Van Morrison, escucha -y mira- al león
Live At Montreux 1974 / 1980
(DVD, Eagle Vision)

Dicen que el
propio Van Morrison está detrás de este lanzamiento, que él mismo ha escogido
personalmente estos dos conciertos para lo que es su primer DVD en el mercado.
Puede ser; es más, resulta más creíble que, dado su carácter, en lugar de
decidirse por editar un DVD de su reciente gira, el león de Belfast haya optado
por recuperar dos viejos conciertos de la década de los 70 y, además, filmados
en un festival de jazz.
Da igual, porque lo que cuenta son los
conciertos. ¡Y qué conciertos! Dos actuaciones, de 1974 y 1980, en las que
encontramos al Van Morrison impredecible, al genio, al que huye de los lugares
comunes, al irreductible autor de parte del rock más personal de las últimas
cuatro décadas. Ahí está, en su elemento, disfrutándolo sin que se le note en
una sola mueca, y eso queda perfectamente recogido en cualquiera de los dos
conciertos.
Viajemos hasta 1974. Van Morrison acaba de
editar uno de los mejores discos en directo de todos los tiempos, It’s Too
Late To Stop Now, de 1973. Pues por increíble que parezca, el irlandés no
cuenta con banda de directo para los siguientes meses. Es más: cuando recuerda
que había firmado un contrato para una cita en el Festival de Montreux de 1974,
Morrison llama al organizador del mismo, Claude Nobs, y le pide que le monte una
banda. Tal cual.
Así es cómo tres músicos que nunca habían
colaborado con él acabaron siendo su banda para esta ocasión. El teclista Pete
Wingfield llegó a participar en esta actuación porque la banda de blues con la
que había ido al Festival tenía demasiados músicos y se encontró de repente sin
trabajo. Por su parte, la sección de ritmo formada por el bajista Jerome Rimson
y el batería Dallas Taylor fue contratada por su experiencia anterior con
distintos grupos y su disponibilidad en el momento justo en el que se les
necesitaba.
Van Morrison aprovechó la oportunidad para
dar un concierto y una pequeña gira después (en la que ya no estaría el batería
Dallas Taylor, sustituido por Peter Van Hooke) experimentando con un
acercamiento mayor al jazz que en anteriores ocasiones. Como su nuevo disco
Veedon Fleece estaba aún por publicarse, y dado que había grabado gran parte
de un disco llamado Mechanical Bliss que no tenía fecha de edición -y que
nunca llegaría a publicarse-, el irlandés optó por un repertorio sin concesiones
al público y con material nuevo, incluyendo canciones que sólo llegarían a
entrar en su discografía en 1998, como parte de su disco recopilatorio de
rarezas The Philosopher’s Stone.
Por lo tanto, aquel concierto filmado en 1974 tiene
un valor indiscutible: el del testimonio de una banda que se acababa de conocer
y que dio muy pocos conciertos como tal, el de un artista más escorado al jazz
que nunca y el de unas canciones que, en una buena parte, pocas veces se han
podido disfrutar en su interpretación.
El otro concierto que se presenta en este doble DVD
es otra cosa. Seis años más tarde, Van Morrison compareció en el Festival de
Montreux con una banda rodada en la que se encontraban, entre otros, dos de los
mejores músicos de los últimos tiempos: el saxofonista Pee Wee Ellis, habitual
en las grabaciones de James Brown, y el trompetista Mark Isham, conocido, sobre
todo, por sus colaboraciones y como autor de exitosas bandas sonoras.
En el repertorio, más amplio, incluyó algunas de las
canciones que formarían parte de su siguiente álbum, Common One, pero
entre las 15 canciones interpretadas hubo también lugar para alguno de los
momentos que el público más recordaba de su primera década grabando en
solitario: “Ballerina”, “And It Stoned Me”, “Moondance”, “Wild Night”, “Angelou”
o “Listen To The Lion”.
En ambos, un joven Van Morrison muestra como
entonces, en los primeros años de su trayectoria, se revelaba más espontáneo y
magnético sobre las tablas, mucho antes de los días de su comportamiento como
una diva y de sus discos de menor interés, cuando su soul celta, con efluvios de
pop, jazz, rock y rhythm & blues cimentó su leyenda. Eso sí: tanto antes como
ahora, su imperturbable presencia -¡no es posible atisbar ni una sonrisa!-
hablan de un hombre al que sólo mueve la música.