Ha tardado lo suyo, pero Esto que tienes delante está, por fin, delante. Presente, factible, disponible… O sea, que el debut de Elodio y los Seres Queridos, uno de los mejores y más atemporales discos hechos en Galicia, tras la espera de más de un año, ya puede -y debe- ser saboreado por todo el mundo.
77;
More Songs About Buildings And Food; Fear Of Music; Remain In
Light; y Speaking In Tongues
(Todos
reeditados en formato doble por Rhino-Warner)
En la reciente recuperación del pasado post-punk, algunos han pasado de
puntillas por el legado de Talking Heads. Puede que quede mejor mostrar la
dirección que lleva a grupos menos conocidos o, simplemente, que Talking
Heads -en especial la interacción entre David Byrne y el productor Brian Eno-
fueron tan especiales que no dejaron detrás una huella fácilmente
reproducible. Intentos ha habido, y desde luego que Clap Your Hands Say Yeah,
Arcade Fire, Franz Ferdinand o Modest Mouse les deberían estar pagando una
parte de sus derechos de autor.
Tal y como prueba la reciente reedición de sus
primeros cinco discos -completados ahora con unas mezclas renovadas que
consiguen que nos maravillemos aun más ante su sonido, además de extras,
versiones, videos y grabaciones en directo que en ningún caso superan a las
canciones que componían los álbumes originales-, aquellos discos se
encuentran allá arriba, inalcanzables, como una de las cimas creativas más
memorables de la historia del rock.
Al contrario que muchos de sus contemporáneos de
la nueva ola, Talking Heads asumieron desde sus inicios la pulsión de la
música negra, distanciándose, por lo tanto, de la carrera extenuante hacia
ella en la que se convirtió la trayectoria de una parte de los grupos que se
encuadraron en el post-punk. El pulso, que no el ritmo, y las texturas
creadas por la banda -sobre todo, aunque no exclusivamente, con Brian Eno-
proporcionaban una música sensual que funcionaba perfectamente como
contrapartida a los neuróticos recitados de David Byrne. Por otro lado, sus
frías yuxtaposiciones de sonidos y su forma de componer inspirada en la
arquitectura reforzaban la fascinación de Byrne por lo que subyace bajo la
ética del trabajo de la sociedad protestante americana y la psique
desquiciada de sus personajes.
Esta impredecible conjunción de arte, ambición y
nervio estaba ahí desde el primer single, “Love-Building On Fire”, que se
incluyó en su debut, Talking Heads (1977). Tal vez por eso el disco,
a pesar del relativo éxito de “Psycho Killer” -aquí también recogida en
versión acústica- no llegó a ser entendido por un público que estaba más
interesado en la explosión del punk de grupos como los Ramones, quienes
compartían las tablas de escenarios como el CGBG con los Talking Heads.
En él están las claves del funk minimal que
cimentaría su reputación e influencia: la forma nerviosa de cantar las
letras inconexas por parte de Byrne; las rupturas y las alteraciones
imprevistas de ritmos cruzadas gracias al teclado de Jerry Harrison; la
guitarra fluctuante de Byrne acompañando con impaciencia las secuencias y el
resonar funk del bajo de Tyna Weymouth; y la batería ajustada de Chris
Frantz determinando el dinamismo de la banda.
En su segundo álbum, More Songs About
Buildings And Food (1978), los trillones de ideas que encerraba sólo se
logran atisbar tras repetidas escuchas, agazapadas tras la extraordinaria
producción de Brian Eno, en lo que sería su primera colaboración. Los logros
más relevantes aparecen en “Found A Job” o “The Good Thing”, al lograr
combinar el funk sudoroso de James Brown con los riffs de guitarras de The
Velvet Underground.
Con Fear Of Music (1979) se cerraría una
etapa que les dejaba en un callejón sin salida, al haber forzado hasta el
límite sus propias convenciones. Su cuarteto de canciones inicial (“I Zimbra”,
“Mind”, “Cities” y “Life During Wartime”) puede considerarse como lo mejor
que el grupo grabase nunca. “I Zimbra”, el corte que lo abre, marcaba la
alianza entre la polirritmia africana y la poesía dadaísta. “Heaven” sería
su momento más pop hasta entonces y “Drugs” un ensayo modernista a través de
universos psicodélicos nunca explorados antes por el cuarteto.
Su cumbre, sin duda, llegaría en 1980. Remain
In Light es hoy, todavía, un objeto único, como si hubiese llegado de
parajes desconocidos y nadie aún los hubiese tocado. Los elementos
entrevistos en “I Zimbra” se desarrollan ahora en toda su extensión, con
alusiones al afro-funk de Fela Kuti y a las experiencias ensayadas por el
alemán Holger Czukay (componente de los alemanes Can). Todavía hoy parece un
disco sin ascendencia ni descendencia, del que resultaba un primitivismo
contemporáneo, hipnótico, complementado por la espiritualidad vacía de las
letras que evocaban una sociedad moderna sin orientación.
Como no podía ser de otra manera, Speaking In
Tongues (1983), editado tras experiencias en solitario de cada uno de
los cuatro componentes del grupo, no pudo mantener el nivel, pero no se
trata para nada de un álbum fallido, sino del disco que muchos grupos
siempre han querido grabar por tratar de conjugar los elementos básicos del
sonido de un grupo con una mayor accesibilidad. Aquí está el funk blanco más
disciplinado, tal y como era exprimido en la Europa del post-punk.
Sería el primero de sus discos retocado en el
estudio una y otra vez, y se convertiría en el primero de sus éxitos, con
“Burning Down The House” como su canción emblema y “This Must Be The Place (Naive
Melody)” convertida en la más embrujadora de sus canciones, una melodía para
perderse dentro. Aquí David Byrne dirigía ya su atención hacia los
sentimientos comunes de la gente común, sacrificando la tensión y el absurdo
que lo había caracterizado en el pasado. Nada que echase por tierra años de
aventuras, pero sí el puente entre una primera etapa irrepetible y la
llegada de una nueva era de mayor relevancia pública y una contenida
creatividad.