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LOS MEJORES DISCOS INTERNACIONALES DE 2009

 

ANIMAL COLLECTIVE: Merriweather Post Pavillion (Domino-PIAS)

 

 

En una década han pasado de ser el más claro exponente de la música más escondida, experimental, alocada y rupturista a hacer algo así como su disco pop.

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EDITORIAL
Escrito por Xavier Valiño   
EDITORIAL
 
 
Los Discos: Historia y práctica de un amor obsesivo
 

Los discos: ese es mi Gran Amor. El amor más grande. Los discos son mi mano en el fuego y que me muera si no es cierto. Los discos son el eje y a su alrededor gira todo. Los discos son mi verdad, la única que conozco. Mi  sujeción, mi reposo del guerrero, mi medicina, también mis armas, también mis almas, todo eso son mis discos. Es cierto: Nada amo más que a esas canciones.

 
(Ver el resto de esta editorial: 1ª parte y 2ª parte )
 

Afrontémoslo: a este país la música pop le importa un pimiento. Mientras que en el Reino Unido y Estados Unidos forma parte de la vida cultural (y emocional), que para eso la inventaron ellos, aquí tan sólo afecta a un mercado caprichoso. El aficionado a la música es un bicho raro. Gente en cuya educación nombres como Dylan, Bowie, Sex Pistols, Soft Cell, Pixies o Nirvana tengan la misma importancia que Verne, Cortázar o Carver, Ford, Wenders, Spielberg o Tarantino.

Da la impresión de que escuchar pop es una etapa más. Una excusa para salir de fiesta o algo de lo que renegar cuando uno crece: el pop no nos acompaña a lo largo de nuestra vida. En general prima la indiferencia por una forma artística que, aunque joven (sólo 50 años frente a los siglos de historia de otras artes), surge en una época en la que la tecnología y los medios propician un influjo poderoso.

Eso explica que haya que ir recordando siempre quién era éste o el otro; que las revistas musicales vendan poco; que los programas musicales apenas existan en televisión. Da igual Tequila que Jaume Sisa, Miguel Ríos que Derribos Arias, Lions In Love que Family: si no has vendido mucho no existes, y si sí, casi tampoco. Eso explica que haya tanta recopilación de singles exitosos y canciones señeras, y tan poca recopilación exhaustiva, la ausencia de cofres y antologías que describan artistas y movimientos que merecen mucho más crédito del que cuentan actualmente.

Mientras que en Argentina hay memoria histórica, en España sólo cuentas si vendes por millones. Se llega a olvidar que la historia de la música pop está escrita también por geniales perdedores y personajes que fueron entendidos a posteriori. Da grima pensar la cantidad de canciones, ideas y energía que ha corrido por aquí y que parece no interesar más allá de los círculos de entendidos. Siento ser tan negativo, pero aquí el pop —salvo las citadas excepciones— no es más que música de consumo. Todo lo demás —incluido escribir, analizar y teorizar sobre el fenómeno— no son más que palabras que, salvo para una minoría, se las lleva el viento.

 

(Rafa Cervera)

Texto que Ultrasónica suscribe plenamente

 


 

EDITORIAL 2

De aberraciones sabemos bastante los que escribimos sobre música en medios de información general. De principio, asumes que eres el último mono en el orden de cosas: en tu periódico o en tu revista, la música popular ocupa el furgón de cola, representa el detallito moderno cuyo espacio siempre puede ser sacrificado por exigencias de la actualidad de la Literatura, el Teatro, el Cine, la Danza, las Bellas Artes.

Excepto si la información musical tiene que ver con. ¡su-per-es-tre-llas! Cualquier asunto relacionado con Bob Dylan, David Bowie, Paul McCartney, Van Morrison, Prince tiene un hueco garantizado (curiosamente, John Lennon, Jim Morrison, Jimi Hendrix y demás cadáveres ilustres también gozan del mismo privilegio). Eso supone que, por ejemplo, un servidor haya hecho tres críticas de página entera sobre la gira rollingstoniana de Bridges To Babylon (Chicago, Málaga y Santiago de Compostela). Y puedo confesar que en la primera se contaba todo lo que había que saber y que las demás fueron reiteración o autoplagio.

Por alguna razón, los responsables de las páginas culturales manifiestan una reverencia ilimitada por el directo. Un artista que está de gira es una percha perfecta, mientras que la edición de un disco no merece mayor atención (a no ser, claro, que lleve la firma de las citadas superestrellas).

 El resultado es que puedes leer una crítica extensa de un concierto que ha sido seguido por unos pocos centenares de espectadores mientras que el disco de alguien que vende decenas/centenares de miles de copias sólo ocupa la tercera parte del espacio. Inútil discutir: es así y punto.

