JAMES MORRISON

James Morrison, emoción en crecimiento

         Undiscovered es su debut y él es una de los grandes nombres de este 2007, dominando las listas desde que apareció su disco. James Morrison nos lo presenta.

 

Imagina que tienes 19 años y que te han echado de un trabajo sin futuro lavando furgonetas. Eso fue lo que te sucedió después de nueve meses agotadores y de una pelea con tu jefe porque tuviste la audacia de llegar diez minutos tarde. Odiabas ese trabajo. La rutina de un trabajo pesado, la apatía general. Aunque te había aportado un poco de dinero con regularidad. Ahora estás en la ruina. Toda tu familia está en la ruina, de modo que no pueden ayudarte. Te vas a casa y acabas discutiendo con tu novia. “Tengo 19 años y vivo la vida de un hombre de 40”, te quejas. 

 

Ahora imagina que dos años después, te ofrecen un papel en una película de Hollywood en la que también trabaja Robin Williams. Conociste a los productores en un viaje a Los Ángeles (tu vida ha levantado cabeza desde las furgonetas). Intentabas venderles unas canciones para la banda sonora. Se sintieron tan conmovidos por ellas que te ofrecieron una parte más importante en la película: el papel romántico principal, ni más ni menos, un músico enamorado de una chica.

 

Te sientes adulado, aunque desconcertado. Eres cantante, compositor, guitarrista, no actor ni celebridad. Les dices que no, tus amigos te dicen que estás loco. Pero aunque tus esperanzas de trabajo han mejorado más allá del reconocimiento, sabes que has hecho lo correcto. Acabas de grabar tu álbum de debut, una colección de canciones, crudas, agridulces, de blues, folk y soul. Estás centrado en tu música al cien por cien, te ha costado mucho, ¿por qué dejarlo ahora? Hollywood puede esperar.

 

James Morrison es él, y no es solo el propietario de una voz soul, sino que tiene esa sustancia que encaja con su estilo. Sus letras poseen algo, ya que él tenía muchos momentos oscuros en los que inspirarse: una familia fracturada, pesadas cargas de deudas, pocas posibilidades de futuro, amigos de la infancia que se habían convertido en drogadictos… También ha habido amor, romance, calidez  y alegría, cosas por las que ha pasado durante unos años muy duros.

 

“Todo el mundo lo tiene difícil”, dice. “No voy a decir que yo lo tuve más difícil que nadie. Pero la mayor parte de la emoción de mis canciones proviene de mi etapa de crecimiento. Y las letras están muy imbuidas de todo ello, nunca quise que la melodía estuviera bien pero las letras fueran una mierda”.

 

James nació en Rugby, el mediano de tres hermanos. Su padre era un bala perdida y los dejó cuando James era pequeño. A su madre se la comían las deudas, la depresión y el estrés de tres niños, así que trasladarse de casa se convirtió en algo habitual, con una serie de diferentes nuevos comienzos que nunca fueron tales. “La razón principal por la que nos trasladábamos cada vez era porque teníamos muchas deudas. Nos iban a echar de la casa, así que nos íbamos”.

 

Se mudaron a Northampton cuando James tenía 9 años (“Era igual que cualquier ciudad: la gente te gritaba si no jugabas al fútbol o si eras diferente”). Y James y su familia eran diferentes. “Cuando tenía seis o siete años, yo me planchaba mi propia ropa. Mi madre venía demasiado cansada del trabajo. Éramos como adultos pequeños cuando solo teníamos 10 años. Teníamos que cuidar de la casa, hacer la cena, cuidarnos por la mañana, ir solos al colegio y volver solos. Mamá tenía problemas desde la infancia, que probablemente la llevaron a tener problemas conmigo, con mi hermana y con mi hermano. Me siento muy unido a mis hermanos”.

 

Una cosa de la que su casa nunca adoleció fue de buena música. La madre de James, que había cantado en una banda, tenía una colección de iba desde Pink Floyd y Van Morrison a Stevie Wonder y Michael Jackson. “Tal vez todo empezó ahí. Solían encantarme los grandes cantantes. Ese sentimiento de publicar algo, eso es lo que quería”.

 

A los 13 años su tío le enseñó un riff de blues con una guitarra acústica. “Le dije: ‘Tienes que enseñarme eso’. En una semana había aprendido a tocar tres canciones seguidas”. Cada noche desde entonces, James tocaba la guitarra. “Estaba como encerrado, no salía para nada, limpiaba la casa, planchaba, y eso era una liberación”.

