THE SHINS:
Wincing The Night Away (Sub Pop-¡Pop Stock!)

Muchas veces no conviene que tu nombre
se pasee por la boca de todo el mundo. Cuando lo hace, las expectativas que eso
genera van generalmente por delante de lo que uno puede llegar a conseguir,
sobre todo si no hay detrás una experiencia de años y una actitud justificada de
estar de vuelta de todo. James Mercer está justo a mitad de camino, y eso acaba
por salir a la luz en su tercer disco, Wincing The Night Away.
Hay experiencia, sí, pero no de tantos años
y, sobre todo, no desde la primera fila del frente, donde se forja el carácter y
el arrojo frente a los obstáculos y frente al resto del mundo. Cuando James
Mercer desmanteló su anterior aventura Flake -también conocidos como Flake
Music- en 1997, no tenía la más mínima idea de hasta dónde podría llegar a
continuación si seguía en esto. Probablemente, The Shins nacieron como otro
proyecto con el que dar salida a las canciones que Mercer seguía componiendo,
aunque sin demasiado convencimiento de que aquello no fuera a acabar de forma
distinta a cómo lo había hecho su anterior encarnación.
Tampoco su debut Oh, Inverted World,
publicado en el 2001, era para echar cohetes. En él quedaba claro que habían
escuchado detenidamente y habían entendido bien las melodías de los 60, con
especial atención a las composiciones de Brian Wilson con los Beach Boys, a Moby
Grape o a los Moody Blues, pero con aquel disco era fácil de adivinar que no
iban a pegar el salto a la primera división. Para ello tendrían que esperar un
par de temporadas a que se dieran las circunstancias apropiadas: un disco de pop
luminoso, Chutes Too Narrow, al menos en sus melodías -aunque no en sus
textos-, en un momento en que puede que se necesitase algo así.
El caso es que todo explotó en algo más
grande y que fue más allá de lo que nadie hubiera sospechado, incluidos los
propios componentes del grupo. Sí, también ayudó lo suyo que se incluyese el
tema “New Slang” en la banda sonora de Algo en común, y que Natalie
Portman asegurara que el grupo “cambiaría tu vida”, pero únicamente ese detalle
por sí solo no hubiera conseguido que The Shins se lanzasen a una amplia gira
por todo el mundo ni que pasasen a engrosar el reducido club de las bandas que
superan el millón de copias vendidas.
Cuatro años han tardado en darle
continuidad, y ello se debe, sin duda alguna, al éxito de su segundo álbum y a
las expectativas que generó. ¡Ay, las expectativas! Así que, ¿qué hacer cuando
todo el mundo está pendiente de tus nuevos pasos? Por lo general, dos son las
posibilidades más comúnmente elegidas. Puedes salir por la tangente y hacer casi
irreconocible el sonido con el que te diste a conocer (como, por ejemplo,
recientemente han hecho Clap Your Hands Say Yeah). O continuar en la línea de tu
anterior disco (Franz Ferdinand, sin ir más lejos), sabiendo que así no harás
más que agrandar el número de tus seguidores hasta que tengas la valentía
suficiente como para enfrentarte al hecho de cómo ser verdaderamente creativo
sin repetirte.
The Shins han optado por el camino del
medio, sabiendo que así seguramente no quedarán mal con nadie. Seguramente no lo
hayan planteado en el local de ensayo ni tampoco en el estudio, y seguramente
les haya salido inconscientemente, pero el grupo no ha hecho más que partir de
su segundo álbum hacia algo que, puede, llegará más adelante. Por ahora sólo se
intuye, aunque hay que decir que ni se repiten del todo ni parecen otra banda,
lo cual hay que apuntarlo en su haber.

En determinados momentos de su tercer
álbum, Wincing The Night Away, parece como si el cuarteto de Alburquerque
siguiera escribiendo canciones de estructura normal, como antes, aunque en lugar
de guitarras les haya dado por los sintetizadores y otros instrumentos, con la
intención de que sea ése el vehículo que haya de conducirnos hacia otra
dimensión.
“Sleeping Lessons” -por cierto, bastante
cercana a “Very Loud” de los suecos Shout Out Louds-, que abre el disco con
teclados que surgen de la niebla y continúa con guitarras acústicas, antes de
transformarse en algo distinto con las voces al límite y capas de guitarras
superpuestas, es la primera muestra de esa intención. Puede parecer calculado,
pero incluso así han logrado que nos olvidemos de la intención y que sea la
canción la que se imponga por derecho propio.
No es el único ejemplo. Tal vez “Split
Needles” sea la mejor muestra del nuevo rumbo, al tomar una vía más agresiva
mientras que la orquestación y los sintetizadores incrementan la sensación de
tensión. Al final del solo, hacia la mitad de la canción, dos teclados se
enredan en un enfrentamiento durante cuatro segundos. Es un momento de duda, en
el que, de haber durado 20 segundos, 40 segundos o más tiempo, probablemente
estaríamos hablando de otro disco, porque eso significaría que se les habrían
abierto otras puertas. Por ahora The Shins lo intuyen, pero falta el empuje
necesario y el coraje para atreverse.
“Sealegs” añade a su paleta ritmos hip-hop, tal y
como debería hacerlo un grupo de rock, sumándole sintetizadores de la escuela de
la new wave y una guitarra que no desentonaría en un disco de Beck, haciendo
casi irreconocible la base por la que resultan más reconocibles, el pop más
inmediato.
“Red Rabbits” no sonaría fuera de lugar en el debut
de Guillemots, mientras que “Turn On Me” es otro de esos momentos a recordar, un
corte que comienza como si los Cramps estuvieran haciendo una versión de The
Supremes (vamos, lo que tanto les pone a The Raveonettes), para acabar como una
serenata a los corazones rotos, con una de esas líneas definitivas que tan bien
sabe dejar caer Mercer: “Perteneces a un tiempo más simple / Soy una víctima del
impacto de estas palabras / Y esto rima”.
Están también, cómo no, las canciones que más se
identifican con los Shins que hasta ahora hemos conocido, en especial con los de
Chutes Too Narrow: “Australia” o “Turn On Me” parecen remitir más al pop
de los 80 que a los 60 en los que comenzaron reflejándose; ahora sí que uno da
crédito a aquellas declaraciones en las que afirmaban que The Cure o The Smiths
los marcaron en su día. “Girl Sailor”, en esta misma onda, no deja de ser una
versión mucho mejor acabada de “Won Too Many Fights”, una canción que rondaba
por Internet pero que nunca llegó a aparecer en sus discos. Pero, sobre todo, la
que menos se distancia del pasado cercano es “Phantom Limb” que, según Mercer,
habla de dos lesbianas adolescentes. En este single, The Shins destilan un aroma
a The Byrds, el calor de los Beach Boys y la inmediatez de los Lemonheads de sus
momentos de gloria pop.
Sin embargo, mientras “A Comet Appears” podría pasar
por uno de sus mejores momentos, hay otras canciones que, seguramente, de no
haber sentido el aliento del éxito a sus espaldas y seguir más sus instintos, se
hubieran quedado por el camino, como “Pam Berry” o “Black Wave”. Por ahora están
entre la continuidad y un futuro que parece alentador. Aún no tenemos el disco
de The Shins que pueda cambiar nuestra vida, pero al menos seguro que la suya
nunca volverá a ser lo mismo.