Presenta su primer disco en solitario, Escucha los latidos y se llama Carlos Cros. Tiene antecedentes musicales, pero mejor que se presente él mismo. “Me llamo Carlos Cros. Tengo 28 años. Sufro de amores varios. Y mucha gente cree que estoy colgado. Fui un líder patético en la banda de música pop Selenitas. Hice muchas canciones de amor sólo para acostarme con chicas. A veces funcionó, otras no tanto. Hice canciones psicodélicas para flipar y acabamos todos nosotros... perdidamente flipados. Hicimos dos discos que la gente aún recuerda y muchísimos conciertos. Sniff ¡Qué años! Ya nunca volverán. Un día se rebelaron, abandonaron la nave y se largaron. Me quedé solo con mis canciones y me puse a andar mi propio camino... Mi way. Mi estilo es complicado. Creo que he perdido el norte musical. ¡Genial! Mis canciones son independientes. Tienen vida propia. No defienden un discurso homogéneo; se defienden a sí mismas, que ya es mucho. Estoy totalmente a favor de defender la canción como la expresión artística más grande que existe en el mundo. Si es buena, da igual de dónde venga, ¿no?”
Tras la aventura de Los Fresones Rebeldes, su líder, Felipe, decidió
montar otro grupo, Cola Jet Set, que continúa justo donde lo dejó. Ahora lo
acompaña su mujer, Ana, y otros tres músicos.
¿Cuál
fue el momento en que visteis que Los Fresones Rebeldes se acababan?
-
Cuando se iban a cumplir dos años sin canciones nuevas. Paramos cuatro meses
por un trabajo que le salió a Cristina en Suiza y, a su regreso, creo que todos
pensamos que estábamos mejor parados que otra vez en marcha. En mi caso
particular, fue conduciendo entre Madrid y Toledo, escuchando el primer disco y
pensando que canciones así ya no me iban a salir nunca más. Tenía algunas a
medias, pero me daba la impresión de que con las limitaciones técnicas y la
falta de entusiasmo de esa formación en ese momento, iba a “quemarlas” y se
me quitaban las ganas de terminarlas. Ahora han salido dos de estas: “Un golpe
de suerte” y “¡Ay, amor!”
¿Cómo
veis hoy aquellos discos?
-
Con mucho orgullo, llenos de canciones que siempre me gustarán. A veces me
frustra no haber grabado mejor algunas, pero recuerdo que en cada momento se
hizo lo que se pudo. Grabarlos casi me cuesta la salud: con el primero perdí
pelo y con el segundo me volví un paranoico “estudiofóbico”, pero
defenderlos en directo, viajando y haciendo amigos, lo compensó todo con
largueza.
¿De qué
momento, canción y concierto quedasteis más contentos?
-
De casi todas y todos. Apenas recuerdo unas pocas canciones muy mal grabadas y
media docena de conciertos aburridos o malos.
Hace poco
alguien me comentó que “Al amanecer” tenía un cierto parecido con
“Bicycle Race” de Queen. Aún no las he escuchado las dos juntas. ¿Qué os
parece?
-
Conozco bien esa canción y no le encuentro ningún parecido, me has dejado
alucinado. En cambio, tiene aires que nunca he negado de “Ráfagas” de los Bólidos
y “Cadillac solitario” de Loquillo. Son cosas de las que te das cuenta
cuando la canción ya está terminada, nunca he pensado deliberadamente “voy a
copiar esto de aquí y eso de allá” en mis canciones. En cambio, con las
versiones puedo jugar a incrustar un solo de los Cure en una canción de La
Buena Vida o un solo de Blondie en otra de Tracey Ullman.
¿Alguna
otra extraña comparación que hayan motivado vuestras canciones?
-
Un cretino dijo que me había inventado la existencia del grupo israelí The
High Windows, de quienes hicimos una versión en el segundo disco. ¡Ya ves tú
qué ganancia iba a tener en eso! Además, hay aires fuertes de Bob Dylan en
“Quiero saber”, de Blondie en “Sinolo” y un largo etcétera muy variado
(Moby Grape, Tamla Motown / Phil Spector, X, Byrds, Cure y decenas más) de
canciones que me han motivado a “hacer una así”. Todo vale: una noche en la
radio escuché por casualidad algo de dru’n’bass, tomé nota del
ritmo e hice una melodía nueva sobre el mismo, que luego resultó tener cierto
parecido con la sintonía del consultorio de Elena Francis (“Suave”), que
sin duda tengo metida en la cabeza de cuando era niño y la criada ponía la
radio al planchar.
