Tom Waits, el conflicto se casa con el drama

No podía ser de otro modo. Orphans:
Brawlers, Bawlers And Bastards, el nuevo disco triple de Tom Waits, se
convierte desde el primer minuto en un viaje musical espectacular, con parada en
casi todos los géneros de la canción tradicional norteamericana. Sus 56
canciones capturan todo el amplio espectro de los poderes chamaníacos de Waits
como vocalista, letrista literario, melodista romántico, arreglista innovador y
pionero de mundos sónicos.
Esta colección escrita y producida por
Waits y su mujer y colaboradora de muchos años Kathleen Brennan contiene 30
canciones nuevas, junto a rarezas y colaboraciones con diferentes artistas del
cine, la música y la literatura. La colección, compuesta y grabada en tres años,
se presenta agrupada en tres bloques: Brawlers (para simplificar, el blues),
Bawlers (las baladas) y Bastards (lo experimental). Blues, baladas, insectos,
asesinatos y locura. O, dicho en otras palabras, todo el menú completo.
Acompañando su edición, Tom Waits se ha prestado a
presentarlo en sus propias palabras, empezando por explicar cómo entiende él el
proceso de composición. “Cuando era joven pensaba que los compositores se
sentaban solos erguidos frente al piano en pequeñas habitaciones llenas de humo,
con una botella y un cenicero, y que todo lo que llegaba por la ventana se
transmitía a través de ellos y salía por el piano en forma de canción… Y de
alguna forma misteriosa eso es justamente lo que sucede”.
Nadie mejor que él debería saber qué es
Orphans. “No lo sé. Orphans es un chico de la calle conduciendo un
ataúd sobre un carro con grandes ruedas a través del Río Ohio, con ojos soldados
fuera de sus órbitas, y un tipo buscando esposa con un petardo encendido en su
oreja. Orphans tiene canciones para todas las ocasiones. Algunas fueron
compuestas en medio de la confusión y grabadas de noche en un coche en
movimiento; otras fueron escritas en habitaciones de hotel y grabadas en
Hollywood en medio de grandes fastos. Ahí es cuando el conflicto se casa con el
drama. De cualquier forma, éstas son las que sobrevivieron a la inundación y
fueron rescatadas de las ramas de los árboles después de que el agua se
retirase”.
Si definir el disco resulta complicado, al menos
podría comentarnos su intención. “Kathleen y yo quisimos que el disco fuese como
vaciar nuestros bolsillos sobre la mesa después de una velada jugando,
desvalijándolo todo y apostando a las vacas. Nos gustan las parejas extrañas
-así fue como nos juntamos-. Queríamos que Orphans fuese como un programa
de radio de onda corta en el que el pasado se secuencia con el futuro, compuesto
de cosas que encuentras en el suelo, en este mundo y en ningún mundo, o quizás
en el próximo mundo. Cualquier cosa que te puedas imaginar que sea que sea eso”.
Tampoco le ha importado en esta ocasión hablar de su
arma más poderosa, la voz. “En el centro de este disco está mi voz. He hecho lo
mejor que he podido para hacer ruidos explosivos, gritar, sollozar, susurrar,
gemir, jadear, resoplar, bramar, gimotear y seducir. Con mi voz puedo sonar como
una chica, el hombre del boogie, un Theremin, un bombón de licor, un payaso, un
doctor, un asesino… Puedo ser tribal. Irónico. O mostrarme trastornado. Mi voz
es realmente mi instrumento”.

Aun así, no debe ser fácil saber para su
protagonista y responsable cuándo un álbum está acabado y se puede pasar página.
“Si un disco funciona, debería hacerse como una muñeca casera con oropel en
lugar de cabello y conchas en lugar de orejas, llenas de caramelos y dinero. O
como un buen monedero de mujer con una navaja suiza y un botiquín para
mordeduras de serpiente”.
El triple álbum, compuesto por
canciones nuevas y alguna recuperada, ha ido tomando forma poco a poco. “Juntar
todo este material fue como perseguir gallinas por la playa. No se trata de
buscar en el baúl y mirar qué necesitas. La mayor parte estaba perdida o
enterrada bajo la casa. Algunas de las cintas las conseguí tras pagar un rescate
a un fontanero en Rusia”.
Waits lo explica de acuerdo con su peculiar forma de
entender las cosas. “Caes en la tinaja. Empezamos a escribir para salir de ella.
Después escuchas y escoges y escribes en respuesta a lo que escuchas. Y grabas
más. Y después te muerde una araña, vas al nido de la ardilla y haces un disco
completamente diferente. Ése fue el proceso durante gran parte de los últimos
tres años”.
No todo fue producto del azar, sino que hay
nombres y apellidos con una intervención decisiva. “Más tarde conocimos a Kart
Derfler, un ingeniero mágico que trabaja en unos estudios en la parte de ciencia
ficción de la ciudad. Como médico del campo de batalla, hizo un trabajo digno de
Lázaro con algunas canciones y también nos grabó todo el material nuevo”.
Más que nunca, el resultado toca muchos
palos y muchos temas. “En Orphans hay un mambo sobre un convicto que se
escapa de la cárcel con una espina de pez, un gospel de trenes sobre Charlie
Whitman y John Wilkes Boothe, un blues del delta sobre un vecino inquietante,
una pieza hablada sobre una mujer a la que alcanzó un rayo, un madrigal escocés
del siglo XVIII sobre la rivalidad mortal entre unos hermanos, un a capella
americano del campo sobre un ahorcado… También hay una canción de Jack Kerouac y
un espiritual con mi propia petición en forma de oración al Señor. Hay incluso
una tonada sobre un viejo monaguillo y un rockabilly sobre un joven que suplica
que se le mienta”.
Y, aunque parezca increíble, Waits se
preocupa por lo que pensarán los demás, aunque no sin dejar caer algo de ironía
sobre lo que se espera de él. “Creo que aquí vais a encontrar más partes
cantadas y más para bailar de lo habitual. Pero espero que los fans que buscan
más gruñidos, más trinos, más ladridos, más chirridos, tampoco se sientan
decepcionados”.