Uf. Hablamos de alguien que ha actuado en películas de Woody Allen, Brian De Palma, Christopher Nolan, Robert Reford, Joel y Ethan Cohen… De alguien que ha sido la imagen de L’Oréal y Louis Vuitton. De una joven que a sus 24 años tiene enamorada a la mitad del planeta. De una actriz que tiene entrada a las fiestas más selectas, a la clase preferente de los aviones y, suponemos, a la barra libre allá donde se le antoje.
El
hombre renacentista, como fue calificado una vez, y otrora líder de los Talking
Heads, está de nuevo por España para presentar su nuevo disco en solitario, Grown
Backwards, que tiene lo que siempre le ha gustado: pop, ritmos del mundo y,
como novedad, dos arias.
¿De dónde
sale el título de tu nuevo disco, Grown Backwards -Crecido hacia atrás-?
- Es una
frase que saqué de una novela de Flannery O’Connor. En el libro significa
algo positivo. No se trata de regresar a la infancia, sino de no ir hacia un
sitio en el que no quieres estar.
Hay
mucho humor irónico en canciones como “Civilisation” y “I’m Glad”,
algo que no sucede mucho en el pop. ¿Por qué crees que es así?
-
Creo que en las últimas décadas se ha asumido que el ingenio y la inteligencia
están reñidos con la verdad y la autenticidad. Pero no tiene porque ser así.
Espero que en esas dos canciones que has mencionado tengan algo de verdad, además
de haber sido construidas con destreza.
Como
escocés que ha vivido toda su vida en Estados Unidos, ¿qué te parece su
postura en los últimos tiempos?
-
Es interesante lo que sucede con los imperios. Se hacen con un país y empiezan
a temer a los vecinos. Así que, después, también quieren tener una influencia
sobre esos países. Y, muy pronto, el imperio se gasta toda su energía y dólares
en controlar esos vastos territorios. Empiezan diciendo que necesitan ese pequeño
lugar por su interés estratégico y, después, siguen y siguen. Una vez que
empiezan, no pueden parar. Al final todo acaba por colapsarse porque no se puede
sostener. Le ha pasado a todos los imperios a lo largo de la historia. Espero
que se comprendan canciones como “Empire”, que es un himno irónico sobre el
imperio americano y que muestra cuán terrible se puede volver cuando muestra su
verdadero color.
Tu
sello, Luaka Bop, trabajó con WEA y, después, con Virgin/EMI y no funcionó
con ninguna compañía. ¿Crees que eso habla de la falta de imaginación de las
multinacionales?
-
Ahora tengo mucho menos que ver con el sello, aunque sigue en activo. Pero no me
voy a quejar de las grandes compañías porque es demasiado fácil. Creo que
nuestro problema fue que tratamos de comportarnos como un pequeño sello
completamente autónomo y aventurero. Y, cuando algo tenía éxito, le decíamos
a la compañía grande que nos respaldaba que nos iba bien y que nos dieran
dinero para una gira o para hacer un vídeo. A veces incluso sonábamos en las
radios. Lo que significa es que, además de sacar buenos discos y sobrevivir,
tienes que mantener la política en estas relaciones delicadas. Me di cuenta de
que ésa era la mitad del trabajo, y no era la que a mí me gustaba
precisamente.
Recientemente
has escrito un libro titulado Envisioning Emotions And Epistemological
Information. ¿Puedes decirnos de qué va?
- Se trata del programa de Microsoft PowerPoint, que es una
aplicación de negocios, y de cómo se puede utilizar de una forma artística o
creativa. Me lo pasé muy bien y lo hice en un libro con una presentación en
tamaño grande y con un DVD precioso.
En
este disco que ahora presentas cantas dos arias, una de Bizet y otra de Verdi,
aunque sin intentar poner una voz operística. ¿Cuál era la idea?
-
Escuché La Traviata en una gira por Australia y me quedé con ella.
Pensaba que era una canción pop. No creo que la hubiera escuchado antes, pero
tiene ritmo y, hacia el final, sabes cómo va la melodía. Quería cantar cosas
que tuvieran una vertiente grandiosa y emocional, y cantar algo de otra persona
es una buena oportunidad de hacer algo así. Así que las canté como si fueran
canciones pop.
¿Cuánto
tiene un álbum en solitario de proceso de colaboración y cuánto de ocupación
solitaria?
-
Tiene de ambos. Algunas partes son totalmente en colaboración porque todos los
músicos reflejan su personalidad en lo que tocan. Stephen Barber, que hizo los
arreglos de cuerda, tuvo una influencia clara en este disco. Habíamos trabajado
juntos antes y hablamos de qué dirección tomar, pero me gusta su trabajo y le
pido que me sorprenda. También hay un trabajo en soledad en todo el proceso. La
composición inicial es en solitario, y después llega el proceso de escribir
las palabras solo.