Tras muchos años componiendo y participando en distintos grupos, hace tres años apareció el primer disco de Quique Muruáis, Todas las naves espaciales son de plástico, que pasó de la autoedición a tener una mayor repercusión en todo el Estado. Ahora regresa con Piedras y confetis esperando que de nuevo funcione el boca-oreja.
Cuando consigues superar el tema de los estilistas, el whisky, las
sesiones de fotos y el griterío, las dos únicas cosas que importan del hecho
de ser músico son descubrir qué es lo que mejor se te da y después
recordarlo. Divine Comedy han tardado lo suyo, pero al fin lo han identificado,
como prueba Absent Friends, su nuevo
disco.
Neil
Hannon descubrió muy pronto cuál era su punto fuerte: cuando se editó el
segundo álbum de Divine Comedy, Liberation
(1993), todo por lo que le conocemos estaba en su sitio. Divine Comedy surgió
como una especie de producto derivado de Retorno
a Brideshead en el que el protagonista forma una banda, alquila una orquesta
y se pone a cantar acerca del amor inmortal (“Lucy”) y la fiebre del heno
(“The Pop-Singer’s Fear Of The Pollen Count”).
Sin
embargo, la última vez que escuchamos algo de Divine Comedy parecía que Neil
Hannon hubiera olvidado el plan. Sus once años anteriores los había pasado
perfeccionando un dandismo incomparable al más puro estilo del protagonista de
aquella película. Como hijo de un obispo, Hannon llamó a su banda como el épico
poema de Dante, fichó a un par de novatos compañeros de escuela y tituló su
mini-álbum de debut Fanfare For The
Common Muse.
Cuando
le siguió el álbum Liberation en
1993, la prensa especializada se dio cuenta que el club de caballeros de Hannon
era algo digno de defensa. Promoviendo su reputación de romántico trovador, A
Short Album About Love (1997) y Fin de
Siecle (1998) merecieron la aprobación de todo el mundo, al ingeniárselas
Hannon para combinar una exuberante orquestación con temas de amor enrevesados.
Por ese motivo, Regeneration, editado
en 2001, fue una sorpresa para muchos. Fuera trajes, una banda con vaqueros y
deportivas, y ni pista de la orquesta. Aquel protagonista pasó a la historia y,
con él, gran parte de todo aquello que hizo de Divine Comedy una banda
preciada. ¿Había llegado el fin de los sueños de Hannon?
“Creo
que en aquel momento era el álbum que había que hacer,” reflexiona Hannon en
la actualidad. “Pero sólo porque me hizo darme cuenta de lo que no quería
hacer. Empezó a estar muy claro que era todo una equivocación. Fue un buen
disco, pero un tanto deprimente. Ligeramente fatídico. El productor Nigel
Godrich (Radiohead, Beck) estuvo bien, en ese sentido porque, al desnudarlo, me
di cuenta de lo que me había faltado. Mi orquesta. Y los trajes. Sobre el
escenario, sin traje, me sentía como si no existiera. No podía encontrar a la
persona que canta estos temas.”
De
modo que, en el momento de mayor agitación en su carrera, Hannon dijo adiós a
su banda y convirtió a Divine Comedy en un proyecto en solitario. “Me di
cuenta de que era un cantautor, más que el componente de una banda,” explica
Hannon. “Pero fue lo más duro que he tenido que hacer en toda mi vida. Conocía
a dos de ellos desde la escuela. No hubo llantos, al menos no delante de los demás.
Pero seguimos en contacto, nos deseamos lo mejor entre nosotros.”
Hannon
abandonó entonces la escena musical, lo liquidó todo en Londres y se llevó a
su mujer y a su hija de un año, Willow, a Dublín, donde ahora vive, como
recordó en su reciente paso por el Festival Primavera Sound. “Es el cielo lo
que me engancha. Se vuelve salvaje, incluso en la ciudad. Hace que las hileras
de casas de ladrillo rojo parezcan… fluorescentes, a veces. ¿Recuerdas cuando
hubo un eclipse y todo tenía un aspecto extraño? Pues así. Una ciudad en
constante eclipse.”
Como
puede suponerse de un hombre que afirma vivir en una ciudad en constante
eclipse, Hannon ha vuelto a descubrir su auténtico personaje. El resultado
puede observarse en todo Absent Friends,
un regreso a los sólidos valores de Hannon: orquesta, lírica narrativa,
romanticismo y traje. El compañero de Hannon en la suntuosidad, Joby Talbot (Travis,
Tom Jones) ha regresado para supervisar la orquestación, mientras que Nigel
Godrich se ha encargado de las mezclas. “Me encanta la forma en que Godrich
logra que suene todo,” afirma Hannon.
Del
mismo modo, los temas y obsesiones de Absent
Friends vuelven a adentrarse en el habitual mundo de Divine Comedy de la metáfora
grandiosa, esteticismo literario y biografías de personajes imaginarios. “The
Wreck Of The Beautiful” trata acerca de un barco que se resiste a ser
condenado al desguace y naufraga por sí mismo en el mar, “aunque también
trata acerca de un conocido,” mientras que “Goodbye Billy Bird”, un dueto
con la presentadora de televisión y antigua líder de Kenickie, Lauren Laverne,
sigue a un “viajero internacional de negocios que se pasa todo la canción
intentando llegar a tiempo al partido de fútbol de su hijo.”
Sin
embargo, quizás el tema más hermoso del álbum sea el último, “Charmed Life”,
una canción con un piano puntual como un reloj, un banjo y, por supuesto, una
orquesta vertiginosa, en el que Hannon echa la vista atrás sobre su afortunada
vida, “al tiempo que deseo a mi hija que se sienta igual de afortunada cuando
analice su propia vida en el futuro.”
Así
que, en pocas palabras, Divine Comedy ha vuelto. “Me llevó mucho tiempo
recordar lo que hago,” explica Hannon. “Pero este álbum no es una vuelta
atrás. Espero que sea una suma de lo mejor que he sabido hacer, una fusión en
un gran lingote de excelencia.”