Sigue en su aventura en solitario contra viento y marea. Edita sus discos en su propio sello y, al menos, cuenta con un legado de seguidores fieles. Cartografía es el nuevo disco de rock clásico del antiguo componente de 091.
Tres discos lleva ya editado el andaluz Tarik, que así se hace llamar Álvaro
Muñóz en homenaje a su abuelo. Sucede que, como cada uno de ellos fue
publicado con un espacio de ocho años y en pequeños sellos, Tarik aún no es
lo suficientemente conocido. Y vale la pena, porque en sus canciones hay ecos de
todo el pop y el rock de las últimas décadas en canciones de un gusto
exquisito. Si Deluxe triunfa, Tarik se lo merece de la misma forma.
¿Se
puede decir que Sequentialee es tu disco definitivo?
- Hasta que se publique el próximo, sí.
Sequentialee
es el estudio de Pedro Cantudo de Jubilee, ¿no? ¿Por qué en el título?
- Sequentialee es uno de esos ejemplos de cómo
la ilusión y el entusiasmo pueden dar sus frutos. Pedro empezó a construir su
estudio con cuatro cacharros en una habitación de su apartamento. Ahora no es
que tenga muchos más, pero su sabia habilidad para combinar las últimas
tecnologías con los aparatos vintage que encuentra tras pacientes búsquedas
en Internet ha hecho de su estudio un envidiable laboratorio sónico difícil de
superar. Además, conoce hasta el último condensador de cada uno de esos
aparatos, por lo que los resultados son óptimos. Ahí están, además, sus
primeros trabajos para corroborar lo que digo (Jubilee, Limousine), cuando aún
no disponía ni de la mitad del material del que ahora dispone. Quise rendir
tributo al estudio de Pedro con el título de Las Sesiones de Sequentialee,
pero era demasiado largo para aparecer junto al nombre de Tarik y la Fábrica de
Colores. Si se hubiera publicado en formato vinilo habría espacio para toda esa
cantidad de texto, pero no en CD porque hubiera ocupado toda la portada. Como
siga reduciéndose el formato vamos a tener que recurrir a las iniciales tipo: T
y la F de C.
¿Son
“Oyendo canciones” y “Sé que algún día” las canciones más cercanas a
tu primer disco?
- Cualquier parecido con aquello es pura
coincidencia. Además, tengo una memoria horrible y, para colmo, no soy nada
nostálgico. Casi todo lo que se hacía entonces me parece una mierda, incluido
lo mío.
¿Y
podríamos emparejar “I Forgot The Lyrics” con tu segundo disco On The
Radio?
- Para mí es muy difícil establecer esas
comparaciones. Intentando ser lo más objetivo posible, puede que existan
ciertos toques Bowie-de-los-70 en esta canción que también se podían
encontrar en temas de On The Radio. “I Forgot The Lyrics” es, básicamente
y por encima de todo, una canción soul.
¿De
qué canción de este disco estás más satisfecho?
- De la letra de “I Forgot The Lyrics” y
la música de “Un apartamento en Père Lachaise.
Una
de las que más me gustan a mí es “Vengan los amantes”. ¿Qué nos puedes
decir de ella?
- Apología del amor incendiario y suicida.
Surge de un poema que escribí hace casi un par de años y que concluye:
“Vengan los amantes / Conduciendo a través del desierto / Temblando como
flores / Hasta el fulgor naranja / Del Motel Sunrise. / Vengan los amantes / A
morir en la bañera / Un catorce de febrero / Del año dos mil cuatro”.
¿Y
de “Porque es domingo”?
- Es la historia de un tipo que elude todas
las responsabilidades menos las del amor, aun siendo consciente de que éste
también le puede proporcionar dosis de sufrimiento. Veo que has elegido las dos
más románticas, aunque ambas tienen matices bastante punk. En el fondo, el
punk fue una nueva versión del Romanticismo del siglo XIX. La sociedad ahora me
parece mucho más despiadadamente frívola de lo que debía ser la de finales de
los 70. Para colmo, la juventud se ha vuelto cien por cien conformista. Nos
tragamos lo que nos echen, y lo malo es que nos están echando los desperdicios.
