The Spinto Band, qué potencia tiene la música barata
Antes de “Oh Mandy” prácticamente no existían. Tuvo que ser aquella mandolina la que los situara en el primer plano del pop reciente, aunque antes ya habían editado varios discos, hoy buscados, que autoeditaron y distribuyeron, como nos cuentasu vocalista Thomas Hughes, entre amigos y familiares. Ahora, tras el éxito de Nice And Nicely Done, presentan Moonwink.
Tres años separan Vespertine
de Medúlla, y para esta nueva entrega Björk siguió una regla muy
especial: nada de reglas. Esa máxima la llevó a muchos lugares (
La Gomera
, Nueva York, Venecia, Londres, Reikiavik, Salvador de Bahía) y le trajo muchos
quebraderos de cabeza.
"Algo
no estaba funcionando,” comenta la cantante islandesa. “De repente silencié
los instrumentos y ahí apareció todo, las canciones pedían ser vocales, sin
instrumentos. Además, me di cuenta de que los instrumentos me aburrían, quería
sorprenderme a mi misma, sin tantas tecnologías. La otra regla,” cuenta
sonriendo, “era que no sonase tipo Manhattan Transfer o Bobby McFerrin. Tras
eso, todo fue bastante espontáneo, un álbum sin preocupaciones. No quería
pasar otros dos años haciendo algo un poquito mejor cada vez.”
Como ella misma
explica, Medúlla es un álbum que vuelve a un tiempo primitivo y antiguo,
donde los hombres cantaban juntos, inventaban ritmos que podían imitar y acompañaban
a los demás. Sin instrumentos. Medúlla
es descrito por Björk como un álbum “perfecto para una caverna, aunque he
comprobado que la música vocal también suena genial al aire libre”.
Los ritmos los han puesto Rahzel, el componente del grupo The Roots, el británico
Shlomo y el pintoresco japonés Dokaka. “Mi novio me dio a conocer al grupo
Fantomas. Así entré en contacto con Mike Patton (otro de los vocalistas de Medúlla)
que, a su vez, fue quien me presentó a Rahzel, un tipo genial.”
Como productora de Medúlla, Björk
dirigió a su ecléctica orquesta, cuidadosamente seleccionada: “Me gustaba
que cada uno de nosotros hiciese ruidos especiales en este álbum,” comenta.
“A veces se forma una especie de alianza o mezcla en la que nadie es más
importante que el resto de personas; otras veces buscaba que cada vocalista
hiciese una especie de solo.”
Prepárate a escuchar sonidos angelicales y demoniacos, eróticos, exóticos y cómicos,
imitaciones humanas de insectos, pájaros, silbidos, júbilos y momentos de
sublime elegancia. En “Vökuró” le acompaña un coro de 20 voces, con el
que reinventa una composición atemporal que la septuagenaria compositora
islandesa Jórunn Vidar escribió inicialmente para piano. “Fue bastante fácil
cambiarla,” cuenta Björk mientras marca las notas del piano en la mesa que
tiene delante. “El soprano, alto, tenor, y la parte de bajo, todo estaba ya
aquí escrito.”
Gran parte de Medúlla se gestó
durante su embarazo, época en la que aprovechó para grabar prácticamente la
totalidad de ruidos y bases vocales del álbum, y para lanzar
Greatest Hits, Family Tree y, posteriormente, Live
Box. “Mi instinto maternal empezó a aflorar, y doblaba ropa de bebé
cuando escuchaba diferentes canciones que acabé también doblando y
empaquetando. Luego llegó el nacimiento y unos cuantos meses de lactancia. Fue
genial, por supuesto. Pero como cualquier madre te diría, tienes la sensación
de que no eres dueña de tu cuerpo.”
La independencia de su instinto maternal le llegó en la volcánica isla canaria
de
La Gomera
, a la que acudió en dos ocasiones con su hija, y fue en la primera de ellas,
cuando la niña contaba 13 meses, cuando madre e hija se separaron por primera
vez. “Fueron cuatro días,” cuenta Björk, “en los que pude fluir, volver
a ser yo, sin preocuparme de tener que guardar fuerzas para el día siguiente,
sin acostarme pronto, pudiendo trabajar hasta que la canción estuviera
terminada.” Ahí nació “Pleasure Is All Mine”, primer corte de Medúlla,
que trata sobre el sacrificio de ser madre.
Algo con lo que Björk nunca deja indiferente es con los títulos de sus
trabajos. Siempre hay expectación sobre cómo titulará cada nueva entrega, y
si de nuevo cumplirá esa especie de tradición que llama a compilar un puñado
de canciones bajo una sola palabra. De nuevo Björk ha cumplido con un único término,
esta vez tomado de la medicina. “Quería algo que fuese una sola palabra, que
pudiese pronunciarse fácilmente en todo el mundo y que también pudiese ser
entendido por todos,” explica Björk, que a su vez cuenta que Medúlla no fue el primer nombre que barajó para éste álbum.
“Iba a llamarlo Tinta, porque quería
que fuese así de negro, como la sangre de hace 5.000 años que fluye en el
interior de todos nosotros; un espíritu ancestral, apasionado y oscuro, que
sobrevive. Algo en mí quería abandonar la civilización, retroceder al momento
antes de que todo sucediese y funcionase. ¿Dónde está el alma humana? ¿Qué
ocurriría si no existiese la civilización, la religión, el patriotismo y las
demás cosas que han salido mal? Cuando me fui a Nueva York, había sitio para
cualquier inmigrante o excéntrico pero, de repente, se convirtió en el sitio más
terroríficamente patriótico de
la Tierra. Entonces
me emborraché -sorprendente, ¿eh?- con mi amiga Gabriela, y a ella se le
ocurrió el título. Medúlla.
Literalmente, el tuétano en lenguaje médico, un término en latín. No sólo
el tuétano de los huesos, también el de tus riñones, el de tu pelo... Se
trata de la esencia de las cosas. Y en éste álbum, hecho sólo de voces, tenía
mucho sentido.”
Y la principal regla también se extiende a la temática de las canciones. Björk
decidió escribir y cantar sobre lo que llegase a su mente en cualquier momento.
Podía ser un calcetín, un día lluvioso, una vela o el celibato de una monja.
Por ejemplo, “Where Is The Line” está llena de cariño hacia su hermano
pequeño, al que Björk ya dedicó “Army Of Me”, y “Mouth's Cradle” está
dedicada a suhija Isadora.
“Cuando amamantas a tu bebé, ese sentimiento de alimentar a un niño es un
subidón natural impresionante. Me imaginé una especie de musical en el que hay
como una boca gigante y los dientes son como una escalera, y haces un baile tipo
Fred Astaire usando los dientes como pasos hacia la boca. Miras a tu pequeño
bebé y piensas: '¿No es este diseño absolutamente perfecto?’”