Andrés Calamaro, estéreos camboyanos, tools vaticanos y próximos posibles
Son 12 años en los que ha habido de todo. Son 12 años esperando un disco con canciones nuevas compuestas por él, desde El salmón. Y aquí está. Aquí y ahora. La lengua popular tiene lo que muchos habían esperado durante este tiempo, aunque parte de lo que se compuso durante estos años permanezca inédito, quién sabe si para siempre. Andrés Calamaro se ha preocupado de hacer pública su visión de su nuevo disco a través de camisetasparatodos.com.
Lenny
Kravitz está de vuelta con canciones que vampirizan, de nuevo, el soul, el rock
y el funk de los 60 y de los 70, como ha demostrado en cada uno de sus seis
primeros álbumes de estudio y su recopilatorio Grandes
éxitos.
Ahora
Lenny Kravitz publica su séptimo álbum de estudio, Baptism, completando así una carrera que se extiende a lo largo de
quince años desde la publicación de su álbum de debut en 1989, Let
Love Rule. “Es extraño, tío, pero he hecho mi primer disco todo otra
vez”, cuenta Lenny. “Así es como lo siento, tan puro como al principio.”
La
música de Kravitz sigue estando conducida por riffs de guitarra y voces en
alza. Desde el comienzo, asegura, no ha dejado de redefinir constantemente su
sonido. “No es algo consciente, pero no me va lo de repetirme a mí mismo. Una
vez que hago algo, ya lo he hecho y sólo quiero seguir adelante.”
Las
semillas de Baptism vinieron de un
renacimiento personal. Kravitz había pasado muchos meses a principios del 2003
en Miami trabajando en canciones para un álbum dedicado íntegramente al funk.
Pero, en el otoño del 2003, su idea inicial se transformó en inesperada
revelación cuando Kravitz visitó su anterior lugar de residencia, la ciudad de
Nueva York. El viaje fue un retroceso, un volver atrás a una época anterior de
su vida cuando era un músico que empezaba y trabajaba en lo que sería su álbum
de debut, Let Love Rule. “A la
larga, las cosas cambian en la vida, pero yo echo mucho de menos esa sensación”,
cuenta Kravitz. “Allí estaba yo, yendo en bicicleta por la ciudad y sentí de
nuevo el camino que había hecho hace quince años.”
Kravitz
encontró más que consuelo nostálgico en ese viaje: encontró una puerta a la
simplicidad. “Regresé a Miami, cogí mi guitarra acústica y me puse a
tocar”, recuerda. “Empezaron a salir todas esas canciones: dos, cuatro,
cinco, ocho. Me fui a mi estudio de Miami y empecé a explorar lo que podían
llegar a ser estas canciones. Me di cuenta que lo que tenía que hacer, lo tenía
que hacer ya”, explica. “Era urgente. Simplemente estaba fluyendo, saliendo,
así que me dejé llevar por el proceso creativo.” El álbum de funk podía
esperar.
Kravitz
compuso y grabó el álbum en el transcurso de un año. “Todo parecía
encajar”, explica. “Me ponía a ensayar voces sobre la música y, entonces,
las letras simplemente me salían. Fue muy franco.” En Baptism,
como en otras ocasiones anteriores, todos los instrumentos los toca Kravitz,
excepto las secciones de cuerdas y los saxofones.
En
“California”, por ejemplo, se hace eco del viaje de Kravitz desde Nueva York
a Los Ángeles a la edad de 11 años, facilitado por el traslado de su madre (la
actriz Roxie Roker) al aceptar el papel de Helen en una serie de éxito de
televisión, The Jeffersons.
“Definitivamente tiene ese algo de la Costa Oeste, sí”, afirma Kravitz.
“Es una canción muy divertida sobre Los Ángeles y sobre todas las
experiencias que tuve de niño. Aquello fue un shock cultural. Al crecer en
Nueva York, eres muy independiente. De repente, estaba en un sitio en Los Ángeles
y no había nadie en la calle. No puedes ir a ningún sitio a menos que tu madre
te lleve en coche”, cuenta Kravitz riendo.
Pero
es en Los Ángeles donde Kravitz encontraría el rock'n’roll, en un colegio de
Santa Mónica, a mediados de los 70. “Al haber crecido en Nueva York, conocía
mucho el rhythm & blues, el funk, el jazz, el gospel y el blues que
escuchaban mis padres. De repente, me encuentro en Los Ángeles y salgo por ahí,
voy en monopatín y escucho a Led Zeppelin, Kiss, Aerosmith y Jimi Hendrix.”
Aunque
algunas canciones remueven los ingredientes de sus influencias en su propia
receta, en otras Kravitz se mete en direcciones hasta ahora nunca exploradas. En
“Storm” hay una aparición estelar de Jay-Z. “Nunca había tenido antes a
un rapero en mi música. Pero sentí que la canción necesitaba ese toque.”
Kravitz se puso en contacto con Jay-Z a través del teléfono y el artista se
ofreció a hacer la canción. “Musicalmente, tiene un gran talento”, cuenta
Kravitz. “Se sentó, tocó la canción unas cuantas veces y, sin más, se metió
en la sala y la clavó en una sola toma.”
Volviéndose
a encontrar a sí mismo en el punto de partida con Baptism, Kravitz asiente a la lucha que hizo nacer sus primeros
discos. “Creo que antes de Let Love Rule
me pasé mucho tiempo intentando ser lo que yo creía que debía ser. Utilizaba
un nombre, Romeo Blue, y tenía una imagen de lo que yo pensaba que era lo
correcto. Pero eso es parte del camino, el encontrarte a ti mismo. Te pones una
determinada imagen y tratas de ser algo que no eres. Me demostró lo que yo no
era, cosa que fue un buen ejercicio. Let
Love Rule fue el momento en el que todo cambió para mí. De repente, yo tenía
un propósito, un sonido, un ritmo, y me vino de forma natural. Fue
electrizante. Así que volver a ese punto, a esa pureza, es un momento
verdaderamente profundo para mí y creo que eso se nota en este disco.”