Un filósofo o un artista es un personaje que, en el mejor de los casos, merece
una sonrisa de compasión, porque lo importante es estar preocupado con cosas
tales como cambiar de coche o pagar la hipoteca. Eso sí, para disimular tanta
pestilencia nos imponen la imagen global del buen rollito. Incluso lo que se
supone más díscolo y anárquico aparece ante nuestros ojos tamizado por ese
absurdo filtro del buen rollito, como si viviéramos en uno de esos horribles
anuncios de telefonía móvil. Creo que hace falta mucha más insolencia, más
desgarro y menos censura.
¿Te
apetecía dejar muy claro tu devoción por Neil Young al incluir “Cinnamon
Girl”?
- No he usado la canción como manifiesto
definitorio de mis influencias. Me gusta Neil Young, pero no me gusta
absolutamente todo lo que ha hecho, así que no se puede decir que sea fan. Soy
tan crítico con mis artistas favoritos como conmigo mismo, con la diferencia de
que yo soy bastante menos prolífico que la mayoría de ellos, por lo que he
tenido menos oportunidades de meter la pata.
¿Cuál
crees que es la mayor diferencia entre este álbum y los dos anteriores?
- Cuando hice el primero, todavía no existía
el CD, al menos con fines comerciales. Cuando hice el segundo todavía no existía
el mp3. Que nadie se lleve las manos a la cabeza cuando oye que yo hago un disco
cada ocho años. No es que yo sea lento: ¡Es que el mundo va demasiado deprisa!
¿Dónde
has pasado los dos bloques de ocho años cada uno que separan tus discos? ¿Estabas
quemado de la industria, no había canciones o te dedicabas a otras cosas?
- Me he dedicado a otras cosas incluso en
mis periodos musicalmente más activos. Aun entonces, vivir exclusivamente de la
música era prácticamente imposible. Sólo he tenido una etapa de “ventura”
económica proveniente de la música cuando hice unos trabajos para televisión,
en la época de derroche presupuestario. La televisión es como la casa de un
nuevo rico: una chapuza de muy mal gusto hecha con mucho dinero. Aun así, el
trabajo musical era el peor pagado y el mayor aliciente venía de los derechos
de autor. Por otro lado, jamás he dejado de hacer música, aunque ésta no se
haya publicado. En lo que a la industria se refiere, nunca me he visto tan
absorbido por ella como para estar quemado.
En
eso te pareces a otro grupo que sólo edita discos cada ocho años, The Blue
Nile. ¿Curioso, no?
- Pues sí. Esos tíos tienen que ser majísimos.
¿Sigues
viviendo en Inglaterra?
- No. Volví a España en el 98, cuando se
publicó On The Radio. Mi idea era seguir viviendo allí algún tiempo más,
pero creímos que había que darle cierta promoción al disco y para ello era
necesario vivir en España, así que dejé trabajo, novia y un futón estupendo
que me acababa de comprar. Qué le vamos a hacer.
¿Qué
te aportó haber pasado tanto tiempo allí?
- Aparte de descubrir que hay vida después
del gazpacho y la tortilla de patatas, empezar desde el absoluto anonimato creo
que me ayudó a trabajar con humildad. No es que en España fuera una estrella,
pero por entonces siempre habría un bar ‘alternativo’ en algún rincón de
cualquier ciudad donde uno podía decir ‘soy Tarik, el de la Fábrica de
Colores’ y, quieras que no, algún güisqui de gorra caía. Y si no le sonaba
el nombre, le tarareabas el riff de guitarra del primer single (“Entonces Por
Qué”). O, no sé, ibas a comprar el pan en tu barrio y el panadero te decía
que le había gustado mucho el artículo publicado sobre ti en la gacetilla
parroquiana y, además, te regalaba un bollo.
Supongo
que, aunque tus influencias parecen clásicas, habrás descubierto un buen montón
de grupos. ¿Cuáles son tus favoritos?
- Me gustan bastante Guided By Voices, Super
Furry Animals, Wilco, Teenage Fun Club, Papa M (antes Aerial M), Parker and Lily,
Elliott Smith…
¿Qué
queda en ti del tipo que empezó en Yacentes?
- Una cicatriz de navaja en el costado
izquierdo. Una noche, después de un concierto en Sevilla, fuimos increpados por
un grupo de agitadores descamisados. Aquello acabó en una batalla campal en la
que Charly y yo nos llevamos la peor parte, ya que fuimos acuchillados. Pasamos
una noche horrible en el hospital, pero me enamoré de la enfermera.
Por
último, ¿crees que tu abuelo estaría orgulloso del tributo que le hiciste a
su nombre con tu música?