42 años y millones de discos vendidos. Tras un pasado punk y radical, en muchos sentidos, Moby ha vuelto su vista hacia la música de baile que, dice, es lo que ha hecho que recupere su fe en la música. Last Night es el disco que lo testifica y puede que no sea un éxito mundial, pero al menos Moby dice estar contento.
Lo tienen casi todo para convertirse en un grupo
de referencia. Un pasado curtiéndose en la sombra: Adele Bethel (voz y
guitarra) y David Gow (batería) estuvieron con Arab Strap, The Zephyrs y David
Kitt; Scott Paterson (voz y guitarra) comandó March Of Dimes; y Ailidh Lennon
(bajo, mandolina) estudió composición clásica en la Universidad.
Conocen bien la tradición folk escocesa -Bert Jansch, Davy Graham, Anne
Briggs, John Martyn- pero miran hacia losnombres
intocables de los EEUU: Johnny Cash, Will Oldham, Bob Dylan -de su “The Times
They Are A-Changin’” toma el nombre el grupo-, Neil Young, Tom Waits,
Leonard Cohen, Smog... Se presentan arropados por el sello Domino, una de las
discográficas con un catálogo irreprochable.
Recorren Europa y América teloneando a Franz Ferdinand, con lo que ya se
han expuesto a otros públicos y más numerosos. Por suerte, no cuentan con el
apoyo desmesurado de los medios. Su mezcla de la tradición norteamericana folk
con casi cualquier cosa -blues, funk, country, post-punk, rock’n’roll- no
encuentra fácil acomodo. Algunos lo han llamado killbilly y no van
descaminados. Un mini álbum, Love The Cup, el año pasado, y un disco de
supuesta larga duración este año -se queda casi en la media hora-, The
Repulsion Box, los convierten en uno de los grupos mejor colocados para no
quemarse tras el primer álbum. Nos lo confirma David Gow.
¿Qué
habéis aprendido trabajando con otras bandas anteriormente?
- No estoy muy seguro. Supongo que nos dio experiencia sobre qué esperar
cuando vas de gira. Y, desde luego, lo que nos dio fue el empuje y la formación
necesarias para empezar Sons And Daughters. Siempre les agradeceremos la
oportunidad que nos dieron y los respetamos mucho.
¿Era
el sello Domino uno de vuestros objetivos principales?
- Nuestro disco salió en los Estados Unidos en un sello pequeño llamado
Ba Da Bing!, que llevaba un amigo nuestro, pero era difícil que tuviera
repercusión en otros países, y el disco sólo se podía conseguir de importación
en Escocia. En ese momento, nos ofrecieron firmar por Domino, que se puede decir
que era nuestro sello favorito. Es cierto que hay sellos en Escocia, pero la
primera oportunidad nos la dieron ellos. Además, los que hay en Escocia son
pocos y no demasiado potentes; lo que falla es la industria.
¿Empezasteis
con canciones country compuestas al piano?
- Sí, solíamos ser bastante más introspectivos, con canciones más
calmadas. Después de unos meses, empezaron a surgir canciones más enérgicas y
con más guitarras. Fue un cambio gradual, sin ser premeditado, y disfrutamos
con lo que iba saliendo, así que continuamos por ahí. De aquellas canciones
hay varias grabadas, y algunas acabaron en las caras B de los singles que hemos
editado.
“Johnny
Cash” fue vuestro primer single. Parece toda una declaración.
- Supongo que se podría afirmar algo así. Es una referencia, desde
luego. Es cierto que escribimos temas que hablan del amor, la muerte o las
relaciones personales, como Johnny Cash, salvando las distancias, pero nosotros
le añadimos una sensibilidad pop, en dos o tres minutos. En este caso, la canción
nos recordaba a una vieja grabación de Johnny Cash para la Sun Records, así
que empezamos a llamarla así, y así se quedó.
También
parece que vuestras canciones se pueden bailar.
- Sí, nos gusta que sea así. Es cierto que no son canciones puramente
para bailar, pero depende de lo que a ti te apetezca bailar. Hace poco, era más
fácil encontrar grupos de música electrónica en todos lados y era más
popular. Cuando nosotros empezamos, estaba más de moda ir a los clubes a bailar
esa música, pero parece que su protagonismo ha sido tomado por las bandas de
guitarras que también inducen al baile. Ahora puedes encontrar el término
medio en bandas como LCD Soundsystem, The Rapture o !!!, que son increíbles en
directo, con un cantante que realmente levanta al público.
¿Cuál
es el principal paso adelante entre los dos discos?
- El primer disco fue producido por nosotros en colaboración con un
ingeniero, ya que teníamos claro qué queríamos, y lo hicimos en un período
breve de tiempo, al estar todos trabajando. Para el segundo tuvimos más tiempo,
unas cinco semanas, y empezamos a usar el estudio como un instrumento, jugando
con los efectos. Aun así, tampoco queríamos un cambio radical.
Tengo
entendido que seguís a Smog, Leonard Cohen, Nick Cave, Johnny Cash, Bob Dylan...
¿Alguna otra clase de grupos?
- Desde luego que todos esos artistas son gente que escuchamos y
seguimos. En cuanto a otro tipo de artistas, durante la grabación de este
segundo disco escuchamos mucho a Serge Gainsbourg o Nina Simone. Me gustaría
decir que hay mucho de ellos ahí. También escuchamos a Gun Club, The Triffids,
Franz Ferdinand o Antony & The Johnsons, al que vimos en el Primavera Sound
Festival en Barcelona, a pesar de que no era posible encontrar asientos en el
Auditorio.
¿Están
las dos voces ahí desde el principio? ¿Cómo llegasteis a ello?
- Si, siempre han estado ahí desde el principio. Scott tocaba la
guitarra y para él fue natural ponerse a cantar. Adele le siguió y vimos que
funcionaba bien. Nos gustan ese tipo de canciones con dos voces, la masculina y
la femenina. Viene de la tradición folk, eso de la invocación y la respuesta.
Además, Scott y Adele también son pareja fuera del escenario, por lo que
supongo que cuando tocan juntos se produce una química especial, pienses o no
en ello.
Vuestros
conciertos dan la impresión de ser catárticos para vosotros.
- Ponemos mucho empeño en ello y lo hacemos por la gente que nos va a
ver, pero también por nosotros. Siempre intentamos aportar el máximo de energía
y de ganas. Salimos ahí y tocamos canciones llenas de rabia y furia sobre
relaciones. Al cantarlo, lo sacas de tu vida personal y no tienes que sentirlo
todos los días dentro. Es una liberación tocar una canción en la que has
estado trabajando tanto tiempo y comprobar si la gente la disfruta o no. También
es importante para nosotros qué canciones tocamos y cuándo; creemos que crear
una tensión y un ambiente determinado es decisivo para una actuación.
Parece
que la escena de Glasgow es más ecléctica ahora que nunca.
- Solía pensar que no, que siempre ha sido así, igual de vibrante y
activa, pero creo que en los últimos tiempos he cambiado de opinión. Ahora hay
más variedad que nunca: cada grupo es distinto, hay conciertos todas las
noches, no tenemos la presión de las discográficas y los medios de Londres, y
además el éxito de Franz Ferdinand ha acabado por darle a la ciudad el empujón
que faltaba, apareciendo aun más grupos. Cada músico tiene su grupo, pero hay
entre todos una sensación de camaradería que no encuentras en otros
lugares.