 

Otro traslado, a la ciudad costera de Porth, a los 15 años. “Fue entonces, cuando nos fuimos allí, cuando la gente me empezó a pedir que cogiera la guitarra. Nos sentábamos en la playa y ellos querían escucharme tocar. Yo pensaba que era algo extraño. ¡Nadie me decía nada de eso Northampton!”

 

Así empezó a tocar de forma improvisada en locales de la ciudad. “Solía llevarme a todos mis amigos conmigo, y algunos días había una multitud enorme que me miraba. Obtuve experiencia tocando delante de la gente sin ponerme nervioso. Y pude hacer dinero, 70 libras la hora a veces. Y había muchas adolescentes… algunos amigos estaban celosos”.

 

Por entonces ya había estado tocando la guitarra todas las noches durante dos años. Se sentaba a escuchar a Otis Redding, Marvin Gaye, Stevie Wonder… “Me encanta la crudeza de ese tipo de música, la emoción. Eso es lo que yo quería aprender, como ofrecer emoción”. Grabó su voz, al principio copiando, y luego desarrollando su propio sonido. “Es decir, cualquier hombre blanco ingles que intente cantar exactamente como Otis Redding va a parecer estúpido. De modo que yo necesitaba encontrar mi propia forma de transmitir sentimiento”.

 

En el colegio, las cosas se le daban peor. “Hice los exámenes de música con sobresaliente, pero ni aún así conseguí el título, era malísimo. Todo era técnico, ya sabes, escuchar el oboe, anotar la música… Yo podía escuchar todo lo que sonaba. Todo. Podía escuchar una nota y luego tocarla en un piano, siempre a tiempo. Pero en la parte técnica era un desastre”.

 

Estuvo en una banda del colegio, tocando versiones de rock y soul, consiguió algunos conciertos en pubs, incluso salió en la televisión local. Pero se acabó, y después del colegio, James terminó trabajando como camarero. Comenzó a ver a una chica, Gill, que había vivido con su familia como huésped durante un tiempo, y cuando ella decidió regresar a su ciudad natal, Derby, James se fue con ella. Pero el único trabajo que pudo encontrar fue lavando furgonetas. “Era uno de esos trabajos que puede hacer cualquiera. Como era el más joven, me dieron toda la mierda. Ni siquiera podía tocar la guitarra porque me sentía muy cansado”.

 

Cuando lo echaron, James se pateó la ciudad para conseguir conciertos, pero los pubs sólo querían karaoke. Estaba a punto a abandonar, de volverse a Porth, cuando un guitarrista que había conocido en una sesión a micrófono abierto, que tenía un equipo de música, se ofreció a ayudarle, le invitó a grabar una maqueta. Spencer Wells, que había trabajado en el pasado con Beverley Knight y David Gray, la escuchó y se puso en el contacto con él.

 

Spencer y su socio Paul McDonald negociaron un contrato con Polydor. Luego, James se encontró a sí mismo metido en un estudio del oeste de Londres con otras personas, el productor Martin Terefe (Ron Sexsmith, KT Tunstall, y Ed Harcourt) y un grupo de instrumentistas de cuerda de Nashville. Rápidamente se dio cuenta que no tenía sentido intentar cantar sobre cosas que no significaban nada para él, o de cosas escritas por otros. “Tuve que pensar en algo cercano a mí para cantar bien”.

 

De modo que vertió su vida en sus canciones en su debut. “Undiscovered”, por ejemplo, está inspirada en un amigo que conoce desde los tres años. “Ahora no está en su mejor momento. Está perdido, no sabe dónde va, o lo qué quiere ser. Me hace pensar que hay mucha gente ahí que podrían ser absolutamente sorprendentes en algo, pero sencillamente no tienen la oportunidad, o no ha sabido descubrir eso en lo que pueden ser tan buenos”.

 

“Pieces Don’t Fit” (la canción que tanto impresionó a los productores de la película de Hollywood) trata sobre su novia de tanto tiempo, Gill. Es una canción de ruptura que al principio no surgió del todo bien. “Me sentía muy decaído. Ella es la única novia que he tenido en mi vida, pero las cosas están cambiando y van a ser muy, muy duras. Pero ahora ella entiende que así era como me sentía entonces cuando la escribí; no es como me siento todo el tiempo”.

Xavier Valiño

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