Los hijos descarriados han acabado devorando a su padre. Al menos, superándolo en repercusión. Ellos, Joey Burns y John Convertino, que encontraron en su día un hogar nómada con el que recorrer parte del mundo -Giant Sand, al mando de Howe Gelb- han visto como un proyecto casero -Calexico- creado en un parón de la banda que los dio a conocer tiene, hoy, mayor reconocimiento. ¿Y qué es Calexico, además del nombre de una ciudad fronteriza y el choque de dos palabras como California y México que ya indican bastante sobre sus intenciones?
Tres disco después, Extra
suena como el debut perfecto para cualquier grupo, a base de melodías y energía
pop. Australian Blonde son conscientes, aunque volverán a intentar dar rienda
suelta a otros experimentos.
-
¿Erapremeditada la intención de
marcar diferencias respecto al disco anterior?
-
A mí me están sorprendiendo las críticas positivas que está recibiendo este
disco, sobre todo comparándolo con el anterior, en el sentido de que dicen que
aquél era malo y éste es bueno. El anterior es verdad que era un disco
bastante largo en el que todos nos explayamos quizá en demasía. En Extra
lo que intentamos fue condensar, ir al grano y acortar.
-
¿Y afectó en esa determinación la acogida más tibia que tuvo?
- Sí, aunque paradójicamente en cuanto a ventas todos los discos se han
mantenido en torno a las 15.000 copias, independientemente de una cosa u otra.
Lo que ha sucedido es que al estar con una compañía multinacional como RCA las
expectativas eran mayores.
-
¿Se os pasó por la cabeza dejarlo después de ese disco?
- No, que va. Porque el grupo nunca ha estado parado, siempre hemos
estado tocando y escribiendo. De hecho, el fruto de estos dos años son las
canciones de Extra. No son temas que
surjan de la nada, de un mes hacia atrás, sino que son el producto de estos años.
El disco, por otra parte, creo que refleja nuestro buen estado de salud.
-
¿Veis Extra como lo que podía haber
sido vuestro disco de debut?
- No con esas palabras, pero sí que pienso que es el disco que siempre
quisimos hacer. Por fin hemos hecho un trabajo que consideramos muy defendible.
Para este disco teníamos 30 o 40 canciones y se escogieron los singles, y eso
es lo que condiciona el disco. Hemos eliminado las canciones un poco más
discursivas o melancólicas y nos hemos quedado con las canciones más comerciales,
con todas las connotaciones que tiene la palabra. Las más radiables, con energía
y pegadizas.
-
¿Y cómo el disco de Australian Blonde que todos pensábamos que podíais
hacer?
-
Supongo que hay algo de auto-afirmación y orgullo en el hecho de poder
presentar un disco así.
-
¿No os hace gracia pensar que fuisteis pioneros en una fórmula que ha colocado
en el mapa a nombres como Dover, aquello de prestar música a un anuncio de
televisión?
-
Gracia no es la palabra más acertada; en tal caso te produce envidia. Envidia
en cuanto a los discos que han vendido. Personalmente me alegro muchísimo
porque son unas excelentes personas y han trabajado mucho para conseguir lo que
tienen. Pioneros no sé. Supongo que habrá gente que tenga a Australian Blonde
como punto de referencia, pero recuerdo que cuando empezábamos El Inquilino
Comunista y Los Planetas eran los que llevaban un poco esa bandera. Los Planetas
sobre todo como punto de mira de las multinacionales, es decir, como grupo
potencialmente comercial.
-
¿Qué ha quedado de ese espíritu indie con el que nacisteis El Inquilino
Comunista, Los Planetas, Penelope Trip y Australian Blonde?
-
Personalmente, me he visto en la obligación de vender discos. Como grupo
independiente, estoy hablando. Una presión que nunca pensé que iba a sentir
tan fuerte, pero que por otro lado ha hecho que grabase el mejor disco de mi
carrera. Siempre tienes que negociar con la realidad, moviéndote en un mar de
ambigüedades. Yo siempre he desconfiado de la gente que es tan fundamentalista.
No puedes estar en el negocio de la música y salir inmaculado.
-
¿Por qué si a algunos grupos se les alaba por su tono melancólico, en el caso
de Australian Blonde se prefiere su lado más luminoso e inmediato?
-
Creo que eso obedece a que tú tienes una imagen de tal o cual grupo en la
cabeza y en la medida en que ese grupo satisfaga ese ideal lo asimilas o lo
rechazas. Muchas veces, a lo mejor, no se nos dio la oportunidad de demostrar
que podíamos hacer canciones diferentes a “Chup, Chup” pero con la misma
calidad. Igual lo que tanto el público culto como el público masivo espera de
nosotros es ese tipo de canción, por lo que nos hemos visto un poco
condicionados por ello. Creo que nuestra pelea está en demostrar que el grupo
tiene peso específico, que somos buenos compositores y que nuestro directo es
muy defendible.
-
¿Ésa es la razón de haber dejado esas dos canciones tan distintas para el
final del disco?
- Sinceramente, sí. Queríamos darle un
poco de peso específico al disco, nos parecía que quedaba demasiado
circunstancial, demasiado inmediato. “Molécula Go Go” es claramente un
divertimento, una pura influencia de los japoneses, pero “Slow Down” es una
canción que creo que tiene bastante contenido e incluirla era un poco como
revelarse contra toda esa dosis de energía pop que nos invadía y que
desperdigamos en las otras diez canciones.
-
¿No teméis que, ahora que os han salido tantos singles en un disco, muchos se
pierdan entre las canciones del resto del LP?
-
Siempre tienes que estar negociando con la compañía, con tu público, con tu
grupo, contigo mismo... Y al final lo que quedan son las canciones. Lo que queda
es que dentro de 20 años hayas hecho un tema que quede en la memoria de la
gente y que, de repente, a personas que no sean de tu propia generación les
parezca una canción valiosa. Esa es la mayor prueba de calidad que hay.