Antes de iniciar una gira española que lo llevará en febrero por Madrid (día 13), Murcia (14), Zaragoza (15) y Barcelona (16), el cantautor eléctrico más político de los EE.UU. nos habla de su nuevo disco y la ciudad en la que ahora vive, Nueva York. “No ha cambiado tanto como las agencias inmobiliarias os podrían hacer creer”, explica Steve Earle acerca de su ciudad adoptiva. “Especialmente mi barrio no ha cambiado demasiado. Yo siempre indico a la gente el lugar correcto para que puedan hacer sus fotos como en la portada del disco Freewheelin’”.
Final
Straw
es ya el tercer álbum de Snow Patrol, aunque el primero que se edita en una
multinacional, de una banda que ya está establecida como una aplastante mezcla
entre el retorcido rock británico y el pop de guitarras alternativo de Estados
Unidos.
Pero el éxito no ha venido fácilmente. La historia de Snow Patrol comenzó en
la Universidad de Dundee en 1994, cuando Lightbody, el carismático cantante y
guitarrista, tropezó con el
guitarrista Mark McClelland, apodado Maps “porque
se orienta bien en cualquierciudad.
Nuestras miradas se encontraron en la concurrida pista de baile,” dice
Lightbody. “Sabía que era la persona que necesitaba. Encajábamos
musicalmente y a ambos nos gustaban las mismas bandas, de modo que nos decidimos
a formar nuestra propia banda. Ése fue el inicio de Snow Patrol.”
Bueno,
no del todo. El primer nombre que eligieron para la banda fue Polar Bear, nombre
que también había usado el ex bajista de Jane’s Addiction, Eric Avery.
“Cuando surgió la amenaza de un pleito legal, nos decidimos por el igualmente
invernal nombre de Snow Patrol.”
Después
de fichar para Jeepster Records (sello de Belle & Sebastian, entre otros),
la banda ya tenía tres miembros con la incorporación del batería Johnny Quinn,
apodado Thunderclap “porque toca la batería con mucha fuerza.”. Su primer
álbum, Songs For Polar Bears, llegó en 1998, con un título que hacía
un guiño a aquel primer pleito.
Las
variadas influencias del trío se dejaban sentir en aquel disco que fue después
aclamado por la crítica por su pop punk infeccioso con una inclinación hacia
los estallidos distorsionados. “Básicamente habíamos recurrido a nuestras
bandas favoritas y en esos momentos estábamos bajo la influencia del rock
americano: The Pixies, Dinosaur Jr., Soundgarden, aunque también escuchábamos
a My Bloody Valentine y el primer disco de Super Furry Animals.”
En
2001 publicaron un segundo álbum, When It’s All Over We Still Have To
Clear Up, pero, por entonces, la relación entre la banda y Jeepster se
estaba deshaciendo y la separación de sus caminos era inminente. “Sucedió en
un momento muy extraño,” dice Lightbody. “Todo el mundo estaba con el garage
rock y se nos sugirió que nos cambiáramos el nombre por The algo, ya sabes,
The White Stripes, The Strokes…”
Cuando
se fue pasando ese estado de ansiedad, la banda decidió seguir con su nombre
original. “Lo último que queríamos hacer, era cambiarnos el nombre y seguir
tocando canciones de Snow Patrol,” dice Lightbody, y empezaron a escribir Final
Straw. Mientras tanto, Lightbody grabó un álbum con un buen montón de músicos
escoceses de bandas como Idlewild, Arab Strap, Teenage Fanclub o Belle &
Sebastian bajo el nombre de The Reindeer Section, disco que tendría continuidad
en una segunda entrega.
La
confianza en sí mismos pronto les trajo la recompensa: con las maquetas de The
Final Straw en circulación, la banda fue fichada rápidamente por el sello
Fiction y se metieron en el estudio con Garret Lee, alias Jacknife Lee, un genio
del sonido. Por entonces ya tenían un guitarrista extra, antes empleado de la
tienda de discos HMV, Nathan Connolly, apodado Handsome (Guapo): “Alguien por
la calle le llamó así un día y se le quedó.” Había sido presentado a la
banda, pero Connolly no lo tenía claro, hasta que por fin, a regañadientes, se
decidió a unirse a ellos. “Mi madre creía que meiban a secuestrar unas estrellas del rock,” señala.
El
álbum resultante ha demostrado ser el trabajo más arrollador de Snow Patrol
hasta la fecha, con un precipitado ataque de guitarras distorsionadas, baterías
efervescentes y vertiginosas canciones, todo ello aderezado con la suficienteangustia como para llenar un océano. No faltan los temas sobre el amor
perdido y el horror real del conflicto de Irak, que influyen poderosamente en
las letras de Lightbody.
“Creo
que es la primera vez que he escrito algo que no sean mis propios problemas,”
dice Lightbody. “Era un momento realmente espeluznante y la guerra se ha
dejado sentir en el disco. También están los temas de las relaciones, pero
esos siempre han estado en los discos de Snow Patrol. Nunca escribo sobre los
momentos hermosos que se dan al comienzo de las relaciones, prefiero escribir
sobre el caos del final.”
Final
Straw, desde su lanzamiento el año pasado, ha recibido la más amplia
variedad de críticas, con un impacto casi inmediato. Los dos singles,
“Spitting Games” y “Run”, han sido éxito en las listas. Mientras tanto,
la banda se hizo con un buen número de admiradores y el año pasado los
barbudos rockeros progres Grandaddy se los llevaron de gira por todo el Reino
Unido.
Pero
con un nuevo año llega un nuevo desafío. Ya se auguran grandes cosas. “Es
agradable saber que se espera mucho de nosotros,” dice Lightbody. “Ni
siquiera hemos pensado en conseguir esos niveles de éxito, pero eso no quiere
decir que no estemos preparados para ello, porque sí que lo estamos. Sólo
espero poder seguir entrando en elsupermercado para comprar un poco de leche. No quiero que me
atosiguen.”