JAMES

James, ejemplo de supervivencia

 

En el principio fueron los 80. Antes de que Oasis se comieran el mundo, Blur reinventaran el pop británico de toda la vida y acabaran vendiendo su corazón al americano, los Stone Roses se separaran dejando -de dos discos- un único álbum mágico e irrepetible, The Verve resucitaran de entre los muertos para componer el rock más clásico de los noventa, Manic Street Preachers perdieran a su ideólogo y se reencontraran con el espíritu de Phil Spector, Radiohead pasearan su alma putrefacta y deprimida por todos los rincones del planeta, Spiritualized se empaparan de todos los alucinógenos posibles y nos vendieran medicaciones embriagadoras, Suede se dedicaran a expoliar el legado Bowie y antes de que todos los grupos que nacían pretendieran llegar a lo alto de las listas sin haber vendido previamente su alma al diablo y pagado todos los peajes acostumbrados…

 

Sí, antes de todo eso hubo una década en la que el rock era -casi- todo independiente y pocos escapaban de su limitado coto. The Smiths fueron el único grupo con reputación intachable, y aún hoy se les venera y su influencia se extiende como un reguero de pólvora. Junto a ellos un buen montón de bandas del pelotón independiente grabaron pero nadie, casi nadie, llegó más allá. También entre las multinacionales se colaron algunos que tenían un pie en ambos mundos y que, llegado el momento, ofrecieron la única alternativa a las listas de éxitos.

 

Recuérdalos, porque todos han llegado vivos hasta hoy, para bien o para mal. U 2 tuvieron tiempo de reinventarse y parir un dignísimo Achtung Baby y dos secuelas similares. Simple Minds nunca más volvieron a levantar cabeza y Jim Kerr aún se anda preguntando dónde perdió los papeles. Y James, también estaban James, tal vez los más desconocidos por aquí, pero habituales en cualquier máquina de música de pub universitario británico que se precie, compositores de unos himnos especialmente designados para los grandes estadios y que, en algún momento, hasta llegaron a ser signo de distinción.

 

Como todas las modas, James empezaron ignorados por la prensa de su país y por el gran público para alcanzar, poco después, el respeto de ambos. En los últimos meses habían caído de nuevo en el olvido generalizado -con sus discos Laid, Wishplash y Wah Wah-, pero la edición de un compacto recopilatorio con lo mejor de su trayectoria los ha devuelto a lo alto de las listas y a ser recuperados para el fervor crítico. Lógico, porque siempre han sido una banda de singles, épicos o no, según el contexto, pero inmaculados casi todos. The Best Of James lo prueba y también deja en evidencia a muchos de los que empezaron con ellos en los 80. Atención: prometen más. ¡Y son los que en mejor forma siguen!

Xavier Valiño

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