Dos rupturas: con su grupo y con su novia. Una cabaña en las montañas. La posibilidad de escapar. Meses sin más contacto con personas que con su padre, esporádicamente. Cazando ciervos. Tocando con su guitarra. Al final, un primer álbum en solitario para Justin Vernon bajo el nombre de Bon Iver (algo así como Buen Invierno en francés). Su título: For Enma, Forever Ago (Par Enma, Hace para siempre). Folk crudo, en esencia. ¿Y cómo lo hizo?
Después
de muchos años como uno de los principales defensores del reggae, Toots and the
Maytals reivindican su trono en un disco de duetos, True Love, en el que
colaboran, entre otros, Ryan Adams, Keith Richards, Jeff Beck, Eric Clapton,
Bootsy Colins, Ben Harper, Willie Nelson, No Doubt, Bunny Wailer, Marcia
Griffiths...
¿Qué
piensas de este proyecto, con todos esos artistas de distintas generaciones y
diferentes estilos, de lo que enseña de tus canciones y de tu carrera?
- Me gustó demostrar que tengo diferentes maneras de hacer música.
Gracias a Dios, me permitieron hacerlo de esta manera, porque todos somos como
una gran familia. Conocen mi estilo, aman mis canciones y tienen mis discos en
sus casas. A algunos no los conocía de antes, pero cuando se presentaron todos
reconocían que llevaban escuchando a Toots and the Maytals mucho tiempo.
¿Qué
es lo que has aprendido de estas canciones al trabajar con toda esa gente?
- He aprendido que la música es algo sin fin, que puede ser modificada y
convertirse en algo grande. Todos estos artistas somos amigos. Siento su espíritu
y ellos sienten el mío. Y una generación joven podrá descubrir nuestro espíritu.
Cuando canten una canción, podrán tener algo mío, algo de los Rolling, algo
de Bonnie Raitt, algo de Willie Nelson...
¿Cómo
fue trabajar con Keith Richards? Todos piensan que es el tipo más salvaje del
rock’n’roll.
-
Bueno, el caso es que ya lo conocía, así que no ha sido ninguna sorpresa. A él,
a Mick, a Ron, a todos los Stones. A ellos les gustan mis canciones y a mí me
gusta su estilo. Incluso canto habitualmente alguna de las canciones que
escribieron, como, por ejemplo, “Start Me Up”. Lo que recibo de Keith es la
energía, el amor y el ánimo de su guitarra. Tocamos en acústico. Con Ben
Harper me pasa lo mismo. Con Phish también.
Sueles
decir que tu canción “Do The Reggay” le dio el nombre al reggae.
- La gente me lo comenta, pero cuando lo hice no me di cuenta. El ritmo
estaba en Jamaica, y ya se tocaba mucho antes de que yo empezara a cantar. Era
una palabra del argot, como un apodo para alguien que no vestía correctamente.
Si alguien iba descalzo, le llamaban “streggae”. Si una chica no llevaba un
top, le decían lo mismo. Así que una mañana de martes dijimos vamos a hacer
el “reggae”. En aquellos días simplemente tocábamos y componíamos,
cualquier cosa. Si un pájaro volaba por la esquina, escribíamos una canción.
Así que empezamos a cantar “Do the reggay, do the reggay” y eso fue todo. Sólo
unas palabras, ¿sabes? Y nadie le prestó atención hasta que comenzó a
extenderse por el mundo. Lo vi en el libro Guinness de los Records. Así que le
doy las gracias a Dios por haber hecho algo bueno que ni siquiera planeé.
“Monkey
Man” ha sido un himno para generaciones de grupos de ska. ¿Por qué crees que
sigue gustando treinta años después?
- Son vibraciones. En cien años se seguirá tocando, ya que se trata de
palabras lógicas con las que la gente se puede identificar. Si te hace feliz,
te hace feliz.
¿Cuál
es la historia detrás de “54-46”
-
Después de grabar “Bam Bam” había mucha política a nuestro alrededor.
Alguna gente pensaba que había compuesto la canción para otro partido político.
Los artistas no hacemos negocios en la política. De todas formas, alguien
intentó pillarnos. Ni siquiera había empezado a fumar marihuana. No tenían
ninguna causa, pero la encontraron. La gente intenta hacer cosas para que no
avances. Me metieron en la cárcel durante nueve meses y allí escribí la canción.
Me dieron el privilegio de usar mi guitarra. No tengo que hacer nada más, sólo
tocar mi guitarra.
En
estos días mucha gente del hip-hop cuenta historias así, pero no han tenido
tales experiencias.
-
A mí no me gusta hablar de ello; me enfado. Pero creo que vale la pena decírselo
a la gente. Y si alguien te hace algo malo, no tienes que enfrentarte a ellos;
yo escribo una canción y hablo de ellos. Y cuando la escuchan empiezan a pensar
que puede que me hayan hecho algo malo.