 Existen otras muchas peculiaridades en la cobertura de la música en esos medios masivos. Por ejemplo, puedes vender cada año el mismo artículo si tiene un título o un concepto que refuerza ideas preconcebidas como "La ascensión de las mujeres en el rock", "Los festivales están de moda", "El boom de la música latina", "La música de baile eclipsa al rock", "Las independientes vencen a las multinacionales". Igualmente, puedes conseguir un espacio precioso si propones un reportaje sobre la gira de tal grupo español por Europa -aunque las cacareadas actuaciones tengan lugar en casas okupadas o en el Centro Gallego de turno- o el interés de la CNN o la BBC por la última cosecha de gaiteros norteños. El oculto complejo de inferioridad de este país se manifiesta en detallitos así.

 El aburrimiento que provocan esos temas en los profesionales de información musical -si tú no los sugieres, te suelen ser encargado por los redactores jefes tras un riguroso brainstorming- debe atemperarse con el conocimiento de que, caso de que te los propongan y tú los rechaces, caerán inevitablemente en manos de los becarios. Los becarios suelen ser hipercrédulos e hiperentusiastas ante cualquier tema y se lanzan con ardor sobre el asunto más manido. No importa que luego escriban Curt Kobain, Jimmy Hendrix o godspell. El resultado de sus afanes son artículos hechos a medida que refuerzan las ideas preconcebidas, que no rompen el consenso más necio.

No todos los temas tópicos caen en manos de novatos. Ocasionalmente, algún reportero estelar, incluso alguno de los especializados en política internacional o nacional, tiene la valiente ocurrencia de cubrir algún festival o concierto multitudinario. Puedes tener la seguridad de que su crónica incidirá en (1) la desnudez de las asistentes, (2) la abundancia de drogas, (3) el número de personas atendidas por la Cruz Roja y (4) el precio que alcanzaron las entradas en la reventa. Esa última información siempre me alucina: evidentemente, no procede de investigaciones propias a pie de obra. 

Hace un par de años, una amiga se tragó esos disparates: tenía una entrada para un espectáculo que no le interesaba especialmente y resulta que, decía el periódico, estaban agotadísimas y el día anterior ya se cotizaban a 40.000 pesetas en los alrededores del estadio. Se acercó a venderla y lo consiguió en una hora... por mil pesetas menos del precio oficial. Estaba indignada: "¿de dónde salen esas cifras?”. Respuesta: de la imaginación de los jefes de prensa y de la predisposición de los plumillas, incluso los más experimentados, a tragarse desorbitadas cifras redondas.

 

(Diego A. Manrique)

Texto que Ultrasónica suscribe plenamente

  

 EDITORIAL 3

Cambios transformativos y cambios incrementales en el negocio musical

 

Vale. Voy a intentar explicar por qué la gente del negocio musical no se entera del rollo online. Es fácil ridiculizar sus argumentos tipo «BitTorrent tiene la culpa de la muerte de los músicos», tratándose de gente realmente rica que sólo quiere conservar su enorme pedazo de pastel. Algo de eso hay. Pero sobre todo hay toda una forma de pensar que explica por qué se sienten como se sienten.

La cuestión es la diferencia entre las respuestas que hay que dar a los cambios transformativos y a los cambios incrementales.

En lo que respecta a la industria musical, veamos un ejemplo de cada. Empiezo con los cambios incrementales.

La invención del casette y de los cartuchos de 8 pistas fue un cambio incremental. De repente había más formas de vender copias físicas de música grabada. Más sitios donde hacerla sonar, nuevas máquinas necesarias o nuevas posibilidades para la cantidad de música que era posible embutir en un solo medio —los casettes de 90 minutos eran un estándar y algunas discográficas empezaron a lanzar álbumes dobles en un solo casette, dándole así nueva vida a su viejo catálogo—.

Ocurrió de nuevo con los CDs, otro cambio incremental. Se pretendió que tenían más resolución que el vinilo —mentira—, que eran indestructibles —mentira— y que podías llevártelos a cualquier parte —cierto—. Los CDs fueron aire nuevo para una industria estática. De repente, los que eran adolescentes en los 70 con el auge del rock en los estadios ahora eran exitosos treintañeros con dinero que gastar y una autoestima bastante frágil. Los negocios eran su nuevo rock'n roll, así que empezaron a llevarse radiocadenas a las oficinas y a necesitar algo que hacer sonar en ellas. ¿El resultado? Brothers In Arms.

¿Y los cambios transformativos? ¿Qué tal la invención de la música grabada? Antes de eso, como el maravilloso Andrew Dubber siempre nos recuerda, las partituras dominaban el mundo. ¿Querías oír música? Más te valía entonces que tú o tus amigos aprendiesen a tocar un instrumento. O podías ir a un concierto. Aquellos en los que tocaban estrellas eran prohibitivamente caros, así que muy poca gente disfrutaba de la «experiencia real». Pero no importaba. La música era mágica, todos tocaban, todos cantaban, y su vida se veía así enriquecida.

