ELLIOTT SMITH: New Moon
(Domino-PIAS)

Por mucho que lo digan sus amigos y
allegados en el amplio libreto que acompaña a esta edición, sus canciones lo
desmienten una y otra vez. Ellos aseguran que pasar un rato junto a Elliott
Smith podía ser realmente divertido. Sin embargo, sus canciones buscan
continuamente, puede que sin pretenderlo, vencer a la muerte a través del arte.
Algo complicado, pero que, seguramente, era una de las pocas cosas que le
reconfortaba.
Tras el lanzamiento póstumo de From A Basement On
A Hill, después de su suicidio, se editan ahora otras 24 canciones bajo el
título de New Moon, recopiladas por su productor y amigo Larry Crane, y
que Smith registró entre 1994 y 1997, en la época de su debut y de los dos
discos que le siguieron, Roman Candle y Either/Or, puede que la
etapa en la que más seguro de sí mismo se encontraba, antes del éxito de la
canción “Miss Misery”, con su nominación al Oscar, y su posterior fichaje por
una multinacional. Aquí hay sólo voz y guitarra, con una crudeza, una honestidad
y una hermosa inmediatez que no consiguió hacer tan evidente en sus siguientes
discos -XO y Figure 8-, con algún detalle más barroco en sus
canciones.
Al lado de versiones como el “Thirteen” de Big Star
y primeras tomas de “Pretty Mary K” o “Miss Misery”, lo que realmente importa
son los textos, que seguramente tenían parte de la clave de lo que estaba por
venir. En “High Times” reconoce que “no voy a donde se supone que debo ir, y
realmente no quiero ir a ningún sitio”; en “Go By” habla de una situación en la
que “vives dentro de tu cabeza asustado de cualquier pequeño ruido”; en “Riot
Coming” cuenta que “encontré a una chica en una plaza que me enseñó a matar mis
preocupaciones”; un poco como compendio de su forma de sentir, en “New Disaster”
inquiere: “Me pregunto qué es lo que buscas en mí, haciendo compañía a este
desastre”…
Lo mejor de este disco es que, a pesar de ser un
lanzamiento póstumo y con canciones que Smith dejó de lado en su momento,
encajan perfectamente con el resto de su discografía sin que nadie pueda
sentirse incómodo, como sucede habitualmente en este tipo de recuperaciones. Y,
probablemente, igual que le ha ocurrido posteriormente a Tim Buckley o Nick
Drake, Elliott Smith sea reivindicado durante décadas y con más fuerza incluso
que cuando vivía esa vida de la que parecía estar queriendo escapar.