Después de que la música de sus anteriores discos protagonizara unas cuantas campañas publicitarias, de que Pedro Almodóvar dijera de ellas que “todas sus canciones son joyas”, y que “son como dos gatas cantando en plan Billie Holiday, raras y maravillosas”, de haber desquiciado a la crítica que se debate entre rendirse a sus pies o criticarlas sin piedad, CocoRosie editaban recientemente su disco The Adventures of Ghosthorse and Stillborn. Se trata de una nueva vuelta de tuerca a su disparatadamente deliciosa propuesta que esta noche presentan en Pontevedra.
Había
una vez un intrépido dúo nórdico, que hacía la guerra en el mundo con sólo
un par de voces y dos guitarras acústicas. Sus nombres eran Eirik Glambek Boe y
Erlend Oye y, al igual que sus ancestros vikingos, ellos también cruzaron
continentes para llevar sus canciones de amor, de angustia y de vida al otro
lado del mundo.
Pronto
se empezaron a filtrar historias raras de una extraña pareja, que se conocieron
cuando eran niños en un concurso escolar de geografía, concurso que ganó
Erlend al dibujar un mapa del mundo a mano alzada y de memoria, y que más tarde
se unieron por la música, en un grupo de rock oscuro y pesimista que hacía
versiones de Joy Division y que se llamaba Skog (palabra noruega que significa
árbol). El destino tenía sin embargo otros planes y, tras unas vacaciones y
una tormenta norteafricana, nacieron Kings Of Convenience.
A
continuación fueron editando tres singles, un EP grabado en directo en una
habitación, Live In A Room, su álbum
de debut, Quiet Is The New Loud, y un
disco de remezclas de este último, titulado Versus.
Después,
Erlend empezó a viajar de ciudad en ciudad, grabando temas con artistas
locales, para su álbum de debut en solitario, Unrest.
“Me sentía frustrado al saber que había tantos sitios a los que no podíamos
llegar con los Kings,” explica Erlend, “que el disco en solitario surgió de
mi sentimiento de malestar e inquietud.”
Eirik,
la mitad pensativa, oscura y misteriosa del dúo se dedicó a otros asuntos.
“Volví a casa en Bergen, el sitio en el que más me gusta estar. He estado en
la universidad, tratando a mis pacientes como parte de mi graduación en
psicología, y escribiendo canciones en mi tiempo libre. Ser un músico a tiempo
completo nunca fue para mí una opción. Me gusta hacer cosas diferentes, me
aburro mucho haciendo sólo una cosa a la vez,” afirma.
“La
terapia es un proceso muy interesante. Se trata tanto de la creatividad como de
la música, hacer algo nuevo con todos los trocitos que ya están ahí. Es
especialmente bueno para encontrar tu propia y verdadera voz interior. Cuando se
trata de música, hay dos polos opuestos; algunos compositores se inventan las
palabras y algunos hablan con su propia voz interior cuando escriben canciones,
como Bob Marley, una auténtica voz. Las ideas llegaron fácilmente, pero
componer una canción siempre es algo difícil. Probablemente por eso nos llevó
tanto tiempo hacer un álbum.”
Aparte
del tiempo pasado en la universidad, Eirik ha estado haciendo ejercicio
regularmente y desarrollando un vivo interés en la planificación urbana (ya
está planeando, para después de su carrera en la música, emprender otra
carrera, haciendo de Bergen una ciudad más ecológica y respetuosa con el medio
ambiente). “Más recientemente pasé un mes de vacaciones en bicicleta desde
Hanoi, en el Norte de Vietnam, hasta Saigon, en el Sur. O sea, lo más alejado
de un club de Ibiza como uno puede estar en toda su vida.”
El
segundo álbum del dúo, Riot On An Empty
Street, recoge el testigo donde lo dejó Quiet
Is The New Loud, reafirmando su posición como los Simon & Garfunkel de
los países nórdicos. Grabado en los últimos seis meses en Bergen, el disco
contiene en esta ocasión una instrumentación un poco más compleja. El sonido
acústico está todavía muy presente, aumentado por el banjo (Eirik), la
trompeta (Erlend), bajo, batería y otra tipo de instrumentos seleccionados
minuciosamente.
“Es
un estilo bastante esquizofrénico,” añade Eirik “Cada uno de nosotros está
inspirado por cosas diferentes, así que puede resultar un poco confuso, pero
parece que esto es un fenómeno moderno: la gente no sabe en qué género
ponerse.” “Estoy deseando que todo el mundo empiece a decir que no es tan
bueno como el primer álbum,” dice riendo Erlend, “Es gracioso porque dos de
las canciones son de 1998, así que somos nosotros, versioneándonos a nosotros
mismos hace cinco años,” añade.
Al
dúo se les unió en el estudio la cantante canadiense Feist, que aparece en dos
de los once temas del álbum, “Know How” y “The Build Up”. “Su voz es
increíble,” dice Erlend con entusiasmo. “Estoy muy orgulloso de “The
Build Up”. Por primera vez en nuestra historia conseguimos hacer algo espontáneo.
Feist escribió las letras una hora antes de cantarla, y no suena ni se parece a
ninguna otra cosa que hayamos hecho antes.”
Riot
On An Empty Street
casi se titula Republic Of Two (República de
Dos), una metáfora casi perfecta de sus particulares vidas dispares,
separados por la distancia, pero unidos en la música, si no fuese por el hecho
de que la canción de la que iban a tomar prestado el nombre casi llegó a ser
el título del reciente álbum del grupo californiano del mismo nombre. También
estuvo muy cerca de titularse Dire Straits,
si no fuese por un inminente grandes éxitos de este grupo y la probable demanda
que habrían interpuesto para impedirlo. Riot On An Empty Street tomó, al final, el nombre de… un tema
suyo todavía inédito. ¿Por qué? Bueno, ése es otro misterio que aún queda
por revelar de este dúo tan particular.