Alejandro Martínez (compositor, instrumentista, arreglista y productor) y Marina Gómez (voz) empezaron grabando una versión de The Beatles, casi sin querer. De ahí a las maquetas, en canciones que empezaron a surgir para abarcar gran parte de sus influencias, desde el bolero a la electrónica, pasando por la bossa-nova, el country-folk, la canción melódica italiana de los setenta, el sonido ochentero y el indie de más o menos toda la vida, pero también mirando de reojo a, por ejemplo, Los Panchos.
Si
buscases la ciudad menos rock’n’roll de todo el Reino Unido, Portslade sería
una muy buena candidata. La que una vez fue refugio rural, famosa por sus
molinos y sus granjas especializadas en la cría de ovejas, es hoy una ciudad
costera lúgubre, ruinosa, sin ni siquiera el glamour embriagador de las vecinas
Newhaven o Rottingdean, también en la costa de Sussex.
Y
si estuvieses buscando la parte menos rock’n’roll de Portslade, te irías a
su gran complejo industrial. En un encapotado día de invierno, podrías ser la
finalista en un concurso para encontrar el lugar más deprimente de Gran Bretaña.
Nadie en su sano juicio escogería este lugar para establecerse.
“Es
una mierda,”, afirma Ian Ball de Gomez, quienes sí han elegido establecerse
aquí, en un estudio que han construido detrás de un almacén de suministros
para mascotas. “No hay nada que hacer. Es la Inglaterra suburbana: es como un
horno en verano y jodidamente frío en septiembre. Pasas de Islandia al puto
Sahara en el espacio de dos meses. Tenemos una mesa de tenis en el estudio, y
eso es todo lo que hay como diversión.”
Sin
embargo, trasladar su centro de operaciones a este local ha tenido una gran
ventaja. “Precisamente porque no hay nada que hacer, nos ha convertido
inexorablemente en profesionales,” comenta Ball, quien tras una reubicación
intercontinental es presumiblemente el único músico rock de la historia que
vive en Los Ángeles y trabaja en Portslade. “Hemos estado siguiendo el típico
horario de nueve a cinco al estilo de Benny y Bjorn (los de Abba).”
“Compusimos
unas 50 canciones, y después grabamos la mayoría de ellas durante un año y
medio,” asiente el vocalista y multi-instrumentista Tom Gray. Se para por un
momento y reflexiona “Pero, todo hay que decirlo, algunas de las canciones
eran una puta mierda.” Y otras eran todo lo contrario. El cuarto álbum de
Gomez, Split The Difference, está compuesto por canciones rock directas
y sencillas -o, al menos, relativamente sencillas-.
“Tuvimos
una pequeña crisis de identidad, musicalmente hablando,” admite Gray.
“Cuando fuimos al estudio nuevo, empezamos directamente a tocar canciones rock’n’roll.
Para cuando habíamos terminado In Our Gun estábamos demasiado cargados
del peso de ser un grupo experimental, pensábamos que estábamos haciendo
discos que harían pensar a la gente. Pero esta vez estábamos más interesados
en crear algo más visceral. Cuando tocamos juntos, simplemente suena bien,
hacemos buen ruido.”
“Se trata de sentarnos reunidos con una guitarra acústica y sacar buenos
acordes,” explica el batería Olly Peacock. “Esta vez no se trató de jugar
con las máquinas.” “Don’t Know Where We’re Going”, por ejemplo, tal y
como apunta Gray, suena “como un “Gimme Shelter” firmado por Nirvana”.
La deliciosa “Sweet Virginia” incluye una sección de cuerdas grabada e
interpretada por una amiga australiana de la banda. “La chica que lo grabó es
una chalada total,” nos cuenta Ball. “Está totalmente pirada, pero sabe un
montón de música clásica.” “Muchas de las canciones del disco fueron
compuestas cuando atravesábamos muy malas épocas,” explica Peacock. “o
sea, cuando tratas de conseguir sentirte un poco mejor, cuando te levantas por
la mañana.”
