Stina Nordenstam,
¿fragilidad
sueca?

Que si los Cardigans, que si
los Wannadies... Puede que, además de las bandas que hace un lustro atacaban el
rock a ritmo de garage, pudiésemos acabar pensando que en Suecia todos
tienen un especial gusto por la melodía pop. Stina Nordenstam también, pero lo
suyo es bastante más frágil.
Hace ahora tres años se editaba
Memories Of A Colour, el primer disco de la sueca morena que naciera hace
26 años en Estocolmo, en el que canciones como "He Watches Her From Behind" y "The
Return Of Alan Bean" consiguieron que sobresaliera entre sus compañeras de
generación. La siguiente primavera hizo brotar de nuevo su emotividad,
demostrando otra vez que las frías latitudes de Escandinavia no logran congelar
la sensibilidad, aunque lo persigan sin querer. And She Closed Her Eyes
fue un disco más intimista que su predecesor. Como en el anterior, los
acompañamientos eran básicos y sin bordados, con las voces en un segundo plano
adornando los temas.
Siempre canta sobre lo que hay
dentro de ella y cuando lo hace parece reunir el silencio a su alrededor, de
manera que resulta imposible no escuchar sus palabras. Cuando las cuerdas de su
guitarra dejan de sonar, ella simplemente continúa con su voz como si hubiera
acordes con agujeros en el medio. Placidez, sosiego, quietud, calma y apacible
son algunas de las palabras que acuden a la mente al escuchar esos dos discos.

Pero sólo hasta ahora. Mientras
sus dos discos anteriores eran cuestión de belleza y fragilidad atemporal,
Dynamite consigue que el secreto mejor guardado de Suecia se una a la
modernidad a través de una conseguida deformación disonante del trip-hop
de baja fidelidad. En lugar del acostumbrado telón de fondo, suave y acústico,
Stina Nordenstam ahora solloza desolada sobre campanitas de reloj, retorcidos
arreglos de jazz-hop y pinceladas de metal tocadas a media
velocidad por gnomos de alguna singular especie de árbol nórdico. Se trata de
una progresión valiente, pero también profundamente extraña.
La sueca solitaria se
enorgullece de su temblorosa voz de ángel traumatizado -pensemos en una Björk
cargada de ácido-, así que enfrentarla a los sonidos metálicos y ruidosos de "Under
Your Command" o "Mary Bell" es un juego que sólo funciona algunas veces. Aunque
el auténtico hallazgo es que el ropaje sónico que se ha buscado parece haber
hecho aflorar aún más su instinto innato para escribir melodías memorables. Una
gema imperfecta.