Diez años han tardado. Más incluso de lo que le llevó a The Beatles grabar toda su discografía. Pero aquí está por fin el tercer y esperadísimo disco de Portishead. Si de algo querían renegar era de la etiqueta del trip-hop y de convertirse en música sencilla para sonar de fondo en cualquier momento. Y lo han logrado con un disco más radical en su sonido, uno de los grandes álbumes de este principio de siglo. El tercer disco del trío de Bristol se llama, sencillamente, Tercero (Third). Hablamos con ellos, con excepción de Beth Gibbons, su cantante, que nunca hace declaraciones, alargando su misterio.
Siguiendo
su régimen de un disco al año, trabajo duro, nada de remolonear y esfuerzo al
máximo iniciado por Nick Cave And The Bad Seeds con el lanzamiento de Nocturama en 2003, tenemos algo que pocos podían esperar:
dos discos editados conjuntamente.
Son
dos álbumes demoledores, preciosos, tempestuosos, potentes, implacables,
sensuales y sutiles; líricamente, pasan de lo cínico a lo confiado, de la
derrota al desafío, con temas como el amor, la guerra, la belleza, la infancia,
el amor, el rechazo, la anestesia, la poesía, los panties, Dios, Auden,
Johnny Cash, las patatas frías, demasiado dinero, poco dinero, el bloqueo
mental del escritor, las flores, los animales y más flores. Pero quizás
estemos yendo demasiado lejos.
Los
integrantes de The Bad Seeds en 2004 son distintos de los que grabaron Nocturama,
al haber abandonado la formación BlixaBargeld
y haberse unido el ex líder de Gallon Drunk James Johnston. “Ha tenido una
gran influencia,” explica Cave. “Blixa, a quien
adoro, era completamente esencial en The Bad Seeds. El extraer algo positivo de
su salida fue una decisión de hundirse o salir a flote; también podíamos
haber optado por ir de luto durante los próximos diez años. El cambio en la
formación ha dado más espacio a Mick Harvey para tocar la guitarra, y Warren
Ellis ha podido tocar más ritmo. James se ha unido con muchas ganas de
trabajar, y ha aportado un sonido tremendo con el órgano.”
Mientras
que Nocturama
se compuso de forma deliberadamente rápida y frenética, ahora ha sido
distinto. “Hemos pasado mucho tiempo encerrados componiendo los temas de Abattoir
Blues/The Lyre Of Orpheus. La banda ha trabajado
también codo con codo en los ensayos, logrando trabajar así el sonido de Bad
Seeds.”
En
este sentido, han contado con la ayuda del productor Nick Launay,
quien les sugirió que grabaran en primavera en París, con el equipo analógico
maravillosamente venido a menos de Ferber Studios. A
Nick Cave le gustó. ‘Era fantástico. Era antiguo y está muy gastado, como
nosotros. Allí creamos este sonido azotador,” explica, “pero con espacio
suficiente para que nada pareciera fijo ni contenido. La pista rítmica está
clara, pero lo demás suena improvisado.”
Para
ello fue necesario realizar ensayos, un concepto extraño para un grupo formado
por músicos amantes de la improvisación como The Bad Seeds. “Es muy difícil
poner a ensayar a The Bad Seeds,” explica Cave, “pero con los días de
ensayo con los intérpretes de gospel logramos incorporarlos en el desarrollo de
los temas. Gran parte de la música se preparó en torno al elemento gospel, lo
que elevó los temas a distintas cotas. Queríamos crear una música natural y
cargada de emotividad usando a los intérpretes de gospel para añadir cierta
ligereza a todo ello.”
“Teníamos
cierto recelo a hacer un álbum doble,” añade Cave. “Los dobles suelen ser
demasiado abrumadores, demasiada información. Pero parecíamos tener demasiados
temas buenos y no tenía fuerzas para descartar ninguno, así que los dividimos
en dos discos, cada uno de ellos con su propia personalidad, su propio título.
Jim Sclavunos, que es un batería muy potente, se
encarga de la percusión de Abattoir Blues,
y en The Lyre Of Orpheus está Thomas Wydler,
más silencioso y ligero. En las sesiones de composición de París recabamos un
amplio espectro de material, rock progresivo, heavy metal, blues, country,
todo tipo de cosas. Lo hicimos con picardía y humor y una indiferencia
deliberada hacia el tipo de música asociado cómodamente al sonido conocido de
The Bad Seeds. Aquello abrió las puertas para dar paso a todo lo demás, para
que nada pareciera imposible.”
Un
buen ejemplo de esta nueva situación es el primer single, “Nature Boy”, un
tema pop feliz y vibrante acerca de cómo la belleza salvará al mundo. “Nos
recuerda a “Come Up And See Me” de Cockney Rebel,” explica Cave,
“del que todos somos fans, por supuesto. Es un tema poppegadizo y sexy sin dobleces y nos pareció bien hacer algo así.”
Está claro que nos encontramos ante el mejor Nick Cave de los últimos años,
con un disco a la altura de sus mejores momentos. “No escucho voces en mi
mente diciéndome: 'Lo podías haber hecho mejor',” reconoce Cave. “He
escuchado muchas veces este disco y no he oído ni una sola de esas voces. A lo
largo de los años mi intuición interna acerca de cada uno de nuestros discos
ha resultado ser cierta,” concluye, “y creo que éste es nuestro mejor
disco.”