Aquellos
maravillosos 60
Tras
entrar en el siglo XXI, el rock anda ya por su año cincuenta y tantos.
Alguna de sus estrellas, de las que más brillan en su firmamento, han pasado ya
la crisis de los veinte, la de los treinta, la de los cuarenta, la de los
cincuenta... ¡y entran ahora en la de los sesenta! Mal año este 2.007 para
algunos viejos rockeros, de esos que nunca mueren. Llegan a los 60. Pero
no te creas que les preocupa demasiado: viven cojonudamente de las rentas, la
industria les permite -a los escogidos- grabar los discos que les da la gana, se
les venera como dioses y alguno hasta tendrá su homenaje este año.

No hay problema. Desde sus casas en Suiza seguirán preparando nuevos
conciertos y nuevos discos, manteniendo bien vivo el espíritu rebelde del
rock'n'roll. Mucho tienen aún que aprender los mocosos esos que empiezan a
editar sus discos y así se lo seguirán demostrando, siempre que no haya que
parar por alguna inoportuna visita a la clínica.
Si
en meses precedentes llegaron también a tan estupenda edad Van Morrison, Neil
Young, Cat Stevens, Malcom Aclaren, Robert Fripp, John Fogerty, mano-lenta Eric
Clapton, Donovan, Patti Smith o la recauchutada Cher, algunos ya han pasado por
la experiencia antes, y no parece que eso les haya hecho dejarlo. Como es el
caso de los más conocidos, los Beatles, los que viven, claro, empeñados en
demostrar que sus maquetas merecen un hueco en la historia y que ponerle música
a bocetos de John Lennon era una idea de la leche, tanto que Paul McCartney
parece que volverá a aprovecharla este año. O los Stones, embarcados en una
nueva gira para poder morir con las botas puestas y batir el récord Guiness de
ganancias por dar la vuelta al mundo desde los estadios. De entre ellos, el más
joven, Ron Wood, es quien sí celebra su sexagésimo aniversario en este
año.

Vayamos ya con los que cumplen años en este 2.007. Quien se lleva
siempre el gato al agua es el camaleón David Bowie, que celebra su
cumpleaños entre homenajes y nuevas biografías, al lado de la bella Omán y
viendo como lo mejor de su producción es saqueado y reivindicado continuamente,
colaborando con Arcade Fire o TV On The Radio y con nueva película a estrenar.
Ya avisó Mick Jagger: "No se puede llevar un par de zapatos nuevos en presencia
de Bowie, porque te roba la idea".
El bestia de su amigo Iggy Pop también está de fiesta. Todos
los que organizan festivales saben que no hay nada como el torso desnudo de la
Iguana para vender entradas y tener garantizados unos minutos en la tele, y el
simpático Iggy Pop cumple cantando una vez más cualquiera de sus ¿éxitos? como
si de un karaoke se tratara. Pone la misma entrega que si tuviera veinte
años, o casi, que para eso está su hijo de mánager, esperando a colocarle la
bata blanca y ayudarle en caso de desfallecimiento. Además, para contribuir a la
celebración, prepara disco de regreso con los Stooges después de 34 años.

Tampoco se libra Reinald Kenneth Dwight. ¿Qué quién es ese tipo? El
del peluquín, claro. Elton John, que, tal y como se podía esperar en
época de plena reivindicación propia, colocó en el mercado el año pasado un
disco que pretendía recuperar lo mejor de su producción en los 70, aunque no
estuviera a la altura. Al menos nos olvidamos por un momento de la excusa de la
muerte de alguien de la realeza para convertir una canción suya en el single más
vendido de todos los tiempos.
Vamos ahora con los pesos pesados. El primero es el Bonnie Tyler
masculino, más conocido como Meat Loaf -cacho carne-. En su caso, lo más
lógico sería darle un aire melodramático a tan señalado acontecimiento,
colaborando de nuevo con su pareja artística Jim Steiner y pegando los gritos de
rigor. A modo de saga cinematográfica, eso es exactamente lo que acaba de hacer,
aunque no con su productor de toda la vida, reapareciendo con la tercera entrega
del Murciélago salido del infierno -Bat Out Of Hell- sin que le
preocupase lo más mínimo.
En el caso de Ian Anderson, de los añejos Jethro Tull, eso
parece más impensable, pero cualquier día saca la flauta del empolvado estuche
en el que la pasea por medio mundo -al tiempo que visita piscifactorías, ya que
es un reputado empresario del sector-, y nos entrega un segundo Thick As A
Brick. Recuerda que ya tuvimos unas segundas y terceras Tubular Bells,
así que no tiene que ser tan complicado.
Algunos no lo tienen tan claro. El héroe de la guitarra Brian May
no encuentra su acorde desde que Freddie Mercury se fue. Seguro que aún queda
alguna grabación inédita y así podría explicar otra vez la historia de Queen o
montar otro musical, con o sin nuevo vocalista. Algo similar sucede con
Santana, que aparece de vez en cuando... acompañando de un montón de gente
que contribuye a que el mexicano no llegue con problemas de saldo a la
jubilación.

