Sí, Thunder, Lightning, Strike (2004), fue uno de los discos más excitantes que ha visto el pop en años. Hecho en la cocina de su auténtico líder e instigador, Ian Parton, para su presentación tuvo que armar un grupo de seis componentes. Ahora, asimilado el estallido colorista de su debut, llega su segundo álbum, Proof Of Youth, en este caso arropados por una iconoclasta lista de voces invitadas: los niños de Rapper’s Delight Club, Marina de Bonde Do Role, Solex, Check D de Public Enemy… Ian Parton, quien nos presenta el disco, sigue igual de apasionado con su proyecto que el primer día.
Ha
pasado poco más de un año desde que So
Much For The City situara a The Thrills entre los grupos más emocionantes
del momento. Ahora, en su muy esperado segundo trabajo titulado Let’s
Bottle Bohemia, el quinteto de Dublín retorna con una colección
cautivadora de canciones.
Producido
por Dave Sardy (Johnny Cash, The Walkmen), y con apariciones estelares de Peter
Buck de REM y el legendario Van Dyke Parks, el álbum es más oscuro y más
afilado -tanto en sonido como en las letras- que su juvenil y optimista
predecesor, manteniendo su disposición a romper con las armonías y el
esplendor melódico, ya una marca de la banda. Agridulce, Let’s Bottle Bohemia marca el paso de The Thrills de irresistibles
clasicistas de pop luminoso a ser una de las bandas jóvenes más relevantes.
“Es
la historia de The Thrills desde su primer disco,” explica el guitarrista
Daniel Ryan. “Cuando un grupo hace su segundo álbum, la forma de planteárselo
es: ‘¿Se podrían poner esas canciones en el primer álbum?’ Si no puedes,
entonces ya sabes que has hecho un buen álbum. Siempre ha de ser un paso
adelante.”
“El
primer disco tenía un encanto ingenuo,” señala el cantante Conor Deasy.
“No nos importaba que se notasen nuestras influencias, estábamos felices
siendo simplemente una banda. En este disco no hubo nunca una canción en la que
quisiésemos asentir a algo o imitar algo o hacer referencia a algo. El
resultado es un disco más ambiguo. Es el sonido de un grupo que vuelve a sí
mismo, con los pies en la tierra, y siendo lo menos creídos posible.”
Movidos
por el pop de la Costa Oeste como en “Santa Cruz (You’re Not That Far)” y
“Big Sur So Much For The City, su
primer disco fue todo un descubrimiento. “Tuvimos tanta suerte,” dice Deasy.
“Estábamos en tal racha que no creo que en realidad nos diéramos cuenta de
lo que pasaba. Simplemente suponíamos que todo iba a funcionar. Cosa que ocurrió,
obviamente.”
“Estábamos
tan ocupados que nunca tuvimos ni la menor oportunidad de pensar en lo que habíamos
hecho,” explica Ryan. “No somos el tipo de banda que se deja llevar por las
cosas. Todos somos bastante equilibrados y sensatos.”
A
The Thrills no les interesaba apretar el botón de pausa. Con un puñado de
canciones nuevas que habían escrito a lo largo del año anterior, el grupo
eligió canalizar su energía acumulada en hacer un álbum nuevo. “La mayoría
de las bandas terminan una gira, se van a casa, componen canciones y luego
vuelven al estudio,” explica Deasy. “No hay muchas bandas que giren y giren
y luego se metan directamente al estudio. Pero no queríamos perder esa sensación
de emoción.”
“Cuando
grabamos el primer álbum, no habíamos girado mucho aún,” puntualiza Ryan.
“Queríamos que eso viniese con este disco. Hicimos muchos conciertos y, como
encajamos y nos aglutinamos juntos, queríamos capturar más nuestro sonido en
directo. El último álbum es genial, pero, en comparación, suena muy blando.
Suena como si fuese un grupo diferente. No en un sentido malo; es simplemente
que en este disco sonamos como que hemos crecido. El sonido es mucho más fresco
y descarado. Te choca de verdad, se lanza realmente hacia ti.”
También
hace una aparición en el álbum Peter Buck, fan de los Thrills, que toca la
mandolina en “Faded Beauty Queens” y la guitarra en “The Curse Of
Comfort.” El grupo contactó con el guitarrista de REM en Glastonbury y,
cuando fueron a Seattle para un concierto en el bar del guitarrista, éste se
pasó por el concierto.
“Peter
entró en los camerinos,” recuerda Ryan. “Estábamos charlando y yo decía cómo
podía tocar la guitarra Peter en nuestro nuevo álbum y él dijo, ‘Sí,
seguro, dadme un toque.’ La verdad es que yo no lo tomé muy en serio. En fin,
le llamé y dejé un mensaje cuando Peter y su mujer estaban fuera. Sólo nos
quedaban dos días más en el estudio, pero su mujer llamó y dijo que Peter
vendría al día siguiente.”
En
Let’s Bottle Bohemia también
encontramos arreglos a cargo de Michel Colombier en “Not For All The Love In
The World” y “Whatever Happened To Corey Haim?” Esta última canción
destaca como el tótem del disco, un comentario eufórico aunque mordaz sobre lo
insulso de la cultura de famosos de hoy en día.
“Realmente
resume una de las cosas sobre las que he estado meditando,” comenta Deasy,
“los tiempos vacíos y voyerísticos en los que vivimos. La canción ni
siquiera va sobre la diversión. Sencillamente siento que vivimos en una época
en la que la cultura popular ha alcanzado el nivel más bajo de la historia. Es
una cultura de la buena fortuna y del recrearse, en la que se idolatra e hincha
hasta niveles increíbles a gente realmente vacía con nada que decir.”
Como
cabría esperar de esta banda de rock de las más inquietas, el grupo ya se está
imaginando su próximo paso adelante, determinados a no dormirse en los
laureles. “La verdad es que nos gustaría hacer otro disco el año que
viene,” declara Ryan. “Nos encanta lo que hacemos. Queremos ser una de esas
bandas que en realidad no forman parte de ninguna escena, como Blur o REM, que
simplemente siguen sacando buenos discos.”
“La
mayoría de los grupos modernos trabajan a un ritmo muy lento,” dice Deasy.
“Miras atrás y hay tantos de los grandes grupos que simplemente hacían disco
tras disco, tras disco... No hay nada peor que cuando un grupo está en su
apogeo y actúan a lo Stone Roses. Lo que me encantaría es que pudiésemos
sacar tres discos en tres años. Quizá entonces, tomemos un descanso. Pero,
probablemente, no por mucho tiempo…”