores (“Leaving In The Morning” o “Strange Days” podrían formado parte de Naturally y “Where The Sun Don’t Shine” recuerda a “Cocaine”, mientras que “Fonda-Lina” podría ser el hermano sofisticado de “Travelin’ Light” de Troubadour de 1976), hay aquí nuevos elementos a considerar en su trayectoria. Por ejemplo, el scat jazzístico en “Who Knew” o el piano jazz en “Former Me”. ¿De dónde ha salido esta nueva inspiración? “Cuando canto en el baño, habitualmente hago scat”, dice Cale. “Cuando conseguí acabar “Who Knew”, me hizo reír, así que pensé que era algo bueno”.

Como siempre en buena parte de sus discos, Cale lo hace casi todo él, al menos antes de meterse en el estudio (y, a veces, también allí dentro). En un principio lo hacía por necesidad, por no poder pagar una banda. Cale lo hacía antes de que se inventase el término ‘hazlo-tú-mismo’ y usaba la tecnología y las cajas de ritmo antes de que los productores del hip-hop lo convirtieran en algo de moda.  “Creo que eso viene de tiempo atrás. Hoy con la tecnología puedes hacer música tú mismo, y un montón de gente lo hace”, reflexiona Cale. “Cuando empecé a hacerlo, hace mucho tiempo, descubrí que cuando lo hacía llegaba a un sonido único”.

Todo eso -las cajas de ritmo, los sintetizadores, los discos caseros, la banda de un solo hombre- dan lugar al sonido de Cale que parece salido del porche delantero de su casa, lo que a menudo se ha llamado ‘el sonido de Tulsa’: la guitarra de ritmo boggie sobre esas voces apagadas e hipnóticas con influencias sutiles de blues, country, rockabilly y jazz.

Aunque parece que ese sonido ‘relajado’ se consigue fácilmente, hay mucho trabajo detrás para que suene así. Él también es así cuando habla: amable, generoso, pero también con un cierto misterio en su naturaleza. No le gusta atribuir su éxito a una única razón, más allá de la suerte, y no revela cómo es en sus canciones. Eso, si se consigue oír su voz enterrada en la mezcla, que es como le gusta.

 

“Conscientemente hacía eso. De hecho, he empezado a subir el nivel de las voces en los últimos años. Solían estar realmente bajas”, dice Cale. “Nunca me consideré un cantante, sino un compositor, así que cantar me ponía de los nervios, por lo que lo dejaba un tanto de lado. Supongo que en los últimos 15 años he forzado la voz un poco, pero no hasta un punto que me resultase incómodo”.

Considerando la gran influencia que Cale ha tenido desarrollando un estilo original, hay cierta ironía en el hecho de que rechace todo crédito en ser considerado el arquitecto de todo un género. “Básicamente, soy un guitarrista que descubrí que no iba a pagarme la comida tocando la guitarra, así que me puse a componer, lo que es un negocio un poco más rentable”.

De todas formas, tuvo que ser Eric Clapton, al grabar su canción “After Midnight” en 1970, quien lo sacara de la relativa oscuridad en la que se encontraba. “Me había dado por vencido con la parte de la industria musical y me había vuelto a Tulsa, con un trabajo tocando con algunos amigos”, recuerda Cale. “Cuando Eric grabó aquella canción, me abrió un montón de puertas, así que conduje hasta Nashville y allí hice Naturally”.

Desde entonces, Clapton grabó además “Cocaine”, “Travelin’ Light” y “I’ll Make Love To You Anytime”. Otros artistas como Lynyrd Skynyrd, Santana, The Allman Brothers, Johnny Cash, The Band, Chet Atkins, Freddie King, Maria Muldaur o Captain Beefheart grabaron sus canciones, mientras que otros como Neil Young, Mark Knopfler o Bryan Ferry lo citaron como una influencia clave. Y el estado de Oklahoma ha elegido “After Midnight” como la Canción Rock Oficial del Estado. Así que, ¿le molesta a Cale que sus contemporáneos y los críticos lo tengan entre las leyendas del rock y puede que haya gente que conozca sus canciones pero no su nombre? “No, no me molesta”, sonríe Cale. “Lo realmente agradable es cuando llega el cheque por correo”.

Su longevidad y la sensación de control de calidad en su música van ligadas a su modestia. Fuera de la red de la industria musical, Cale ha tenido una carrera de larga duración, sensata, y que ha recompensado tanto a sus seguidores como a sí mismo. Nunca buscó la primera plana, permitiéndole centrarse en le que verdaderamente importa: la música.

“La fama eleva tu ego hasta el punto de que empiezas a creerte tu propia mierda”, dice. “Así que le dije a Audie [Ashworth, su productor y amigo desde el inicio], que me gustaría tener reconocimiento, pero que no me importaba mucho la fama. Así que no pusimos ninguna fotografía en ninguno de mis discos. No fue algo planeado. No soy un recluso, pero salió así y se convirtió en una buena estrategia con los medios, algo que hizo que lo pareciera, aunque no es realmente así”.

Puede que éste sea su último disco, con 70 años, pero Cale quiere salir a la carretera y, si viene la inspiración, grabar otro álbum. Sin reglas, dejándose llevar, haciéndolo bien. Sigue componiendo, tocando, produciendo, investigando con su equipo, gastando instrumentos y editando discos. Nada cambia a JJ Cale. Y, como dice el título de su nuevo disco, seguirá Rodando.

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