ISLAND RECORDS (II)

Island Records: 55 años de música arrebatadora desde el islote (y 2)

Island logo 2

 

La historia del sello Island es la historia del rock. Del rock bastardo. Del rock nacido al margen de sus renglones oficiales. Del rock que se movió entre el negro y el blanco, antes de pasarse definitivamente al color –perdiendo parte de su interés con el cambio­–. Del rock intuido por uno de sus genios al margen de los focos. Del rock y su discográfica más emblemática, influyente y reconocida. Del rock que construyó, en fin, el propio rock.Revisamos su historia en tres partes. Hoy, la segunda.

 

 

Del ska al rock

Millie - My boy lollipop

Aquel éxito fue un hecho agridulce que cambiaría el modelo de actuar de Island Records. Blackwell montó una fiesta para homenajear a Millie con motivo de su regreso a Jamaica, llevándola en una motora desde el aeropuerto a su cabaña familiar en Tivoli. Cuando llegó a su hogar, la madre empezó a tratarla como una estrella y no como a su propia hija. Aquello hizo reflexionar a Blackwell, que resolvió no arruinar la vida de nadie más, dejar atrás el ska e intentar grabar a artistas blancos británicos, dejando de lado los singles y centrándose en los discos de larga duración De este modo pretendía edificar la carrera de sus artistas grabándoles varios álbumes para que pudiesen desarrollar su creatividad poco a poco.

Con la repercusión de Millie, todos los días recibía llamadas y cartas en las que le recomendaban nuevos talentos. Una de ellas le llevó hasta un local de Birmingham, a una hora de Londres, en las que tocaba un chaval de 16 años, Steve Winwood, al frente de su banda Spencer Davis Group. Subiendo las escaleras hasta el tercer piso, escuchó una voz poderosa y llena de soul que ya le había convencido. Al ver a aquel adolescente tocando su órgano Hammond como no había visto a nadie hacerlo anteriormente, supo que tenía que convertirlo en su protegido. Con él como primer fichaje de la nueva etapa, Island pasó de ser poco más que una importadora de discos jamaicanos a algo completamente distinto. De hecho, el color de las etiquetas de sus discos mudó al rosa, de forma que no fuese posible identificarla ni con la música negra ni la blanca.

Dos años después, cuando Winwood dejó a su grupo para formar Traffic en 1967, Blackwell lo respaldó, acompañándolo en su gira por Europa y los Estados Unidos. Aunque todos le preguntaban por qué no se quedaba en la oficina dedicándose a la intendencia de su empresa, Blackwell respondía que debía salir a la carretera y conocer las presiones a las que se someten los artistas, algo que aseguraba le abría los ojos para el negocio y que recomendaba encarecidamente a los responsables de otras compañías.

CHRIS BLACKWELL CON CAT STEVENS

Pronto desarrolló un instinto para reconocer el talento en los lugares más insospechados, firmando sólo a artistas en los que creyese personalmente. Sus excéntricos fichajes incluyeron a un renacido Cat Stevens cantando himnos de introspección, un grupete de amigos recién salidos del colegio llamados Free que pronto estarían llenando grandes recintos o un extraño grupo de folk rock con el nombre de un agricultor del siglo XVIII, Jethro Tull; alguien le dijo que había visto un grupo con un cantante que tocaba la flauta manteniéndose en pie sobre una sola pierna y eso fue suficiente para despertar su interés e ir a verlos con un contrato entre las manos. También supo aliarse con otros productores talentosos como Joe Boyd para contar con artistas como Nick Drake, Fairport Convention, Richard y Linda Thompson o John Martyn.

