JEREMY JAY 2009

Jeremy Jay, paseando en el aire

 

Su sello habla de “una mezcla de Buddy Holly, Peter Pan y las películas de adolescentes de John Hughes”. Su disco vigente, A Place Where We Could Go, es casi una colección de sueños y nanas. Viene de Los Ángeles y creció tanto bajo la influencia de los músicos franceses como de los pioneros del rock de los 50 tipo Gene Vincent. Ahora llega con su indie pop frágil a Galicia por primera vez (Salón Teatro de Santiago, el domingo 22), justo unas semanas antes de la edición de su esperado segundo disco, Slow Dance.

 

Jay empezó tocando la trompeta cuando era un niño. “Estaba paseando por el campus cuando me metí en la clase de música en la que a alguien le enseñaban a tocar la trompeta. Acabé tocando jazz con la trompeta en la universidad, aunque también me había enamorado de la guitarra en el instituto cuando descubrí una Fender Stratocaster roja. Mi tía, que es una monja, me compró la partitura de “La Bamba”, así que vi la película de La Bamba en la que salía Lou Diamond Philips interpretando el papel de Ritchie Valens, y me sentí totalmente inspirado por ella”.

 

Jay habla perfectamente francés e inglés, después de haber nacido en una familia que se expresaba habitualmente en francés. “Mi madre sólo hablaba francés antes, y se marchó a América donde se casó con mi padre. En casa sólo hablábamos francés hasta que tuve trece años, pero eso era únicamente con mi familia, ya que crecí en California. Crecer con una madre europea me dio una perspectiva diferente a mis compañeros de clase. Creo que tengo una fuerte sensibilidad europea. De ahí, por ejemplo, mi devoción por la cantante francesa Françoise Hardy. Es una gran cantante. Aunque me considero totalmente un estadounidense”. Aun así, no ha grabado nunca en francés, a pesar de su fluidez con el idioma. “Lo he pensado, pero me di cuenta de que sonaba demasiado americano”.

 

Su música tiene un fuerte elemento teatral, por lo que parece que se integraría fácilmente con una parte visual. Además, Jay asegura que su amor por la música y las películas le ha ayudado a este respecto. “Siento que son los dos elementos que más me han inspirado, especialmente bandas sonoras de compositores como Danny Elfman e Irving Berlin, o la banda sonora de la película El novio (1971) de Ken Russell. Además, me gustan mucho directores como Jean Luc-Godard, actrices como Anna Karina y películas como Adiós muchachos”.

 

Con estos antecedentes, no resulta extraño que su música sea especialmente evocativa. “Pienso de una forma muy cinematográfica. Alguna gente pensará que se trata de algo superficial. Creo que se trata de ver cómo parecen las cosas: la ropa, la estética, los discos…”

 

 

Hablando de discos, Jeremy Jay firmó en su día con la legendaria discográfica K Records, que tiene su centro en Olympia, Seattle, y que lleva otra figura clave de la música independiente, Calvin Johnson. “Me encontré con Calvin cuando vivía en Oregón, y unos años más tarde fui hasta Olympia a darle un single que había hecho yo. Dijo que el próximo disco que hiciera me lo distribuiría él. Acabé yendo de gira y grabando con él. Creo que tiene una gran perspectiva de las cosas, y por supuesto que me gusta trabajar con él. Me gusta tenerlo alrededor y como amigo”.

 

En el 2008 editó su debut, A Place Where We Could Go (tras dos mini-LPs en 2007, Dreamland y Airwalker), un álbum que se abría con Jay deseándole al oyente “noche, noche”. “Mucha gente se volvió loca porque la canción duraba dos segundos y no entendían el concepto que había detrás. Es un disco muy conceptual y casi todo narrado en tercera persona. La gente no prestó atención a las letras. Sólo escucharon la música y llegaron a la conclusión de que estaba malhumorado o algo así”.

 

“Espero que el disco sirviera para presentarme como persona al mundo y darle a todo lo demás una plataforma. Como un primer libro de una serie, como un primer libro que tiene un personaje como Sherlock Holmes, Peter Pan o Mary Poppins. Eso era lo que intentaba, mostrar las ideas, la filosofía y el romance de la persona. “Heavenly Creatures”, por ejemplo, habla de un ángel guardián que te canta las buenas noches a ti. Es la filosofía básica en la que pensaba entonces”.  

 

A finales de marzo editará su nuevo disco, Slow Dance. “El nuevo disco suena totalmente diferente. Es más bailable y optimista. No hay una narrativa, sino que es más un disco temático”. Mientras tanto, habrá que conformarse con su producción anterior y sus actuaciones. Por ahora, escuchar su música evoca la sensación agradable de refugiarse en cama mientras se escucha el sonido de la lluvia golpear en el tejado. Sus melodías y su música son hermosas, la clase de música pop que proporciona la banda sonora íntima para sueños fantásticos, elusivos.

 

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