Manu Chao y Radio Bemba Soundsystem
(Muelle de Trasatlánticos de Vigo, 4 de agosto de
2007)

Se tienen que notar sus raíces gallegas. Por suerte
para nosotros, el tercer gallego más conocido en el mundo (tras Julio Iglesias y
Franco) es Manu Chao. No puede negar que de pequeño vivió escuchando las
orquestas de las fiestas populares. De ahí su vertiente latina. La otra, la
punk, le viene del barrio en el que creció en París, adonde su padre gallego y
su madre vasca habían emigrado.
El rock latino en Europa lo inventaron dos gallegos:
Víctor Coyote (éste reivindica en su libro Cruce de perras que Santiago
Auserón no hizo más que aprovecharse del camino que él abrió) y Manu Chao, al
que siempre se asocia con tantos desafortunados imitadores de su universo único.
Y eso está claro en toda la producción del de Vilalba, desde sus tiempos en
Joint de Culasse, Hot Pants, Los Carayos y, por supuesto, Mano Negra, hasta sus
multitudinarios conciertos de los últimos años.
Una vez más quedó claro en su reciente gira que a
Manu Chao sólo le interesa revindicar lo popular a través de la fiesta. El guión
de los últimos años se volvió a seguir en esta ocasión, aunque con algunos
cambios. Para empezar, la extraña ubicación en un muelle en el que no había
cabida para tanta gente como en sus anteriores visitas, por lo que era todo un
lujo poder disfrutarlo tan próximo.

Además, presentaba un nuevo disco sin publicar,
La radiolina que se intuía tan continuista respecto a sus dos exitosos
álbumes en solitario como más guitarrero (¡uno de sus músicos se soltaba con
solos heavies!). Tal vez lo más novedoso es que su espectáculo, a diferencia de
otros presentados en Galicia con anterioridad (en especial, el más recordado, el
de la Sala Nasa, con aquella mítica noche que no acababa nunca) ya no era tanto
una única canción ininterrumpida en la que van cayendo retazos de sus temas,
como las canciones enteras, con momentos para el respiro entre unas y otras.
En esta ocasión sonaron todos sus temas
emblemáticos, desde “Mala vida” hasta “Desaparecido” o “Clandestino”, pasando
por “King Kong Five”, “Rumba de Barcelona” o “Mentira”. Y por si había alguna
duda de que no le asusta reivindicar lo popular, cantó a Bob Marley, a Los
Chunguitos (“Si me das a elegir”) y presentó una canción nueva dedicada a
Maradona que invocaba a ¡Concha Velasco! (“La vida es una tómbola”).
Para el fin de fiesta, como en sus últimas visitas a
Galicia, tuvo tiempo para ceder protagonismo a las Jarotas de Ribeira (dos
vocalistas entre el hip-hop y la regueifa) y la anciana panderetera Xosefa de
Bastabales, de la aldea cercana a Santiago en la que Manu Chao tiene casa.
Aunque se haya visto ya un par de veces, no deja de sorprender como el fin de
fiesta de un concierto de Manu Chao corresponde a una septuagenaria y sus
canciones tradicionales gallegas que mantienen la atención de una multitud que
ha ido a ver algo bien distinto. ¿O no tanto?