Poco a poco, los que no encajaban en otro lado y tenían un modo particular de conseguir lo que querían fueron encontrando en Island el lugar para trabajar persiguiendo su sueño. Por ejemplo, Guy Stevens. El productor empujó al grupo Mott The Hoople a destrozar el estudio durante la grabación del disco Brain capers en 1972, buscando la chispa que le faltaba a aquellas sesiones. Cuando le llegó la factura, Blackwell, que sufría estas salidas de tono con estoicismo, defendió a Stevens, asegurando que el modus operandi que él había conocido en las calles de Kingston era bastante más extremo.

 

 

Del rock al reggae

CHRIS BLACKWELL CON JIMMY CLIFF, TOOTS DE TOOTS AND THE MAYTALS Y EL DIRECTOR PERRY HENZELL

Ese mismo año, otro encuentro cambiaría de nuevo su estrategia. Un Bob Marley en el medio de una desastrosa gira británica, se decidió a visitar a su compatriota y ver qué podía hacer por él. Blackwell, que acababa de sufrir la ‘traición’ de Jimmy Cliff una semana antes cuando este había dejado Island por EMI tras el éxito de The harder they come –acusando a su jefe de dedicar más tiempo a su catálogo rock­–, lo tuvo claro tan pronto lo vio: Marley tenía carisma y una clara confianza en sí mismo, pero al mismo tiempo necesitaba la ayuda externa. Delante de él se hallaba su gran oportunidad y el gran reto para trabajar con parte de los dos mundos con los que había bregado hasta entonces: sonido jamaicano para un mercado occidental.

BOB MARLEY & THE WAILERS (por Ian Dickson)

A pesar de la fama de rebelde e incontrolable de Marley, Blackwell aceptó su petición de grabarle un disco y le dio 4.000 libras, siendo consciente, también, de que podría no volver a verlas más. Al mismo tiempo tenía la certeza de que esa era la única forma que aquel grupo de rastas tenía de salir del gueto de Trenchtown y que sólo mostrando su confianza en ellos se ganaría su respeto. Contra la creencia de todo el mundo, Bob Marley & The Wailers regresaron cuatro meses después con el disco Catch a fire listo para ser editado. Aun así, Blackwell hizo que músicos de sesión norteamericanos (el guitarrista Wayne Perkins o el teclista de Free, John Douglas ‘Rabbit’ Bundrick) regrabasen parte de las pistas para hacerlo más accesible a un público blanco, buscando más «una sensación hipnótica y nebulosa que un ritmo reggae».

Bob Marley -Exodus

Aquel disco sería el comienzo de la carrera internacional de uno de los símbolos más grandes del siglo XX, el mito más conocido a nivel internacional surgido del Tercer Mundo: Bob Marley. Sin embargo, todavía tardaría unos años en darse a conocer. Blackwell siguió editando sus álbumes sin desfallecer con la seguridad de que era en los directos donde convencía a todo el mundo: cuantos más conciertos diera, antes sería un éxito. Y, tal y como había intuido, su recompensa llegó finalmente con la explosión comercial de Exodus en 1977.

En aquellos años el sello Island volvió de nuevo su centro de atención hacia la música jamaicana, editando discos de Black Uhuru, Aswad, Third World, Gregory Isaacs o Sly & Robbie. De todas formas, no todos respaldaron la forma de actuar de Blackwell; el más crítico fue el productor de dub –y colaborador de Marley– Lee ‘Scratch’ Perry, quien, tras serle rechazada la edición de uno de sus discos, lo acusó de chupar la sangre de los desfavorecidos, asegurando a un periódico que había visto a Blackwell «beber la sangre de una gallina recién sacrificada en un vaso de ron, ofreciéndole a la modelo Iman un vaso», con el consiguiente revuelo internacional. De hecho, la portada del álbum Judgment in a Babylon aparece ‘adornada’ por una caricatura de Blackwell como un vampiro.

