Sí, Thunder, Lightning, Strike (2004), fue uno de los discos más excitantes que ha visto el pop en años. Hecho en la cocina de su auténtico líder e instigador, Ian Parton, para su presentación tuvo que armar un grupo de seis componentes. Ahora, asimilado el estallido colorista de su debut, llega su segundo álbum, Proof Of Youth, en este caso arropados por una iconoclasta lista de voces invitadas: los niños de Rapper’s Delight Club, Marina de Bonde Do Role, Solex, Check D de Public Enemy… Ian Parton, quien nos presenta el disco, sigue igual de apasionado con su proyecto que el primer día.
Su
música te hace pensar en todas las formas en las que la vida humana logra
conectarse. Cuando Susana Baca canta las historias de su Perú natal, uno se
pregunta si en algún momento de su vida habrá luchado contra alguien que
comercia con esclavos, si habrá matado un toro o, simplemente, si el espíritu
de Perú y de sus gentes vive dentro de él.
Su obra es, a la vez, mágica y real. Con cada escucha se descubre un
universo paralelo al de uno mismo extremadamente rico, un universo que le
recuerda a uno su propio ser en el nivel más auténtico. En sus canciones
habitan los personajes y las historias de los pueblos pesqueros de la costa en
los que nació, a través de sus vidas, sus amores, sus pérdidas; todo el Perú
negro se une en estos testimonios desnudos a la universalidad de la experiencia
humana.
Curiosamente, esta mujer tan apegada a sus raíces se encontraba con su
banda en Nueva York el fatídico 11 de septiembre intentando grabar Espíritu
Vivo, su anterior disco en estudio, un álbum que recreaba viejas y nuevas
canciones enfrente a una pequeña audiencia en un pequeño estudio de Manhattan.
Tuvieron que olvidarse de lo que sucedía a su alrededor y enfocar sus
sentimientos en lo que estaban haciendo.
“Al principio me sentí como si me estuviera ahogando,” admite Susana
Baca, y tenía miedo de no encontrar la voz. Pero cuando empecé, me di cuenta
de nuevo del poder de una canción para curar. Me sentí como si estuviera
compartiendo esto con la gente de Nueva York. Al final, es el amor lo que
gana.”
También
le sirvió para apreciar más esta clase de contacto con el público. “Me di
cuenta de que soy mucho más feliz cuando tengo una audiencia cerca de mí,”
comenta la cantante, “para poder ver los ojos de la gente. Puede que sea algo
en mi subconsciente, pero me comunico mucho mejor de esa manera. Los estudio me
parecen algo frío, ya que lo único a lo que te enfrentas es al cristal de la
pecera.”
Susana
nació y se crió en Chorrillos, un barrio marítimo de las afueras de Lima. Fue
allí donde descubrió el legado cultural que los africanos llevaron a Perú con
el comercio de esclavos de los españoles, a través de canciones como las que
contiene su recopilatorio The Best Of... que ahora se edita.
Después
de muchos años escribiendo libros y grabando discos basados en sus trabajos de
campo en ciudades como Chorrillos, Trujillo y El Carmen, en 1992 fundó el
Instituto Negrocontinuo con su marido para preservar este legado para las
generaciones venideras. “Vengo de una cultura y un lugar en el que la música
es algo natural,” dice. “Y, desde que era pequeña, siempre tuve curiosidad
por los orígenes de las canciones que cantábamos.”
“La
música del Perú negro es la música del ghetto,” continúa. “Los negros
son todavía ciudadanos de segunda o tercera clase. Las canciones de Lucila
Campos o Chabuca Granda están cantadas en español, sí, pero sus ritmos y su
blues, tocados en instrumentos como la quijada de burro o la cajita, son los de
los africanos que llegaron a América.”
“Editamos
un libro y un disco en 1992. Me enfrenté al pasado y tenía que ser fuerte. Es
algo que todos los de origen africano tienen que hacer porque nuestro pasado está
inmerso en la historia de la esclavitud, y debe de encararse y conocerse. He leído
mucho y no fue nada agradable. Había momentos en los que no quería continuar,
no quería saber nada más de las atrocidades de la historia.”
Y
eso es lo que encierra The Best Of..., como sus anteriores discos, de los
que se han extraído estas canciones. En él se puede seguir las narraciones de
pequeñas ciudades de las que uno nunca había oído hablar antes, pero, al oír
su voz, todo cobra sentido.