Comenzó con su hermano Tote King en un disco acreditado a ambos cuando casi no alcanzaba la mayoría de edad. Después, en el 2004 llegaría su debut, La selva, al que seguiría una época de inestabilidad. Ahora, perfectamente asentado como una de las mayores realidades del hip hop en castellano, llega su segundo disco, Sangre.
Perseverancia, constancia, fe en sí mismos… A Nada Surf no se lo han
regalado. Sólo tenían sus canciones y una decidida idea de no dejarlo fácilmente.
Ahora, con un cuarto disco, The Weight Is A Gift, viven su mejor momento.
Daniel Lorca, el componente español de este grupo con base en Nueva York, nos
habla de cómo ha sido su aventura.
¿Fue
vuestro tercer disco, Let Go, la expresión definitiva de vuestro sonido,
lo que andabais buscando con los dos primeros discos?
- También con Proximity pensamos que era así. Por suerte,
evolucionamos, y nunca nos hemos catalogado, lo que hace que se puedan esperar
cosas distintas de nosotros. A la hora de hacer un disco, es todo un lujo no
tener ninguna hoja de ruta. Al contrario que nosotros, otros grupos que me
gustan ya sabes cómo van a sonar y lo que la gente espera de ellos. Con Let
Go descubrimos que podíamos tocar más lento, nos soltamos y eso hay que
tenerlo muy en cuenta, porque se entiende lo que dices y la gente le puede
prestar más atención.
¿Se
puede decir que estamos ante vuestro disco con sonido más clásico, con más
melodías?
- Sí, aunque no ha sido fácil llegar aquí: hay que tener en cuenta que
nadie en el grupo quería cantar al principio, que incluso llegamos a poner
anuncios para buscar cantante. Ahora nos fijamos mucho en las melodías y en las
armonías.
¿Fue
difícil darle continuidad a Let Go?
-
Siempre cuesta, máxime teniendo en cuenta que, en nuestro caso, no vamos
directamente a por un disco, sino que nos dedicamos a juntar canciones,
descartar unas, grabar otras… No hay nada preconcebido. Algunas llevan media
hora y otras años. Para este disco habíamos grabado casi 30 canciones, aunque
juntamos las once que nos apeteció más acabar. Como hemos estado muy metidos
en los detalles, es muy difícil saber cómo lo ve la gente desde fuera. Cuando
lo escuchamos con algún amigo, es cuando sabemos si estamos ante un buen disco
o no. En el caso de Let Go nos dimos cuenta tres meses después de
editarlo.
¿Teníais
claro qué queríais con este álbum?
- No había ninguna idea preconcebida, pero queríamos trabajar con Chris
Walla, por una parte, y, por otra, conseguir que las canciones tuviesen la
instrumentación que pedían. Simplemente eso.
¿Cómo
ha sido la participación de Chris Walla en el disco? ¿Hubiera sido diferente
sin él?
- Seguro. No sé si sabes que los primeros discos de Death Cab For Cutie
los grabó en un ocho pistas, y ya ves qué claros suenan. Además, es un teórico
del sonido y muy buen músico y arreglista. También tuvimos en cuenta que él
es un segundo guitarrista, y eso nos viene muy bien a nosotros que sólo tenemos
una guitarra. Sus arpegios no son los habituales y tiene el don de repetir esos
arpegios con pequeñas variaciones, lo que le da a las canciones una profundidad
única.
Supongo
que será muy diferente trabajar con él que con Ric Ocasek.
- Es distinto. Ric Ocasek suele estar muy liado, le gusta mucho estar con
su familia, así que con él no se puede contar constantemente. Por otra parte,
al grabar el disco en otra ciudad distinta a la nuestra, nos centramos mucho más
en el álbum. Otra cosa es que Ric sólo se mete en el estudio si ve que el
disco está totalmente preparado para grabar y, en caso contrario, te envía de
nuevo a casa. Con Chris tenemos mucho más tiempo para explorar. Ric es más una
figura más paternal y Chris es un amigo.
¿Cuál
es la canción del nuevo álbum que representaría mejor al disco ahora?
- “Do It Again” es mi canción favorita últimamente. Tiene momentos
muy abiertos, armonías y coros complicados, una parte muy oscura en la letra,
aunque también muestra esperanza. “Always Love”, el single, es la canción
más directa y evidente, la más simple de todo el disco.
¿El
público os trata de distinta forma en Europa?
- La cosa ha ido bastante pareja. Es cierto que en algunos países hemos
tenido una trayectoria más continua, y no en los Estados Unidos, debido a que
nuestra compañía, Electra, no quiso publicar nuestro segundo disco durante dos
años y medio. Con Let Go hemos encontrado seguidores nuevos que ni sabían
que teníamos dos discos antes. Lo que tenemos es una especie de aura de héroes
de la música, de gente que consiguió superar los obstáculos de la industria.
Nosotros seguimos adelante y, por ejemplo, Electra ya no existe. También
tuvimos la mala suerte de que los únicos sellos que nos ofrecían contrato
entonces eran las multinacionales. Ahora estamos muy contentos en un sello más
pequeño para EEUU, otro para Europa continental, acuerdos en otros lugares…
No somos un grupo de un único país; queremos llegar a todos lados, por lo que
así nos va mucho mejor. De la otra forma, la división local de la
multinacional podía decir que no le apetecía sacar el disco y no nos quedaba más
que aguantar.
Supongo
que en algún momento pensasteis en dejarlo. ¿Cuál fue el instante crítico?
- Nunca lo pensamos. El momento crítico podría haber sido cuando
nuestro sello se negó a editar el segundo disco, pero, por narices, nos empeñamos
a seguir. Ellos no iban a acabar con nosotros. Ya sabes cómo funcionan:
prefieren matar a un grupo que dejar que les vaya bien con otra compañía.
Aunque
vives a caballo entre Nueva York, París y Fuerteventura, ¿sigues al tanto de
lo que se hace en España?
- Sí. Últimamente me han sorprendido mucho Second. También me gustaron
siempre Mercromina, que se acaban de separar. Y ya he escuchado lo que va a ser
el primer disco de Clovis, que está muy bien.