Patti Smith, rebeldía adulta

Parece como si detrás de lo que
se conoce como música independiente o alternativa hubiera siempre
una cabeza responsable intentando que las melodías enganchen y que las letras
sean universales. Todos lo sabemos, pero preferimos ignorarlo para colocarnos en
una altura superior al resto de los que consumen músicas mayoritarias,
como si todos estos artistas fueran más selectos. Pero, ¿cuánto hay en
ello de la auténtica independencia?
Al escuchar el nuevo disco de
Patti Smith, Peace And Noise, uno se da cuenta de lo lejos que están de
ser verdadera alternativa la música alternativa. Patti Smith preserva
intactas sus raíces punk del háztelo-tú-mismo y, sin pretenderlo
intencionadamente, consigue poner en evidencia a todos los demás. Bien, está en
un sello de los grandes (Arista-BMG) y su música no es estrictamente punk,
pero su forma de enfrentarse a ella sí. No hay efectos especiales en su sonido.
Parece como si acabase de tener un mal día y hubiera salido de su garaje para
demostrárselo al mundo con guitarras.
Hay en estas canciones un
sonido atemporal, lo que nos reconcilia con el rock'n'roll directo y de
golpe bajo que nunca quisimos perder. La mayoría de músicos de la generación de
Patti que todavía graban se unen a productores y DJs más jóvenes y de moda
buscando acceder a otro público. Pero los adolescentes escapan de ellos como la
peste. Probablemente tampoco corran detrás de Patti Smith, pero deberían: ella
es la primera dama del punk, la que abrió el camino para Courtney Love, P
J Harvey, Chrissie Hynde, Ani Di Franco... y hasta puede que para las Spice
Girls.

Es difícil engancharse a la
primera con Peace And Noise. La voz de Patti suena sobrecogedoramente
baja y, a diferencia del grueso de la producción alternativa, los
arreglos son escasos y casi desagradables. No hay trucos y el material es
deprimente, pero es difícil volverle la espalda. El disco homenajea a William S.
Burroughs y tiene una canción que habla de la reunión de los vivos y los
muertos, "Waiting Underground". "Last Call", con las sectas y los suicidios
colectivos como referencia, es su emblema. Su protagonista se calza, termina su
copa y se tumba a esperar la muerte. La voz de Michael Stipe al fondo, combinada
con la de Patti, dejan un leve halo de belleza sobre la cruda realidad de un
suicidio en masa.
Escribir de algo así no es
fácil: para la mayoría de los grupos la importancia del cantante acaba por tener
más peso que aquello de lo que hablan. Pero Patti Smith ha forjado su carrera a
base de poner conciencia social poética a su música. Y eso es un gesto que
siempre hemos agradecido y que casi habíamos olvidado, frente a la rutina de lo
alternativo que nos rodea.