Lee Perry - Judgement in a Babylon

El mismo año del gran éxito de Marley, Island vivió su momento más delicado financieramente. La distribuidora americana de sus discos, RSO, propiedad de Robert Stigwood, decidió centrarse en capitalizar la enorme demanda de discos suscitada por la banda sonora de Fiebre del sábado noche, relegando los lanzamientos de Island y de otros sellos que quedaron por tiempo indefinido bajo llave en un almacén de Nueva York. Estrangulado el futuro del sello, Blackwell diseñó una ingeniosa operación: ofreció a la rival Warner 25.000 dólares por cada disco que distribuyera, a lo que la multinacional no pudo negarse: era dinero gratis de un competidor sin contrapartidas. Más negocio hizo Island, consiguiendo un millón de dólares en ventas sólo en los Estados Unidos al año siguiente.

 

 

Del reggae al rock

CHRIS BLACKWELL CON u2

Cuando Marley falleció de un cáncer en 1980, Island ya tenía recambio en el grupo más exitoso del rock de las siguientes décadas: U2. Blackwell fue a verlos en uno de sus primeros conciertos, cuando aún no tenían nada que ver con lo que serían después y, a pesar de que su música no le gustó especialmente en un primer momento, supo ver en ellos el potencial necesario. Fue la presencia en escena, la energía, la pasión y la determinación de Bono lo que le convenció para ficharlos. Después descubrió, para su sorpresa, que el grupo tenía un fuerte componente religioso, compartiendo esa fe con la plana mayor de los artistas de Island como Bob Marley, Cat Stevens o Jimmy Cliff.

CHRIS BLACKWELL CON BONO

Al año siguiente, Island estaba también allí cuando se abría oficialmente la era del videoclip. The Buggles, un grupo recién fichado, inauguraban las emisiones de la MTV con “Video killed the radio star”, canción emblema de una nueva época. Durante los años ochenta, la discográfica respaldó al subsello ZTT y el éxito de Frankie Goes to Hollywood, además de fichar a Tom Waits o Melissa Etheridge. Sin embargo, y al igual que había sucedido una década antes, el mundo del cine provocó una nueva crisis para la discográfica. Blackwell se metió de lleno en la producción de varias películas y una de ellas en concreto, El ritmo de la violencia (con Art Garfunkel como protagonista), dejó las cuentas de la discográfica tan tocadas que pensó en abandonar definitivamente la actividad. Solo la renuncia temporal de U2 a cobrar los cinco millones de dólares que se les debían por derechos de autor hasta que la empresa viviese mejores momentos permitió a la compañía seguir adelante.

El ritmo de la violencia

En 1989, cuando contaba con 52 años, Blackwell vendió Island a Polygram por 350 millones de euros, ya que, según sus palabras, «había dejado de ser divertido, con 120 personas trabajando para el sello solo en los Estados Unidos». Retuvo, de todas formas, parte de su trabajo como cazatalentos dentro de la compañía. Así, en la siguiente década contrató y grabó a P.J. Harvey, Tricky, Portishead, Pulp o The Cranberries; sin embargo, tras diversos encontronazos con los nuevos ejecutivos, Blackwell lo dejó finalmente en 1997. Aunque en los últimos años Island ha dado cobijo a talentos como el de Amy Winehouse, cuesta pensar que artistas como Sugacubes o Demi Lovato hubieran podido pertenecer a la escudería en otros tiempos, como así ha ocurrido. Sí, a día de hoy Island sigue reclutando nuevos artistas y editando sus discos, pero probablemente lo único que tenga en común con su pasado sea el logo de sus etiquetas.

Grace Jones -por Jean-Paul Goude- (4) Grace Jones -por Jean-Paul Goude- (11)

Hoy Blackwell dirige una compañía de hoteles que se extiende por Jamaica y Miami, siendo Golden Eye, la antigua residencia del autor Ian Fleming, la joya de la corona. A sus 78 años, su vivienda se encuentra un modesto bungaló en la playa de dos habitaciones. Y, al igual que ha hecho toda su vida, y sin haberse puesto nunca un traje, lleva las riendas de su última aventura personalmente y controlando hasta el último detalle.

 

 

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