Marianne Faithful
está refugiada de nuevo en la campiña irlandesa, un tanto al margen del circo
rock, aunque su lucha contra el cáncer seguro que la mantiene alejada de los
escenarios y las grabaciones durante una temporada. Mientras Florian
Scheneider, componente de los inventores del techno Kraftwerk, sigue
paseando aquellas canciones que los hicieron inmortales en los 70 por los
escenarios más ‘cool’ del planeta, dejando claro que son incapaces de aportar ya
nada nuevo al mundo de la electrónica.
Otros que siguen de giras por los escenarios, entre las que se cuenta su
reciente primera actuación en España, son los Eagles. Cuatro de sus componentes
celebrarán así su aniversario, entre ellos Don Henley o Joe Walsh.
Probablemente otro de los que está de celebración este año, Brian Johnson,
cantante de AC/DC, se pavonee de nuevo sobre las tablas, aunque más difícil será
ver en esa situación a otro sesentón, Jeff Lyne, de la Electric Ligh
Orchestra.

Quedan para el final los segundones. Ry Cooder vive de tocar
en los discos de todo el mundo y de aliarse con distintos amigos de los cinco
continentes, aunque anuncia también nuevo álbum para tan señalado año. Y Dave
Davies, irreconciliable con su hermano Ray y The Kinks, debería empezar a
pensar en volver al redil familiar. No le queda demasiado tiempo.
Los que no llegaron a la
cita
Puede que por eso su leyenda siga intacta. Algunos de los auténticos
pioneros han dejado su huella en la historia del rock pero, por diversas causas,
no han llegado hasta el 2007. En este año hubieran cumplido 60 años, y algunos
de los que si han tenido esa suerte pactarían con el diablo o darían toda su
carrera por gozar del respeto que tienen los que ahora siguen. Vamos allá.

Últimamente todo el mundo recuerda a Gram Parsons, el
auténtico precursor del country-rock, comandando The Byrds y The Flying
Burrito Brothers. Sus dos únicos discos en solitario G.P. y Griveous
Angel son reivindicados una y otra vez desde entonces. Apareció muerto en el
73 en un desierto cercano a Los Ángeles, con restos en su sangre de morfina,
cocaína y alcohol. Su amigo Phil Kaufman robó su féretro días después y quemó
sus restos junto al Joshua Tree, el mismo que dio título a aquel disco de U2.
Tim Buckley
no lo contará tampoco: después del fracaso comercial fue taxista, conductor para
Sly Stone y acabó muriendo en el 75 después de confundir una dosis de cocaína
con heroína. Y aunque su hijo Jeff Buckley se convirtió en el más digno de los
herederos de los músicos rock del pasado, tampoco llega a esta fecha,
ahogado en el Mississippi hace ahora 10 años.

Marc Bolan
estaba más en la onda del espectáculo, al menos con su época glam al
frente de T. Rex. Antes había editado interesantes discos en solitario con
títulos tan increíbles como Mi gente era hermosa y tenía el cielo en el pelo,
pero ahora son felices por llevar estrellas en la frente. Murió en el 77
cuando el coche que conducía su novia Gloria Jones se estrelló, pero sus
guitarrazos siguen aún bien vivos en la memoria y los discos de muchos.
Menos extraño es saber que Keith Moon no haya llegado a este
siglo con vida, dados sus excesos y la leyenda que le acompañaba. Mejor así: no
pudo estrellar más Rolls Royce en las piscinas de los hoteles y Pete Townshed no
pudo recriminarle nunca más la sordera que le causó una traca de explosivos que
metió en su batería en una actuación televisiva.

Warren Zevon
no tuvo siquiera ese éxito, y aunque colaboró con sus amigos de REM en el
proyecto Hindu Love Gods y a pesar de que en su último disco, grabado mientras
moría de cáncer, colaboraron un buen número de amigos famosos, no sirvió de
nada. Menos mal que a todos nos suena aquel "Hombres-lobo de Londres" (“Werewolfes
Of London”) -y que, no, no tiene nada que ver con una canción de La Unión-
Steve Marriot,
al frente de los Small Faces, fue la imagen de los mods auténticos,
frente a los reciclados Who que la adaptaron por indicación de su mánager.
Adeptos a las anfetaminas y al soul negro, pasaron del salvaje rhythm
and blues al cabaret pop. Marriot murió en el 91, en un incendio en
su casa mientras dormía una borrachera. Nadie es perfecto, que decía el otro.