Con 17 años, Aid es, junto a Wöyza, la rapera de referencia en Galicia, afición que comenzó a los 14 años al grabar su primera maqueta. Además de escribir poesía y grabar canciones sin parar, Aid ya tiene un primer disco de 7 canciones, Aquí tenéis, hace un programa de radio en el que apoya, sobre todo, el rap en gallego. También forma parte de Licor Kafé, un proyecto musical que comparte con 040 (Solemne & Zentinela), Wöyza y El Puto Coke en la producción. En marzo aparece un recopilatorio de este proyecto.
La estela de los
Rolling Stones nos ha visitado. En los últimos tiempos se les ha podido
seguir la pista hasta la extenuación por todos los medios. Despiste de
unos, necesidad de conectar con un público adulto -y otro no tanto- y,
sobre todo, de rellenar espacios en blanco con temas del interés
mayoritario - a base de tópicos manidos-. ¿Se lo merecen realmente? ¿Por
qué tanta atención a cuatro músicos que cobran las entradas de sus
conciertos a más de 7000 pesetas a pesar de ser multimillonarios?
A la hora de redactar
estas líneas corren rumores de una inminente cancelación de sus próximas
actuaciones estatales del mes de julio. Semanas antes, a mediados de
junio, habían decidido suspender su actuación en Bilbao debido a un
problema en la garganta, nunca justificado, de Mick Jagger.
Curiosamente, dos años antes, la banda que más despotricó en su día
contra los venerados cincuentones británicos, los Sex Pistols, hicieron
lo propio en su reaparición fantasma en España.
Tampoco necesita este
comentario esperar a que se celebren sus actuaciones para ser escrito,
ya que de antemano nos sabemos con todo lujo de detalles lo que
ofrecerán, de dejarse caer por aquí al final. Para algo tienen a todos
los medios a su disposición.
Nunca ha quedado lo
suficientemente claro la razón de sus intermitentes giras. Está claro
que la económica es la que tiene mayor peso, a pesar de las evidentes
diferencias personales y artísticas entre sus dos líderes, pero no lo es
menos que se mantiene vivo el interés en ver a la banda en directo,
interés que hoy en día, a nivel de estadio, sólo consiguen U 2 y Oasis,
dos bandas nacidas en los 80 y los 90 respectivamente.
En cualquier caso, Mick
Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts -una vez que Bill
Wyman se ha alejado definitivamente del grupo- hacen frente común cada
vez que se les ofrece la posibilidad de repetir el número, siempre con
el patrocinio de alguna empresa que ayude a mejorar la cuenta de
resultados. En estas aventuras Ronnie Wood juega siempre el papel de
gregario de lujo y Charlie Watts, el viejecito canoso que se parapeta
detrás de su batería como pidiendo perdón, no deja de marcar las
distancias con el monstruo en el que se ha convertido la banda,
declarando sin rubor su único interés por el jazz.
La excusa para esta
nueva gira, que ya lleva hechas más de 30 paradas en distintas ciudades
de Norteamérica y que también ha sufrido diversas cancelaciones en
Europa, es presentar su disco Bridges To Babylon, un álbum en el
que, a instancias de Mick Jagger, intentan acercarse tímidamente a los
sonidos más actuales. En cualquier caso, la mano de Keith Richards acabó
imponiéndose y los cinco millones de discos que llevan despachados
apuntan a que aún tienen un público fiel.
La insistencia de los
Stones en seguir haciendo discos notables viene impulsada, a la vez, por
lo que parecen ser talentos diferentes, o sea el instintivo sentido para
la música de Keith y el estudiado dominio del mercado de Mick. Si éste
no estuviera ahí para actualizar la imagen del grupo e inyectar una
dosis de contemporaneidad al sucio blues-rock cada poco, Keith
podría haber acabado tocando el mismo riff una y otra vez.
Incluso a veces lo parece pero, ¿qué importa si lo hace realmente bien?
Y si Keith no estuviera ahí para mantenerse fiel a la base de Chuck
Berry, Muddy Waters y sus antecesores en el reino del blues, Mick
estaría seguramente saltando de un estilo a otro con resultados más que
discretos. Y no hay más que ver sus discos en solitario.
Lo más curioso de
Bridges To Babylon es que, aunque Mick convenció a Keith y a su
productor ejecutivo Don Was para traer a productores de sonido mucho más
actual, como The Dust Brothers, Babyface -colaboración que no llegó a
entrar en el disco- o Danny Saber -más conocido por su trabajo con Black
Grape-, el resultado es puro Rolling Stones.
Al final poco ha llegado
del sonido moderno al disco: un sampler poco representativo de Biz
Markie al final del single "Anybody Seen My Baby" -melodía robada del "Constant
Craving" de k d Lang y no muy lejana tampoco de su "Beast Of Burden"-, unos
sintetizadores en "Might As Well Get Juiced", que demuestran que los Stones
nunca pudieron entender los teclados, y el trabajo de Danny Saber en "Gunface",
escondiendo bajo la producción una melodía que no debía ser ya demasiado
buena en su origen.
Por lo tanto, la esencia de
los Stones permanece inalterable en nueve de los trece cortes del álbum. Por
ejemplo, "Low Down", empujada por la fuerza elemental del riff de
guitarra de cinco cuerdas de Keith y la efectiva percusión de Charlie Watts
-no hay máquina que lo pueda hacer tan simple como el viejo Charlie-. O "Already
Over Me", la clásica balada con piano y guitarra acústica en la que Mick se
muestra insuperable, recordando a "You Can't Always Get What You Want".
Algunas canciones como
"Saint Of Me" sugieren que lo que tienen los Stones no es tanto un
nostálgico lazo con el pasado como un código o un idioma semi-secreto para
construir sus discos. Algunos lo llaman experiencia y otros sabiduría. Tal
vez la próxima vez, que seguro que la habrá, los Stones sean lo
suficientemente valientes como para retomarlo donde "How Can I Stop" lo deja
y preocuparse un poco menos de sonar actuales y sí un poco más por sonar
atemporales. Al menos esta vez, la excusa para darse una nueva vuelta por el
mundo tiene algo de enjundia.