Comenzó con su hermano Tote King en un disco acreditado a ambos cuando casi no alcanzaba la mayoría de edad. Después, en el 2004 llegaría su debut, La selva, al que seguiría una época de inestabilidad. Ahora, perfectamente asentado como una de las mayores realidades del hip hop en castellano, llega su segundo disco, Sangre.
A sus 60 años, y cuando estaba un tanto olvidada, la gran dama del
country Loretta Lynn ha encontrado en Jack White, de The White Stripes, su gran
valedor para un regreso por todo lo alto, Van
Lear Rose.
Se ha
extendido el rumor de que éste es tu disco de despedida.
- No, no lo es. Sin ir más lejos, ahora mismo estoy trabajando en una
serie de canciones religiosas. Hasta ahora sólo había grabado un disco de
canciones navideñas, A Country Christmas,
de 1966, justo cuando llegué a Nashville, así que pensé que tenía que
ponerme a escribir algo en ese sentido.
¿Cómo
fue el encuentro con Jack White de The White Stripes?
- Trabajamos en Nueva York juntos y hemos estado hablando mucho por teléfono.
Jack vino un día a verme y le preparé a él y a Meg pollo y pan casero.
Pasamos un gran día. Me preguntó si tenía intención de grabar algo y, cuando
le contesté que sí, dijo que quería producirme. La verdad es que lo iba a
hacer yo. Es mejor que lo haga otra persona, especialmente un chaval de su edad.
Con él grabé todo de una toma y casi no le añadimos nada después. Con Owen
Bradley, el legendario productor de Nashville con el que trabajé tanto, tenía
que cantar todo tres o cuatro veces. Aunque también es cierto que he visto
mucho de Owen Bradley en Jack White mientras acababa el trabajo de producción
del disco. Es un gran productor, tanto que le dejé hacer lo que quisiera.
La
canción “Story Of My Life” es una visión con humor del negocio de la música.
¿Te llegaron a pagar por la película Quiero
ser libre (Coal Miner’s Daughter),
tu biografía?
- Eso me gustaría saber a mí. Habría que preguntárselo a mi antiguo
manager para asuntos de negocios. Todo el mundo hace dinero, mucho más de lo
que nunca hubiera imaginado que se pudiera hacer. Ha sido así toda mi vida. Y
he trabajado duro, ¿sabes? Es bastante extraño mirar atrás y ver lo que ha
pasado. ¿Si haría las cosas de diferente forma? No lo creo. Hubiera jugado mis
cartas de la misma forma en que lo hice entonces.
Eras ya
una gran estrella a los 27. ¿Tenías entonces un plan en mente?
- He estado cantando para niños desde que tenía 14 años -a los 18 ya
tenía cuatro hijos-. Mi marido Oliver Doolittle llegaba de trabajar y me
escuchaba cantarles a mis hijos para dormir “White Christmas”, que era la única
canción que conocía. Una noche dijo que me iba a llevar de gira, que era mejor
cantante que todas las cantantes que estaban por ahí ganando dinero, que íbamos
a dar conciertos durante dos años, construirnos una casa nueva y que no volveríamos
a trabajar. Era su sueño. No pensaba que en dos años no seríamos capaces de
comprar nada. No es así, hay que trabajar duro. Pero creo que ese sueño fue lo
que hizo que sucediera. Él pensaba que lo podía hacer y yo hice lo que estaba
en mis manos para demostrar que podía hacerlo. Oliver creía tanto en mí que
no hubiera soportado haberle decepcionado.
Ayudaste a
cambiar el papel de la mujer en la música country.
- Cuando Patsy Cline estaba aquí, ella podía pelear por mí. Cuando se
murió, yo hice algo por ella. Pensé en quién iba a ayudarnos entonces, y creo
que pensar en ella me dio la fuerza necesaria. Tenía que mantener esa llama
viva. Patsy no hubiera estado orgullosa de mí si hubiera bajado la guardia.
Hasta el propio Owen Bradley me dijo: “Eres la única cantante que no teme
llegar, decir las cosas como son y marcharse. Quiero que sigas siendo así toda
tu carrera.” Owen ya no está aquí, pero nunca le he decepcionado.
Háblanos
de tu trabajo como duetista con Conway Twitty.
- Conway era el mejor amigo de mi marido. Nunca tuvimos ningún problema
en el estudio. Cada vez que entrábamos allí, salíamos con una canción.
Conway era uno de los mejores cantantes que he oído jamás. Cuando estoy sobre
el escenario, pienso en él y le digo a la gente que cantar era todo para lo que
vivía Conway. Cuando sufrió el aneurisma en el estómago estaba de camino
hacia el hospital a ver a mi marido. Vi llegar el bus y bajé a encontrarme con
él, y lo que vi es que lo estaban metiendo en una camilla. Quería centrar sus
ojos en mí, pero sólo salía sangre de su boca. El conductor del autobús tuvo
que decirle a mi marido aquella noche que su mejor amigo acababa de morir. Yo lo
quería mucho. Fue muy desagradable.
Van
Lear Rose es muy autobiográfico.
¿Has dicho ya todo lo que tenías que decir?
- De ninguna manera. Aún no he acabado con este mundo. Créeme, hay
muchas cosas que me gustaría decir. Ya me conoces.