Son uno de los proyectos más personales del Estado. Con su primera maqueta ganaron varios festivales, entre ellos el convocado por el Festival de Benicassim. Después vinieron dos discos intensos y eléctricos -El Columpio Asesino (2003) y De mi sangre a tus cuchillas (2006)-. Ahora, con menos ferocidad, pero igual intensidad, y un sonido muy especial, editan La gallina, un álbum que presentan el sábado 24 en la Sala Karma de Pontevedra.
Puede
que sea su quinto álbum, pero Stereophonics aborda Language. Sex. Violence. Other? con tanto entusiasmo como si se
tratara del primero de ellos. Han transcurrido casi dos años desde You Gotta
Go There To Come Back. Durante este tiempo, la banda ha estado ocupada
girando por América con David Bowie, componiendo y grabando. Hay un nuevo
miembro -Javier Weyler sustituye a Stuart Cable a la batería-, nuevos métodos
de trabajo y una actitud positiva. “Esta banda es tan positiva ahora”, dice
Nelly, “que hemos hecho el disco más apasionante que éramos capaces de
hacer”.
La
banda estaba de acuerdo en que querían hacer algo que fuera muy diferente de su
anterior álbum, algo que atrapara inmediatamente a quien lo escuchara y que, al
mismo tiempo, fuera más profundo. La banda admite con alegría que la reacción
común ha sido de divertido desconcierto al principio, pero finalmente les ha
gustado. Son Stereophonics, aunque quizá no exactamente como los conocíamos.
Si
la gente se muestra sorprendida, quizá sea debido a que la banda tenía
objetivos muy definidos esta vez. Querían un disco del que sentirse
satisfechos. Tenía que ser muy conciso. Debía sonar como el mejor repertorio
que la banda fuera capaz de juntar. Todos los títulos de las canciones debían
ser una única palabra. Debía tener la energía de su primer álbum, Word
Gets Around (1997), pero con los trucos en la producción que Stereophonics
habían aprendido en su camino. Tenía que ser un disco muy actual.
Hace
unas semanas, Kelly estaba escuchando You Gotta Go There To Come Back. Y
se dio cuenta de algo sorprendente. “De pronto pensé: ¡Joder! ¡Estábamos
realmente drogados cuando hicimos esto!”, dice. “Sencillamente, sonaba muy
denso”. “En este disco, dejamos los porros de lado”, añade Richard. “Sí”,
asiente Kelly. “Este álbum se grabó con mucha más energía”.
En
cierta medida, el nuevo talante de Stereophonics se debe al batería Javier
Weyler. La banda conoció al enérgico argentino cuando estaban grabando
maquetas para el último álbum. Javier estaba trabajando en el estudio y pronto
se hicieron amigos. Cuando llegó el momento en el que Kelly debía grabar temas
para este nuevo disco, Javier se sentó a la batería y los dos empezaron a
improvisar. Para Kelly, tocar con un batería en el estudio, en lugar de
utilizar una caja de ritmos, fue toda una revelación. Le devolvió la chispa, y
las canciones no tardaron en surgir.
El
título, Language. Sex. Violence.
Other? está sacado del código de clasificación empleado en el
reverso de los DVD, sobre el que Kelly se preguntaba si significaba que todo
puede incluirse en esas cuatro categorías o, como él mismo dice, “¿hay algo
más?”.
La
intención esta vez era recrear los tiempos de los discos de vinilo, cuando ponías
una cara, escuchabas todas las canciones y, a menudo, sentías la necesidad de
colocar la aguja al principio del disco y escucharlas todas de nuevo. Hoy en día,
¿cuántas veces las bandas apuran los 80 minutos que tiene un CD sólo porque
pueden hacerlo?
Así,
el primer single extraído del álbum, “Dakota”, se convierte en la mejor
canción de Stereophonics, y es un anzuelo que te atrapa y no te suelta.
“Doorman” es una broma llena de energía y sarcasmo, con Kelly en un tono
totalmente guasón. Y el pegadizo “Superman” es un tema de rock clásico, y
al mismo tiempo actual, y la primera de las canciones que Kelly escribió para
el LP, que le llevó a pensar: “¡Vaya! Es genial. ¡Ahora tengo que escribir
otras nueve como ésta!”.
Language.
Sex. Violence. Other? cuenta con la colaboración artística del
famoso ilustrador gráfico Graham Rounthwaite, y marca un nuevo comienzo para la
banda. Lo que nos lleva de nuevo al punto de partida. “Todas las personas que
han participado en este disco son nuevas”, explica Kelly. “Es gente con la
que no habíamos trabajado nunca. Es un nuevo principio. Y resulta muy
emocionante ver adónde podemos llegar partiendo de aquí”.