ARTÍCULOS 1998
Sonic Youth,
absorbentes

La propia Kim Gordon lo
dice en "The Infeffable Me": "Traductor, no me puedes coger, estoy liberada
frente a la sintaxis / preconcivo pre-naturalmente / No invierto en lo que
es mejor. Ven e inténtalo si crees que eres lo suficientemente
vanguardista." O sea, la respuesta perfecta a todos los ilustres
trabajadores de la guitarra eléctrica que intentan desbrozar el camino como
ellos lo han hecho. Nadie, todavía, ha empujando la música de guitarras tan
lejos y con tal efectividad como Sonic Youth.
En A Thousand Leaves,
Sonic Youth vuelven a estirar el sobre, le prenden fuego, y después pegan
las piezas una a una de forma totalmente novedosa y asquerosamente
inteligente. Tal vez únicos, para ser una banda tan veterana parecen no
estar avergonzados de ninguna etapa de su carrera, así que éste, su disco
número 14, puede absorber rastros de su pasado glorioso y transformarlo
en música de constante progresión.
Para más pistas, A
Thousand Leaves es un desarrollo directo de aquellos cortes
cerebralmente desmadrados que componían los tres EPs de instrumentales que
editaron en su propio sello durante 1997. Cuando menos, ayudan a explicar la
verdadera naturaleza de la banda más allá de las ofuscaciones de la fama.

Tal y como prueban aquellos
tres EPs y este nuevo disco, así como toda su ejemplar carrera, Sonic Youth
son la definitiva banda a la hora de improvisar, músicos increíblemente
intuitivos que entienden el poder de la mayor dicotomía en el mundo del
rock: la del rigor academicista y la espontaneidad del punk, ambas
precisas e igualmente fracturadas.
Las notas que acompañan
esta edición sugieren que estas largas y enmarañadas canciones fueron
grabadas inmediatamente después de ser escritas, en un momento de su
desarrollo bastante anterior a aquel en el que normalmente se traslada a la
cinta magnética. Y no lo parece: a pesar de que casi todas las canciones
superan los cinco minutos, y algunas llegan hasta los diez, no sobra una
sola nota, y cada estruendo y cada susurro tiene su razón de ser.
La brillante "Wildflower
Soul", por ejemplo, empieza con Thurston Moore recitando despreocupadamente,
antes de embarcarse en una serie de envolventes pasajes, una de esas
extrañas ocasiones en las que el virtuosismo extremo produce algo totalmente
absorbente y adictivo en lugar de mostrarse egoísta y obsesionado consigo
mismo. Los propios Sonic Youth no consiguen todos los días algo similar. ¿Su
disco de baladas? Ríete de las definiciones.