Pero llegaron las grabaciones y todo cambió. La industria musical existente se estremeció hasta el colapso. Los fabricantes de pianos y pianolas se arruinaron. ¿Quién necesita una pianola si puedes oír cuando quieras a los mejores intérpretes? No preocupaba entonces la calidad del sonido. La industria de las partituras desapareció.

¿Por qué fue un cambio transformativo? Porque no fue sólo un empujoncito en esta o aquella dirección. No fue un pequeño cambio en lo que estaba pasando. Fue un gran cambio hacia una industria completamente nueva, nuevas infraestructuras, nueva pirámide de ventas, nuevas tiendas, nuevas fábricas, nuevas carreras, nuevos artistas, nuevos medios. TODO NUEVO.

Cuando partes de una industria con 4 grandes costes —grabación, fabricación, distribución y promoción— y te cargas de un plumazo 3 de ellos, todo cambia. Toda la ciencia de pensar cuánto cuesta grabar un disco, qué infraestructura se necesita para un efectivo equipo de ventas, quién tiene que poseer los camiones y pagar a los chicos del reparto para llevar el disco a las tiendas, todo eso desaparece. Ahora son elecciones que haces, no prerrequisitos.

Si no quieres lanzar CDs o vinilos porque la posibilidad de no venderlos todos es demasiado alta, no lo haces. Te cargas así 2 de los 4 grandes costes.

Si ya tienes una base de fans que te aman y están deseando hablar de ti a sus amigos, facilítaselo. Ya te has cargado otro de los 4 grandes costes.

Si quieres experimentar lo que es posible hacer con las nuevas técnicas domésticas de grabación en vez de perder 2 meses en Abbey Road, reduces el cuarto coste a la décima parte.

Publicitarse ya no funciona. La tecnología de producción es mejor y más barata que nunca, los fans están deseando hablar de ti y compartir tu música, y felices si te compran el producto físico a ti y no a un tercero. Mercadear desde tu sitio web es fácil, a corto plazo, masivamente, o incluso copia por copia.

La industria de la grabación antes de Internet estaba construida alrededor de la presunción de que para poder pegar el pelotazo, tenías que tener ya el bolsillo repleto para arriesgarte a los daños colaterales asociados a terminar siendo parte de ese 0,1% que consiguen hacerse ricos. Las discográficas poseían los servicios por los que te cobraban, teniéndote perpétuamente adeudado, de forma que no pierdan nunca, manteniendo los precios artificialmente altos y eternizando los mitos sobre qué es lo que queremos y necesitamos, artistas y consumidores.

Todo ha cambiado. Tienes que mirar las posibilidades actuales como un cambio incremental en la industria. Es decir, que si sigues viendo que la infraestructura no ha cambiado y que el MP3 es un CD invisible, estás realmente jodido. Por eso para la industria «el cielo está cayendo sobre nuestras cabezas». No quieren prescindir de su vieja infraestructura.

Si ves el cambio real, vuelves a barajar las cartas, y te das cuenta de que en lugar de cientos de artistas ganando millones de dólares, podemos tener ahora millones de artistas ganando cientos de dólares —y de ahí hacia arriba en linea recta— entonces estamos en el buen camino.

El mundo de la música no necesita millonarios haciéndose notar. La música no cambia tu vida basándose en el bolsillo de los artistas. No necesitas a Simon Cowell y a sus desastres sin talento, despistados, horriblemente vestidos y hambrientos de fama para gente que sólo quiere una banda sonora inofensiva para sus vidas. El éxito de Factor X —el cuál, por cierto, como el de Lily Allen, es posterior a BitTorrent— prueba que todavía funcionan los procesos macro industriales en el mundo de la música. Pero eso ya no es asunto nuestro. Podemos hacer la música que queremos, y dársela a nuestra audiencia, sin deudas ni mitologías absurdas.

Por supuesto, cuando nuestra carrera crezca hasta el punto donde ya sí necesitemos toda esa ayuda, podremos seguir contratando profesionales para las giras, cuñas en la radio, diseñadores, plantas para planchar CDs, agentes, todo. La diferencia es que ahora es una línea recta. Ya no es salto con pértiga, donde para pegar el pelotazo tienes que disponer de un millón de dólares con los que pagar que te bajen el listón. Ahora subes a la cima, lentamente, con normalidad, sin que la fama inmediata arruine tu vida. Y tú, TÚ, tomas las decisiones, basándote en lo que tú necesitas y en lo que tu música necesita.

La fama es el reverso oscuro del éxito. No te dejes atrapar por una industria moribunda que no se preocupa por tu música, y sólo quiere que seas famoso. Busca una transformación, y sólo entonces te seguirán tus sombras.

(Steve Lawson)

Texto que Ultrasónica recoge como sintomático de la situación actual del negocio musical

 

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