Tras muchos años componiendo y participando en distintos grupos, hace tres años apareció el primer disco de Quique Muruáis, Todas las naves espaciales son de plástico, que pasó de la autoedición a tener una mayor repercusión en todo el Estado. Ahora regresa con Piedras y confetis esperando que de nuevo funcione el boca-oreja.
Uno de los mejores
piropos que se le pueden echar a Morrissey es que es todo un animal de
escenario, un showman que mantiene la atención de su entregada audiencia
durante todo un concierto. Si lo logra, se debe en gran parte a que se
atreve a mostrarse tal y como es, sin tapujos. Así, por una parte nos
encontramos con un ser arrogante, enteramente convencido de su propia
personalidad, pero al mismo tiempo vulnerable -aunque menos en los últimos
tiempos-, conocedor de que eso es lo que consigue la empatía con sus
seguidores y que haya, también, una parte del público que puede hacer de él
un blanco fácil de sus críticas.
En concierto,
Morrissey es el rey del escenario, el centro de atención, tanto que muy
pocas veces los focos se centran en sus músicos, sin que en ningún momento
se digne siquiera a presentarlos. Y, aunque así parecen simples comparsas en
la representación acaparadora de una única persona, conviene recordar que le
ayudan a dar forma a sus canciones, alguno de ellos con una participación
bastante relevante, por lo que no debería ningunearlos de esa forma.
Lo dicho: tan
arrogante como vulnerable. Y eso se pudo ver una vez mas en Ámsterdam, más
en sus palabras que en su presencia en escena. Entre otras, Morrissey dejó
caer las siguientes 'perlas': “Es primavera, así que canto en
Ámsterdam con estos dos labios” -o "con estos tulipanes", según se entendiera en inglés
tulips o two lips-; “La sala está llena, por lo que debe estar
lloviendo fuera”; “Éste es mi primer concierto en Ámsterdam, debido a la
demanda popular”; “Ya no soy tan delgado como era... ¡pero vosotros
tampoco!”.
En lo musical,
Morrissey se debate también entre dos extremos. Por un lado, las canciones
de los Smiths, que son, no nos engañemos, las que le han traído hasta aquí;
de hecho es difícil encontrar a alguien que prefiera su trayectoria en
solitario a la de su primer y único grupo, The Smiths, por no decir
imposible. En el concierto de Ámsterdam
sonaron tres temas de aquellos años dorados de su historia: “Girlfriend In A
Coma”, “Still Ill” y un rácano bis con “Last Night I Dreamt That Somebody
Loved Me” (lo que parecía mostrar que no se encontraba especialmente
motivado ante la fría audiencia holandesa), temas que le deben gran parte de su encanto a las guitarras
cristalinas de Johnny Marr. Su guitarrista de ahora no puede hacer más que
intentar reproducir aquel sonido. Por supuesto que hubo una cuarta canción de The Smiths, “How Soon Is Now?”, distinta al resto, aunque ésta ya marcaba la
diferencia en su momento respecto a las otras, y hoy sigue sonando igual de
especial y vigente, como uno de los momentos álgidos de sus actuaciones.
Una buena parte de su
repertorio actual está más cerca en su tratamiento rabioso y eléctrico de
los New York Dolls que tanto le marcaron en su adolescencia, algo que hace
20 años resultaba totalmente impensable en el sonido del grupo que le
encumbró. Dentro de estas coordenadas sonaron los singles de sus dos últimos
álbumes y la cara B “My Life Is A Succession Of People Saying Goodbye”, al
tiempo que recuperó “Trouble Loves Me” (de Maladjusted) y Reader Meet
Author (de Southpaw Grammar), que presentó como “del álbum que no le
gusta a nadie, por eso la toco”. “Life Is A Pigsty”, de su último álbum
Ringleader Of The Tormentors (del que interpretó siete temas, con lo que
el repertorio se resintió), fue la
gran revelación de la noche, superando en mucho a su versión en disco y
convirtiéndose en la espina dorsal que sustenta todo el concierto. Vamos, su
nuevo “How Soon Is Now?”
Como curiosidad, Morrissey
interpretó en esta ocasión una versión de Magazine, “Song From Under The
Floorboard”, aunque la presentó, con su peculiar sentido del humor, como una
canción de Mouth & McNeal (los representantes holandeses en el Festival de
Eurovisión de 1974). Su teclista Michael Farrel también quiso hacer su
chiste privado al arrancarse con los primeros compases de “Hocus Pocus” de
Focus, pero nadie le prestó la más mínima atención. Al igual que quien le
paga, todos sus seguidores sólo tenían la atención centrada en aquel
personaje que los focos perseguían sin descanso, un Morrissey que se siente
autosuficiente para llenar hora y media de concierto, algo de lo que a nadie
le queda la menor duda.