Habría pocos argumentos, si es que los hubiera, para negar que Mary J. Blige es una de las cantantes soul más consistentes de nuestro tiempo. La prueba es sus discos y los quince años que lleva en activo. Desde su debut en 1992, partiendo del ya clásico What's The 411 y a lo largo de todo su recorrido hasta llegar a The Breakthrough del 2005, Mary J. Blige ha ayudado a redefinir el R&B, y lo que es aún más importante, lo ha logrado siendo una artista que usa su don para elevar espíritus, para influenciar experiencias vitales y para llevar su corazón, su alma y su verdad a todos aquellos que la quieran escuchar.
Si
bien la búsqueda de la identidad es una de las ideas básicas que subyacen al
último disco de Lila Downs, esta cantante mexicana-estadounidense no deja de
utilizar su impulso creativo para explorar aquello que nos une, dejando a un
lado lo que nos separa. One Blood (Una sangre), su cuarto y más
esforzado trabajo de estudio hasta la fecha, recoge una gran variedad de estilos
y sonidos para hacer de esta grabación una de las más eclécticas y atractivas
del 2004.
Ello
no significa que One Blood se olvide de las raíces. “Para mí,” dice
Downs, la hija de un pintor y cineasta estadounidense de origen escocés y de
una cantante mixteca, “expresar la cultura latina es una pasión que ha
marcado toda mi vida.”
Gracias
a la combinación de una formación en el canto clásico con una enorme
intensidad emocional, su formidable voz tiene tantos registros como variados son
los músicos a los que reúne. Un guitarrista brasileño, un bajista cubano, un
batería chileno, un arpista mexicano y un pianista/ saxofonista de Nueva
Jersey, que hace al mismo tiempo de director musical; todos aportan su
particular talante musical para crear un sonido latino vigoroso y jazzy
que no se decanta por una sola dirección, sino que recorre cada una de ellas.
En
un momento de efervescencia de la cultura latinoamericana en Estados Unidos, en
el que las obras cinematográficas y musicales marcan el camino en nuestra cada
vez mayor formación en lo global, la vena lírica de Downs pone de manifiesto
toda su herencia. “La cultura mexicana en Estados Unidos es casi invisible,
pues es la cultura de la clase trabajadora y del lumpen de este país,”
sostiene la cantante. “Es un aspecto que todos queremos obviar porque es
doloroso para los que somos mexicanos, y si no eres mexicano, no lo llegas a
percibir. Eso es lo hermoso del renacimiento cultural de México a través de
determinadas películas y de la música; la gente comienza a saber más de
nuestras raíces indígenas, algo que no había ocurrido hasta ahora.”
En
esa búsqueda de la identidad, One Blood abunda en temas de hondo calado,
y Downs los aborda con una viveza poco habitual. Su voz abarca desde lo
sugerente, como en “Dignificada”
-una espléndida canción que avanza a lomos de la guitarra sobre una
abogada asesinada en 2002 por luchar por los derechos humanos-, hasta lo más
incisivo, como en el oscuro encanto que destila “Cielo
Rojo”.
Comprometida
con la cara más seria de las cuestiones políticas y sociales, Downs no se
olvida de la diversión, tal como se percibe en su interpretación, animada por
los instrumentos de percusión, de “La
Bamba”, una canción dada originalmente a conocer por Ritchie Valens (y
más tarde por Los Lobos) que procede de la tradición del son que se escuchaba
en Veracruz un siglo atrás.
“La
Bamba” es algo que he querido hacer desde hace mucho tiempo,” afirma
Downs. “Me preguntaba cómo establecer un vínculo con nuestros ancestros
africanos, nuestra ‘tercera raíz’, como nosotros la llamamos. Trata también
de una guerra que tuvo lugar en Veracruz; hay un verso que dice ‘¿Yo seré
marinero? Nunca lo seré’. En cierto modo quería retomar esa idea.”