¿Qué
planteamiento había a la hora de formar Cola Jet Set?
-
Claramente el de empezar de cero con gente nueva para recuperar la ilusión y la
inspiración para componer. Y ha funcionado: he vuelto a componer canciones que
me gustan tanto como las primeras y las he podido grabar mejor.
¿Había
algo que, decididamente, no queríais repetir?
-
La democracia en las grabaciones. Creo que el autor de la canción tiene cierto
derecho a hacerla como a él le guste, sin estar pendiente de si a ése se le
oye menos o al técnico no le gusta que las palmas suenen más altas que la
batería. Se malgasta mucha energía en eso y al final no contentas a nadie ni
estás contento tú.
¿Repiten
muchas de las canciones de la maqueta en el disco?
-
Las tres. Valía la pena grabarlas mejor. Si una canción no me parece de
primera, no llego a terminarla. Muchos grupos graban 20 ó 30 canciones y luego
seleccionan 11 para el disco. A mí ni me sobran tantas, ni me gusta grabar por
grabar; lo que llevo al estudio es para que salga en el disco.
En este
disco me parece que el abanico de influencias es más amplio y basado en los 60,
¿no?
-
En los 60 se hizo tal cantidad de música y tan variada, que es una mina
inagotable. Sonamos más así porque de momento no usamos distorsión, cajas de
ritmos ni sintetizadores, y nuestras canciones son cortas y con estribillos
reconocibles, como se hacía entonces. Me siguen influyendo grupos de punk y
nueva ola y muchas otras cosas, pero prefiero usar los sonidos de entonces.
Parece
que os va mucho el soul clásico, la Tamla Motown, el northern soul...
-
Siempre me ha gustado, pero ahora se nota más porque Ana toca el piano y el órgano
a dos manos, Roge hace los redobles correctos, Aarón líneas de bajo sólidas,
Cristina me complementa con la guitarra y en general me puedo plantear arreglos
más ambiciosos. En las giras de los Fresones siempre escuchábamos 60's, soul y
northern en la furgoneta, porque te alegran la conducción y te mantienen
despierto. En cambio, con el noise espeso de Los Planetas o mis queridos
Ride y un poco de resol, se te embota la cabeza y te duermes al volante.
También
me da la impresión de que en este disco todo suena más limpio. ¿Era idea
vuestra o ha tenido que ver Guille en ello?
-
Ambas cosas: era nuestro deseo y Guille tiene entre otros el talento de hacer
sonar muchas cosas a la vez sin empachar. Y también que tocamos mejor y más
limpio.
Aunque en
principio no lo relacionaría con vosotros, supongo que os gusta Todd Solondz.
¿Es así? ¿Qué otros directores?
-
Así es. Me impactó especialmente el personaje de Heather Randazzo en Bienvenidos
a la casa de muñecas; me recordó muchas de mis miserias de infancia. En Storytelling
da un buen repaso a tipos sociales que me son particularmente odiosos. Es un
analista muy fino y sin escrúpulos. Otros directores que me gustan son Paul
Verhoeven, tanto su etapa holandesa como la americana, todo lo de Eric Rohmer y
también David Mamet, Lars Von Trier y Woody Allen. Intento no perderme ninguna
película de todos estos. Además, me encanta desde siempre el cine de acción y
ahora las comedias con Ben Stiller y Adam Sandler. En cambio, detesto el cine
francés de mal rollo (André Techiné y discípulos) y sus patéticas
imitaciones españolas: tienen mucho que aprender de los anteriores.
El disco
es de un tono optimista y contagioso. ¿Os sentís más cómodos con este tipo
de canciones?
-
Son canciones sinceras. En general estoy contento con lo que ofrece la vida y
tomo lo que puedo. Si pudiera hacer canciones de mal rollo tan buenas como las
películas de Solondz, las haría, pero para hacer lo que se oye por ahí, mejor
que no.
Por último,
¿hasta que punto el grupo responde a la visión de Felipe o hasta que punto
impone sus criterios sobre los demás?
-
De entrada responde totalmente a mi visión, pero eso lo dejé claro desde el
principio. Eso no quita que ahora que estamos rodados y muy bien conjuntados
personal y musicalmente, puedan aflorar otras cosas, aunque me reservo el papel
de director.