Primal Scream, alta
velocidad

Tres años después del
rock'n'roll revivalista de Give Out But Don't Give Up nos llega una nueva
reencarnación -más aseada, alocada y actualizada- de Primal Scream con
Vanishing Point y su secuela Echo Dek.
Inspirada por la chiflada e
inútil película del mismo título -aquí traducida como Punto límite cero-,
la mayor parte de la música que encierra evoca movimiento y los espacios
abiertos de carreteras sin fin: algo así como la sensación de ver cómo el mundo
continúa, mientras uno permanece encerrado en su coche deportivo a todo trapo,
desorientado y desarraigado.
El propósito y el momento de
muchas de estas canciones es palpable: una evidente y precisa determinación de
mezclar muchas de las influencias de Bobby Gilliespie para convertirlas en algo
nuevo. Así lo definía él mismo: "Un disco de rock'n'roll-dub psicodélico
con toda la energía del punk", al tiempo que aseguraba que ahora Primal
Scream era una banda experimental, más que un grupo en la línea clásica de las
formaciones del rock. Y de ahí la presencia de las leyendas del soul The
Memphis Horns, el padre del dub Augustus Pablo y uno de los perdedores
del punk y de la explosión de los Sex Pistols, Glen Matlock, todos ellos
sacados de su contexto y puestos al servicio de pasajes sonoros más espaciosos,
extraños y en su mayor parte muy logrados.

A bote pronto podemos decir que
Primal Scream han vuelto al ambiente de la música dance, a los
territorios de su hito Screamadelica. Pero han retornado con nuevas
experiencias, técnicas, amigos distintos, sus egos maltrechos y, lo más
importante, después de haber conocido el fracaso -crítico, al menos, con su
anterior disco de pastiches a lo Rolling Stones-.
Aún nadie ha conseguido igualar
el documento sonoro que relata perfectamente la experiencia del Éxtasis -el
primer subidón, la euforia sostenida, el consecuente bajón- en lo que ha sido
una de las cimas de los 90, aquel Screamadelica. Por el contrario,
Vanishing Point es su hermano bastardo: confuso, calmado, fuera de control,
estático, espasmódico, maduro...
Así que cuando se notan más
sus influencias de música de baile -como en la maravillosa y extraña "Kowalski"-
el ambiente es mucho más oscuro, incómodo, agresivo y de funk sucio, algo
en la onda del techno a lo Chemical Brothers que domina el mundo ahora, o lo que
sería la experiencia del Éxtasis hoy: mucho más imprevisible. Y esas
experiencias tienen su contrapartida con Echo Dek, otra vuelta de tuerca
dub en la experimentación de estos adelantados del rock.