Gray,
por otra parte, describe el álbum como “una resolución a una serie de crisis
de identidad que habíamos tenido a lo largo de los dos últimos años. No
solamente de identidad musical, sino también a nivel personal. Los distintos
miembros del grupo acababan de pasar serios problemas emocionales, cosas que habían
empezado, relaciones personales importantes que se habían roto durante el año
pasado. Gran parte de la música ha salido de todo esto. Pero, pase lo que pase,
una vez que estas tocando, regresas al punto de cómo te sentías a los 17.”
De
hecho, los dos últimos años han supuesto un capítulo peculiar en una carrera
sin descanso. Todo comenzó con Bring It On, un disco grabado en un
garaje que consiguió ganar el premio ‘Mercury Music Prize’. Gray describe
este debut como “adolescentes del Noroeste de Inglaterra tomando demasiado ácido,
escuchando maldita psicodelia loca y dispuestos a hacer cualquier locura... Ese
primer álbum ni siquiera se le puede llamar una maqueta o demo porque eso
sugiere que es una muestra que expresa algo y nosotros no estábamos siendo
expresivos; lo hacíamos simplemente para nuestro propio disfrute. Nos asombraba
el propio hecho de haber conseguido un contrato discográfico.”
En
su carrera, han sido tanto alabados por la crítica, como injustamente
rechazados como rockeros obsesionados por el blues. “En realidad no prestamos
demasiada atención a esa parte de los comentarios, porque no era nada fácil
decir algo sobre nosotros. No creo que fuésemos una propuesta demasiado fácil
de catalogar,” comenta con mucho tacto el cantante y guitarrista Ben Ottewell.
Últimamente
se les ha relacionado con la enorme escena americana que produjo a Phish and
String Cheese Incident. “String Cheese Incident nos invitaron a tocar con
ellos la pasada Nochevieja,” recuerda Ball, quien como todos los Gomez, parece
ligeramente desconcertado por este giro de acontecimientos. “Fue algo más
parecido a un circo que un evento musical. Había 2000 personas de pie en el
aparcamiento de coches, gente que había cruzado todo el puto país para estar
allí. Había puestos de mercadillo, como una especie de mini Glastonbury. Esto
era a las 11 de la mañana. La gente estaba completamente colocada.”
“Se
volvieron locos con nosotros, después los String Cheese Incident subieron al
escenario y tocaron un solo de bongo durante quince minutos, y el público también
se volvió loco con ellos,” nos cuenta Gray. “Era una especie de locura
hippy, una zona libre de ironía. Al final me enfadé un poco con todo aquello,
pero era una gente estupenda.” Locura hippy o no, la adopción de los Gomez
por parte de esa escena de grupos que hacen improvisaciones continuas en directo
prueba el respeto y la alta estima en que tienen a los Gomez sus compañeros músicos.
Ball afirma: “Richard Hawley dijo una vez que a la mayoría de los músicos,
les guste o no nuestra música, les gustaría estar en nuestro grupo. Creo que
con esto lo que quería decir es que en nuestro grupo no hay nadie que te diga
lo que tienes que hacer, nadie tiene un rol predefinido.”
Es
un planteamiento único y quizás poco ordenado o poco sistemático, pero con Split
The Difference han logrado reducir su sonido a su forma más potente.
“Cuando empezamos a hacer música, nos importaba sobre todo capturar el
momento. Temas como “Get Miles” del primer álbum se grabaron casi la
primera vez que los tocamos. Se trataba de grabar algo y sentirnos bien con
ello. Fue como volver atrás en el tiempo,” explica Gray. “Hemos vuelto a un
local de mierda utilizando cualquier equipo disponible. Es como el garaje donde
empezamos a grabar.” “Sóloque
es ligeramente mejor que el garaje,” apunta Ottewell. “Ligeramente.”