Su
reciente traslado a Nueva York ha ampliado el espectro sonoro en que se mueve
Lila Downs. Ahora que reside en la aldea
global más grande del mundo, se halla muy lejos de los dos lugares en que
se crió, Minnesota y las montañas de Sierra Madre, en Oaxaca. Mientras vivía
en entornos tan dispares, siguió los pasos artísticos de su madre cantando
mariachis ya con ocho años. Continuó su formación musical, ya adolescente,
estudiando canto en Los Ángeles y en la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca, y la
culminó licenciándose en canto y antropología por la Universidad de Minnesota.
Su amor por las tradiciones populares se vio incrementado cuando comenzó a
viajar de un lado a otro siguiendo a los Grateful Dead, haciendo y vendiendo
joyas para poder ir de ciudad en ciudad.
Su
crecimiento en un entorno artístico impulsó, indudablemente, su carrera
musical. No es de extrañar que un mismo disco recoja canciones como su
formidable versión de “La
cucaracha”, una canción popular mexicana que cuenta cómo se daba
marihuana a los soldados para luchar por la revolución, y la vivaz “Viborita”,
un divertido corte sobre “la pequeña serpiente del mar.” Otro de los hitos
de este disco es “Brown
Paper People (Los de las bolsas de papel de estraza)”, que comienza con
estos hermosos versos. “Mira un continente escondido/ Mira un paraíso
enloquecido / Mira a los dioses, extranjeros en ciudades de oro líquido/ Mira a
los de bolsas de papel de estraza / Mira la huella y el dinero/ Mira ese extraño
pájaro, al hombre serpiente /Mira el oro en su jardín.”
“Esta
canción trata de ese concepto de la colonización que han forjado los hombres,
de su poder sobre los otros,” señala Downs. “La bestia que habita en
nosotros vive todavía, y no sé qué hacer para evitarlo, así que escribo
sobre ella.”
Downs, que tampoco olvida el asunto de la situación de la mujer, ha asumido la
responsabilidad de erigirse en un personaje de notable relevancia social de una
integridad intachable. Sus tres primeras grabaciones -La sandunga, Border
(La frontera), y Tree Of Life (Yutu Tata - El árbol de la vida)-
abordan el tema de la toma de poder por las mujeres, tanto en el ámbito social
como en el personal, y One Blood insiste de nuevo en ello.
La
principal baza con que cuenta Lila Downs desde el punto de vista creativo es su
capacidad para llegar a lo universal cantando desde lo más intimo y personal, y
no hay mejor ejemplo de ello que “Mother
Jones”. Dedicada a Mary Harris “Mother” Jones, una inmigrante
irlandesa que acabó por convertirse en una de las grandes activistas por la
reforma de las condiciones laborales en el siglo XIX, en esta canción con aires
de blues se percibe el latido de una intensa vida, dulcificada por el suave
sonido del acordeón. La propia Jones comentó en una ocasión que “no soy una
humanista, soy una provocadora,” y uno tiene la sensación de que Lila Downs
comparte ese modo de actuar.
Aún
dentro de toda estas preocupaciones sociales, la música de Lila Downs tiene un
profundo hálito espiritual. No se trata de un enaltecido ideal de lo divino,
sino de un asentado concepto de la comunidad y de su relación con la historia.
La idea de “una sangre” resulta atrayente sobre el papel, pero Downs utiliza
sus investigaciones universitarias y su conocimiento de lo popular para
encontrar ejemplos, sacando a la luz la diáspora mexicana en la modernidad a
través del arte.
Su
amor y su conocimiento de las historias populares en la ópera y sus estudios
del simbolismo creado por las mujeres triqui en sus telares revelan el vínculo
que busca establecer entre fábula y realidad. En opinión de Downs, “la
cultura mexicana, la antigua y la moderna, tiene mucho que enseñar al mundo, y
pongo todo mi empeño en compartir todo ese conocimiento.”
Downs
es plenamente consciente de estas aparentes paradojas: al tiempo que explora y
da a conocer la historia de su pueblo a todo el mundo, sabe bien que “las raíces
de mi arte -ciertamente, de todo arte- sólo pueden sentirse, nunca explotarse.
La clave de la evolución, en lo artístico y en lo social, es algo que
experimenta íntimamente cada individuo. Las personas que comparten sus
conocimientos son las que ayudan de verdad a toda la comunidad.” One Blood
es la contribución de Lila Downs a esta expansión, tan necesaria como
reveladora.