Ellos mismos hacen la introducción. “Siempre es difícil mirar hacia atrás y ver que todo lo que has hecho es de tu gusto, y en el caso de nuestra discografía aún más. La Kinky Beat grabó su primer disco cuando apenas teníamos un año de vida y en aquel momento era el material del que disponíamos. Está claro que nunca vamos a renegar del trabajo que hemos hecho y que gracias a él hoy estamos aquí, pero es lógico que a lo largo de estos cinco años la banda haya evolucionado muchísimo y ahora puedo decir que estamos mucho más definidos y cómodos con lo que hacemos. Siempre estamos en una continua búsqueda y creo que eso es positivo. Eso es la evolución, ¿no?”
Que nadie lo compre pensando que se va a encontrar con como sonaría un
disco de los Pixies en 2004. Sí, Joey Santiago está por ahí, pero su guitarra
no suena tan fuerte como antes, y, si acaso, recordaría a los tiempos de Bossanova.
Lo que uno se puede encontrar es un disco de rock pop limpio, con unas canciones
compuestas junto a su pareja Linda Mallari que es, aquí, la auténtica revelación.
Ella sí que no está tan perdida como estuvo el bueno de Frank Black en sus
primeros discos tras la disolución de los Pixies.